Ramiro Grau Morancho: «1 anuncio y volvemos. ¡Váyanse a hacer puñetas!»

Ramiro Grau Morancho: "1 anuncio y volvemos. ¡Váyanse a hacer puñetas!"

No sé si vivo en el despacho, o mi casa es mi despacho.

Lo cierto es que paso muchas horas leyendo, estudiando, etc., y de vez en cuando hago un descanso, sobre todo visual, por estar tanto con la pantalla del ordenador, y enciendo la televisión, para descansar un poco, tumbando en la butaca.

Y, la verdad, una de las cadenas más vistas, lleva un tiempo tratándonos como a subnormales profundos, poniendo publicidad en mitad de cualquier información… ¡con lo cual te obligan a verla, sobre todo si te interesa lo  que están contando!

Me parece un auténtico abuso, que debería estar prohibido.

Es el equivalente a que cuando estés leyendo un libro, te pongan publicidad en el texto, y solo si la ves, puedas pasar al  siguiente capítulo…

¿A qué merluzo del marketing se le ha ocurrido tan funesta invasión de nuestros ratos de ocio o de “preparación” para aumentar nuestra idiocia…?

Está demostrado que a mayor número de horas de televisión, más tontos salen los niños, pero creo que ese fenómeno es también extensivo a las personas adultas.

Yo, por de pronto, ya he dejado de ver ese canal, y les aconsejo que hagan lo mismo.

Seguro que si baja notablemente su audiencia, se lo pensarán dos veces, antes de seguir abusando de sus usuarios.

No solo tenemos que aguantar a presentadoras recauchutadas, cada año más jóvenes, mientras nosotros envejecemos, irremediablemente, y a manadas de pedorras y tontolabas, licenciados por la universidad de la mamandurria, diciendo gansadas sin compasión, y normalizando la homosexualidad, el  lesbianismo, las drogas, el  régimen comunista sanchista, etc., (¡y no sé qué es peor!), sino que encima nos obligan a ver los anuncios, que tan buenos dineros les dan.

Hace años, creo recordar, había alguna norma, legal  o reglamentaria, que exigía que solo pudieran dedicarse diez minutos cada hora de emisión a publicidad…

Hecha la ley, hecha la trampa: si la  programación duraba muchas horas,  los anuncios se concentraban cuando había más audiencia, películas, etc., de forma que a veces hasta dudas de que estás viendo, si una sucesión ininterrumpida de publicidad, o algo con más enjundia, aunque sea escasa.

Ya sé que hay personas que no tienen televisión, o pasan directamente de encenderla, y no me parece mala idea, pero también hay que llenar las horas del día,  ¡y todo no va a ser filosofar!

Que la vida es breve, pero no tanto, sobre todo para los que ya peinamos canas… A Dios gracias.

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Autor

Ramiro Grau Morancho

Académico, jurista y escritor

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