Benevolencia

Por qué Dios permite el dolor en el mundo

No pretendo ser una excepción

Dolor, sufrimiento, vida
Dolor, sufrimiento, vida. PD

La existencia del dolor en un mundo manifiestamente cruel, es uno de los argumentos que suelen esgrimir los ateos a la hora de negar la existencia de Dios. Lo cierto es que ha sido precisamente el cristianismo el que ha dado armas a los no creyentes a la hora de justificar sus descreídas tesis, y ello debido a que es precisamente en esta religión en donde se pregona a un Dios de Amor. Pues bien, este argumento empleado a la hora de negar la existencia de Dios, sería un despropósito en sí mismo, ya que lo único que aparentemente probaría, de una manera simplista, es que Dios no es bondadoso, pero no que no existe.

Personalmente, siempre he dicho que el único autor y responsable de la existencia del mal en el mundo, es el propio hombre, al hacer un mal uso del don del libre albedrío con el que Dios lo dotó al crearlo. El hecho que Dios permita el dolor y la injusticia, es, simplemente, porque Dios no es contradictorio; no es imperfecto. Así, Dios no puede crear al hombre dotado del don del libre albedrío, para luego estar interviniendo, cada vez que no le guste la utilización que hace el hombre de la libertad, que Él le concedió.

Hecho este preámbulo, voy a transmitir la respuesta que da el escritor británico C.S. Lewis, (un ateo redomado, que abandonó el cristianismo a la edad de quince años, para posteriormente tras un proceso de conversión volver a abrazar la fe cristiana a la edad de treinta), a la pregunta: ¿POR QUÉ PERMITE DIOS EL DOLOR Y EL MAL EN EL MUNDO?

La cuestión del dolor en el mundo fue la razón principal que convirtió al joven e idealista Lewis en ateo. Pues bien, tras su conversión, o -mejor dicho- reconversión, el pensador británico publicó un libro, ´EL PROBLEMA DEL DOLOR´, que vendría a dar respuesta a sus propias dudas sobre la existencia de un Dios de Amor que crea un mundo en donde campea a sus anchas la injusticia y el dolor. Así lo cuenta el propio C.S. Lewis, en su libro, centrándose en explicar la diferencia entre ´amor´, y ´benevolencia´:

«Hoy en día se entiende por bondad de Dios casi exclusivamente su cariño, y puede ser que estemos en lo cierto. Y, dentro de este contexto, la mayoría de nosotros entiende el amor como benevolencia, como el deseo de ver a otros felices; no felices de esta u otra manera, sino simplemente felices. Lo que nos dejaría realmente satisfechos, sería un Dios que dijera de todo aquello que nos gusta hacer: ´¿qué importa, con tal que estén contentos?´.

De hecho, deseamos no tanto un padre en los cielos, sino más bien un abuelito; una benevolencia senil a la que, como se dice, le ´guste ver a los jóvenes entretenerse´ y cuyo plan para el universo consistiera simplemente en que, al final de cada día, pudiera decirse, ´todos lo pasaron bien´. Admito que no muchas personas formularían una teología precisamente en esos términos, pero en el fondo de muchas mentes existe una idea no muy diferente a ésta.

No pretendo ser una excepción; me gustaría mucho vivir en un universo que estuviera gobernado en esos términos. Pero, dado que es suficientemente claro que no es así y como, sin embargo, tengo motivos suficientes para creer que Dios es amor, llego a la conclusión que mi idea del amor debe ser corregida.

Ciertamente podría haber aprendido, incluso de los poetas, que el amor es algo más severo y más espléndido que la mera benevolencia; que incluso el amor entre los dos sexos es, como se ve en Dante, ´un señor de aspecto terrible´.

En el amor hay bondad, pero amor y benevolencia no son términos equivalentes; y, el separar la benevolencia de los demás elementos del amor, implica una cierta indiferencia fundamental hacia el objeto, incluso algo así como el desprecio. La benevolencia está pronta a aceptar la remoción de su objeto; todos hemos conocido personas cuya benevolencia constantemente los lleva a matar animales para que no sufran.

A la benevolencia en sí, no le preocupa que su objeto se vuelva bueno o malo con tal que éste no sufra. Como señala la Sagrada Escritura, es a los bastardos a quienes no se corrige; los hijos legítimos, aquellos que han de continuar la tradición familiar, reciben castigo.

Sólo para aquellas personas que no nos importan mayormente, es que exigimos felicidad a cualquier precio; con nuestros amigos, nuestros enamorados, nuestros niños, somos exigentes, y preferiríamos verlos sufrir mucho, que verlos felices de un modo despreciable y enajenado.

Si Dios es amor, Él es, por definición, más que simple benevolencia. Y, según nos consta, a pesar de habernos reprendido y condenado con frecuencia, jamás nos ha mirado con desprecio. Dios nos ha hecho el intolerable cumplido de amarnos en el sentido más profundo, más trágico y más inexorable».

Aquí acaba el breve fragmento que del libro de Lewis he seleccionado. Tómenlo ustedes como un botón de muestra; nada más. El tema es complicado de por sí, y tan solo tras la lectura completa de ´EL PROBLEMA DEL DOLOR´, se puede criticar con fundamento la tesis del teólogo británico.

Hay una cuestión, sobre este mismo tema, que es el diferente tratamiento que dan las tres religiones monoteístas, a la hora de sacrificar animales para el consumo humano. Pero esa es otra película, que demuestra lo sufrida que puede llegar a ser la semántica.

NOTA: Las obras de C.S. Lewis han sido traducidas a más de 30 idiomas, y ha vendido millones de copias a través de los años. Tal vez el haber nacido y vivido en Irlanda del Norte, tierra de sangre, sea la explicación a su especial sensibilidad por la cuestión que, aquí, hoy nos ocupa.

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Autor

Antonio Gil-Terrón Puchades

Antonio Gil-Terrón Puchades (Valencia 1954), poeta, articulista, y ensayista. En la década de los 90 fue columnista de opinión del diario LEVANTE, el periódico LAS PROVINCIAS, y crítico literario de la revista NIGHT. En 1994 le fue concedido el 1º Premio Nacional de Prensa Escrita “Círculo Ahumada”. Ha sido presidente durante más de diez años de la emisora “Inter Valencia Radio 97.7 FM”, y del grupo multimedia de la revista Economía 3. Tiene publicados ocho libros, y ha colaborado en seis. Actualmente escribe en Periodista Digital.

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