A Planned Parenthood no le preocupa la salud de las mujeres. Le preocupa su nómina. No es una frase ingeniosa ni una exageración retórica: es la conclusión lógica cuando se analizan sus cifras, su comportamiento político y su resistencia casi histérica a cualquier reforma que ponga en riesgo el aborto como eje de su negocio.
Durante décadas, Planned Parenthood se ha presentado como una organización sanitaria integral, dedicada a la “salud sexual y reproductiva”. Sin embargo, cuando se examina con rigor su estructura financiera, sus prioridades reales y su reacción ante la posible pérdida de fondos públicos, el relato se derrumba. Lo que queda es una organización ideológica, profundamente dependiente del dinero estatal y absolutamente incapaz de sobrevivir sin la práctica sistemática del aborto.
Dice la policía que si seguimos el dinero nos encontramos al final con el asesino. En el año fiscal 2023, el llamado “sistema Planned Parenthood” (que incluye la central (PPFA), Planned Parenthood Global y las clínicas afiliadas) ingresó aproximadamente 2.054 millones de dólares. No se trata de una cifra menor ni de un presupuesto ajustado: estamos ante una de las mayores organizaciones “sin ánimo de lucro” del ámbito sanitario mundial. Si fuese “con ánimo de lucro”, excuso decirles…
De ese total, cerca de 700 millones de dólares proceden directamente de fondos públicos estatales y federales, principalmente a través de Medicaid y de programas sanitarios gestionados por los estados. Es decir, alrededor de un tercio de todos sus ingresos proviene del contribuyente estadounidense, incluidos millones de ciudadanos que rechazan frontalmente el aborto.
Planned Parenthood insiste en que ese dinero “no se utiliza para abortos”. La afirmación es formalmente cierta y materialmente engañosa. Medicaid financia la infraestructura: edificios, sueldos, personal sanitario, equipos, sistemas informáticos y logística. Esa misma infraestructura es la que practica abortos. Separar contablemente el acto final no cambia la realidad económica: sin dinero público, el sistema colapsa.
La prueba definitiva es su comportamiento. Planned Parenthood podría conservar gran parte de esa financiación si renunciara a practicar abortos, manteniendo servicios de anticoncepción, diagnóstico de ETS (Enfermedades de Transmisión Sexual), revisiones ginecológicas y educación sexual. No lo hace. Prefiere perder cientos de millones antes que abandonar el aborto. Eso demuestra que el aborto no es una prestación más, sino el núcleo del modelo. Se han agachado y se les ve el culo.
¿Y por que Planned Parenthood no ayuda a las madres con una verdadera Planificación familiar? Si Planned Parenthood fuese realmente una organización orientada a la salud y al bienestar de las mujeres, sería lógico encontrar programas sólidos de apoyo a la maternidad. Ayuda económica directa, acompañamiento durante el embarazo, apoyo psicológico para continuar con la gestación, redes de conciliación laboral o asistencia social para madres en situación de vulnerabilidad.
Nada de eso existe de forma relevante en Planned Parenthood. No hay partidas presupuestarias significativas dedicadas a ayudar a una mujer a tener a su hijo y seguir adelante con su vida. No es una prioridad estratégica ni financiera. El embarazo en dificultad no se aborda como un problema social que merece apoyo, sino como una “situación a resolver” mediante el aborto.
Si los cientos de millones de Medicaid se destinaran a apoyar a mujeres embarazadas en apuros, Planned Parenthood sería innecesaria, estarían muertos. Existen miles de centros de salud comunitarios capaces de ofrecer servicios ginecológicos sin eliminar al hijo. Ese escenario es el que Planned Parenthood teme: perder su monopolio ideológico y su posición privilegiada. Y de ahí su inmensísimo cabreo disfrazado de “derechos” y mucha “democracia”. Si los pobres bebés víctimas pudiesen hablar antes de que los desmembrasen y los tirasen a la basura, mandarían a freír espárragos a esos “derechos” y a esa “democracia”. Lamentablemente no pueden. Que no se preocupen, nosotros chillaremos por ellos. ¡Apartad vuestras manos asesinas de ellos ¡
El feminismo y el ensañamiento de los dirigentes de la nueva Eugenesia es tremendamente productivo y reconfortante. Eso sí, tienes que coger tu conciencia y tirarla por el inodoro. El discurso de Planned Parenthood habla constantemente de mujeres vulnerables, pero su estructura directiva vive muy lejos de esa vulnerabilidad. Según los formularios fiscales oficiales (Form 990, año fiscal 2023), los principales cargos ejecutivos perciben remuneraciones propias de grandes corporaciones.
La presidenta de la organización, Alexis McGill Johnson, supera los 900.000 dólares anuales sumando salario y beneficios. Otros altos directivos superan holgadamente el medio millón. Y esto corresponde solo a la cúpula nacional, sin contar directivos regionales, asesores y cuadros intermedios.
Cuando Planned Parenthood denuncia “ataques a los derechos”, en realidad está defendiendo esta estructura salarial y de poder. El aborto es el pegamento que mantiene unido el sistema. Sin aborto, la organización debería reconvertirse, adelgazar su estructura y perder influencia política. Por eso no está dispuesta a ceder ni un milímetro.
Planned Parenthood es la heredera directa de la eugenesia del siglo XX, adaptada al lenguaje del siglo XXI. Donde antes se hablaba de “vidas indignas de ser vividas”, hoy se habla de “derechos reproductivos”. El resultado es el mismo: la eliminación sistemática del más débil, justificada por criterios sociales, económicos o psicológicos.
No se trata de una comparación retórica. Es una continuidad ideológica. La selección de quién nace y quién no, basada en circunstancias externas, es la esencia de la eugenesia. Planned Parenthood no sólo no reniega de ese legado, sino que lo defiende con uñas y dientes porque su supervivencia depende de ello.
¿Y en España?
Ojalá España llegue algún día a una situación similar. Ojalá las administraciones públicas se atrevan a revisar la financiación del sistema abortista y a exigir transparencia, alternativas reales y apoyo efectivo a la maternidad. Aquí también se destinan millones de dinero público a estructuras que no ayudan a las mujeres y sí contribuyen a la pérdida de vidas humanas.
Mientras faltan recursos para cuidados paliativos, salud mental, dependencia o apoyo a familias, el aborto sigue recibiendo trato preferente. Planned Parenthood es el espejo en el que no deberíamos mirarnos, pero del que sí deberíamos aprender.
Planned Parenthood no defiende la salud. No defiende a las mujeres. Defiende un negocio ideológico sostenido con dinero público. Y cuando una organización necesita eliminar vidas humanas para justificar su existencia, el problema ya no es político ni sanitario: es profundamente moral.
VA SIENDO HORA DE QUE PLANNED PARENTHOOD DESAPAREZCA Y QUE EN ESPAÑA HAGAMOS LO MISMO CON LAS DATOR, EL BOSQUE. SERGINE MÉDICA, ISADORA, MÈDIC ARAGÓ, GINECOLÒGICA SANTS, ACUARIO VALENCIA, MEDITERRÁNEA MÉDICA, GINEALMERIA, GINELEVEL, DELTA MÉDICA MURCIA, ADÀLIA. ETC… (YA ESTÁN EN EL PUNTO DE MIRA).
