Los resultados electorales en Aragón ponen de relieve una vez más que del cuento de la buena pipa en nuestro país no sólo viven Caperucita roja, el lobo, los tres cerditos, garbancito, Blancanieves sindicoliberada y agárrate a la brocha que marcha la escalera, los pitufos de podemos y los siete puigdemones. No sólo diputados y senadores, partidos, asesores y demás familia, que algunos llevan más tiempo que Franco.
Son millones los que en España viven aplaudiéndose a sí mismos en los telediarios y tras siete ominosos años de sanchismo, con un censo de un millón, hay aún en Aragón 160.000 personas que siguen votando al PSOE, un 25%.
Ahora se cruzan negociaciones en Extremadura y Aragón con elecciones en Castilla y León y payasadas generales mientras los trenes no funcionan y las obras urgentes para reparar tanta catástrofe que debieran ponerse en marcha inmediatamente están paralizadas.
La barbaridad política de que no se hagan todas las elecciones el mismo día, generales y autonómicas, hace que sigamos enfangados tras unas nuevas elecciones que no han servido para nada salvo constatar, junto a esta evidencia, el error general.
El Error general es hacerle el juego al tirano y seguir llamando ultraderecha a la imperiosa necesidad de extraerle del poder igual que a la imperiosa necesidad de renovar y reorientar a un Pp que lleva cuarenta años esperando que caiga Sanchez como maduro.
Error general es llamar ultraderecha a «la nueva derecha», una tendencia que han propiciado en toda Europa los laboratorios de la izquierda y el wokismo sustituyendo a los trabajadores por colectivos de mucha gente, no importa la causa si son muchos, transgrediendo los valores de Occidente, ante la falta de crecimiento de Europa y una vieja derecha sin criterios obsesionada con esperar su oportunidad, sorda y ciega a los problemas de su tiempo, que teme ahora el surpasso que viene de su inacción de ayer y su incomprensión de hoy.
Error general es, en definitiva, considerar político un problema que en último término es ¡físico!. No sólo por la geopolítica, la emigración, el wokismo, el sanchismo, sino porque de sus excesos irrefrenables ha surgido una reacción natural ante los problemas que han creado entre la burocracia detenida de Bruselas y en España la tiranía sinsustancia de cuatro individuos salidos de un burdel en un Peugeot y el cobarde que huyó de Paiporta como huye de cualquier derrota electoral porque su conducta desde que llegó no es otra que la huida hacía delante.
Pero mientras termina de caerse el movimiento político consistente en un amo y unos siervos salidos de un club de alterne, la vieja derecha debe reconocer a la nueva porque algunos siguen en el error general de obviar que lo que está sucediendo es una ley física, una inercia y reacción ciudadana propiciada por el sanchismo, mientras continúan contándonos el cuento de la buena pipa con el lobo riendo como una hiena mientras Caperucita roja fusión se agarra a la brocha proponiendo una alianza porque marcha la escalera.
