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Dicen que lo que diferencia un trapo de una bandera, es que esta última ha sido bautizada con sangre, sudor y lágrimas.
Así pues, la bandera de la Unión Europea, hasta la fecha, no ha sido más que un trozo de tela, un trapo, y mucho tendrían que cambiar las cosas en esta, woke y tibia, Europa, para que algún día se pueda convertir en bandera, a pesar de los sueños húmedos de Von der Brujer, de montar con la vida de nuestros hijos, su propia mesnada.
Su propio ejército, y así alcanzar su fantasía, (vaya pesadilla), de ser la primera ´mariscala´; aun a riesgo que algún sindicalista disléxico, se la intente comer a la plancha.
Ahora bien, si las ínfulas belicistas de ´madame Pfizer´, llegasen a ´ramos de comisionar´, y si para el bautismo de su trapo, buscan voluntarios, conmigo que no cuenten, porque, un servidor, por esta Europa de logia y mandil, por esta Europa mercantilista, antipatria y anticristiana, un servidor no piensa derramar una sola gota de sangre, ni de sudor; ni de lágrimas.
Todo lo más, les doy lo que les quede en el rostro, tras esputarles en la cara.
Y ya pueden dar gracias.

