Boris Spassky, el décimo campeón del mundo de ajedrez, ha muerto a los 88 años.
La noticia la confirmó este 27 de febrero de 2025 la Federación Rusa de Ajedrez.
Con su fallecimiento, se despide una leyenda que marcó la historia de este deporte.
Spassky no solo brilló por su talento en el tablero, sino por protagonizar uno de los enfrentamientos más icónicos de todos los tiempos: la ‘Partida del Siglo’ contra Bobby Fischer en 1972, en plena Guerra Fría.
Su vida, llena de éxitos, derrotas y giros inesperados, lo convirtió en un referente eterno de esta disciplina.
Nacido en 1937 en Leningrado (hoy San Petersburgo), Spassky aprendió a jugar al ajedrez a los cinco años.
Fue en un orfanato, tras huir con su familia del asedio nazi durante la Segunda Guerra Mundial. Desde pequeño mostró un don especial.
A los 18 ya era Gran Maestro, un título que pocos alcanzan tan jóvenes. Su estilo versátil y su capacidad para adaptarse a cualquier rival lo llevaron a lo más alto. En 1969, tras derrotar a Tigran Petrosian, se coronó campeón mundial. Pero su reinado duró poco.
El duelo que paralizó al mundo
En 1972, Spassky se enfrentó a Bobby Fischer en Reikiavik, Islandia. No era solo un partido de ajedrez. Era un choque entre la Unión Soviética y Estados Unidos, con la Guerra Fría como telón de fondo. La prensa lo llamó ‘Partida del Siglo’. Fischer, un genio excéntrico, llegó exigiendo condiciones imposibles: más dinero, un tablero especial, incluso que cerraran la piscina del hotel para él solo. Spassky, en cambio, mostró calma y deportividad. Ganó las dos primeras partidas, pero Fischer remontó. Tras 21 juegos y 50 días de tensión, Spassky abandonó por teléfono en el movimiento 40 de la última partida. Perdió el título por 12,5 a 8,5.
Aquel duelo marcó su carrera. Para Moscú, fue una humillación: llevaba 24 años sin perder el cetro mundial. Pero Spassky lo vio diferente. “No imagináis lo aliviado que me sentí cuando Fischer me quitó el título. Me liberé de una carga pesada”, dijo años después. Su gesto al aplaudir a Fischer tras la sexta partida, una obra maestra del americano, mostró su grandeza como persona.
Una vida entre dos mundos
Tras la derrota, Spassky cayó en desgracia en la URSS. En 1976 se casó con una francesa de origen ruso, Marina Stcherbatcheff, y se mudó a Francia. Dos años después obtuvo la nacionalidad francesa. Representó a su nuevo país en tres Olimpiadas de Ajedrez (1984, 1986 y 1988). Durante los 90, era habitual verlo jugando en los Jardines de Luxemburgo en París. Pero su vida dio otro giro.
En 2010 sufrió un derrame cerebral que le dejó secuelas. En 2012, protagonizó un episodio digno de una novela de espías. Desapareció de París y reapareció en Moscú. Dijo que había escapado de un “arresto familiar” en Francia, ayudado por un misterioso “patrocinador”. “Tengo que empezar de cero, pero no tengo miedo”, afirmó entonces. Pasó sus últimos años en Rusia, más tranquilo, aunque con la salud frágil tras otro ataque cerebral en 2006.
Un legado que no se borra
Spassky no volvió a ser campeón mundial, pero su huella en el ajedrez es imborrable. En 1992 se enfrentó de nuevo a Fischer en una revancha no oficial en Yugoslavia. Perdió otra vez, pero el encuentro, en plena guerra de los Balcanes, mostró que su rivalidad seguía viva. Anatoli Kárpov, otro gigante del ajedrez, lo admiraba: “Era uno de mis ídolos, solo por detrás de Capablanca”.
La Federación Internacional de Ajedrez (FIDE) lo despidió como “uno de los jugadores más talentosos de su generación”. Andrei Filatov, presidente de la Federación Rusa, añadió: “Generaciones de ajedrecistas han estudiado sus partidas. Es una gran pérdida”. Spassky venció a casi todos los campeones mundiales de su era, desde Botvínnik hasta Kaspárov. Su estilo creativo y su carácter afable lo hicieron único.
Más allá del tablero
Spassky no escribió libros ni protagonizó películas, pero su vida inspiró obras. El duelo de 1972 aparece en documentales como Bobby Fischer Against the World (2011) y en libros como Cómo la vida imita al ajedrez de Garry Kaspárov. Su historia trasciende el ajedrez. Fue un símbolo de una época donde cada movimiento en el tablero tenía eco en la política mundial.
Con su muerte el 27 de febrero de 2025, el mundo pierde a una leyenda. Boris Spassky no solo jugó al ajedrez. Lo vivió. Y lo hizo con una elegancia que pocos igualaron.
Boris Spassky
- Niño prodigio: Aprendió ajedrez a los cinco años y a los 16 venció al campeón mundial Vasili Smyslov.
- Deportividad histórica: Aplaudió a Fischer tras perder la sexta partida en 1972, algo raro en un rival derrotado.
- Siete Olimpiadas con la URSS: Ganó 13 medallas y solo perdió una de sus 94 partidas.
- Doble nacionalidad: Vivió décadas en Francia y jugaba en los Jardines de Luxemburgo, donde era un habitual.
- Fuga misteriosa: En 2012 escapó de París a Moscú en circunstancias poco claras, hablando de un “patrocinador”.
- Humor y filosofía: Dijo que el genio ajedrecístico “nunca hace feliz a nadie” y soñó con ser conductor de niño.
- Récord precoz: Se convirtió en Gran Maestro a los 18, un logro excepcional en su época.
- Victorias legendarias: Usó el Gambito de Rey para vencer a Fischer y a Bronstein, dos partidas que aún se estudian.
Spassky no escribió libros, pero su vida inspiró trabajos como:
- Bobby Fischer Against the World (documental, 2011): Explora el duelo de 1972.
- Cómo la vida imita al ajedrez (libro de Garry Kaspárov, 2007): Analiza su estilo y personalidad.
- Partidas suyas en colecciones como My Great Predecessors (Kaspárov): Sus juegos son material de estudio clásico.

