ANALISIS

El Rock de la Cárcel: golpistas, chavistas, mangantes y oportunistas

El Rock de la Cárcel: golpistas, chavistas, mangantes y oportunistas
Indignidad: Pedro Sánchez (PSOE), Oriol Junqueras (ERC) y Pablo Iglesias (PODEMOS). EP

No nos cansaremos de insistir en la humillante anomalía que supone pactar el apoyo a los Presupuestos Generales del Estado en una cárcel (El golpista Junqueras manda a Pablo Iglesias que pase recado a Pedro Sánchez de que ya se puede ir ‘bajando los pantalones’).

Ya era anómalo otorgar a Podemos la condición de socio -con membrete propio junto al del Gobierno de España- y coautor de unas cuentas insostenibles, concebidas con groseros criterios electoralistas y desaprobadas expresamente por Bruselas (El pasteleo a tres bandas Sánchez-Iglesias-Junqueras es una infamia para la democracia española).

Más humillante aún es que la viabilidad presupuestaria de España dependa de Oriol Junqueras, responsable según los tribunales del golpe a la Constitución del otoño pasado ( Rapapolvo de Bruselas al Gobierno socialista por los Presupuestos del tandem Iglesias-Sánchez).

Pero ninguna de estas anomalías es un castigo divino, sino la consecuencia de la decisión de Pedro Sánchez de gobernar con los aliados de su moción de censura, cuyo deseo de demoler lo que llaman el «régimen del 78» era manifiesto (¿Qué te has fumado, Sostres? El de ABC culpa a Albert Rivera de la esperpéntica reunión entre Iglesias y Junqueras).

Puede que Iglesias sobreactúe para vender una influencia presente que las encuestas ya le niegan en el futuro, pero lo hace porque Sánchez se lo permite. Es más, porque a Sánchez le conviene (¡Otro marronazo que deja bizco al Gobierno de Sánchez! La visita de Iglesias a Junqueras en la cárcel fue irregular).

El líder de Podemos es el instrumento perfecto para el trabajo sucio, el emisario no reconocido de un Gobierno que no puede mendigar votos en la cárcel al separatismo preso sin manchar su fachada institucional.

Pero el propio Sánchez le agradeció su activismo; que le negara después la facultad de hablar en nombre del Gobierno parece un intento de guardar las apariencias.

A lo que estamos asistiendo no es solo a una operación para atraer el voto de ERC a los Presupuestos -que ERC lo niegue es parte de la mascarada-, sino a la preparación de una coalición poselectoral que le asegure a Sánchez cuatro años más en Moncloa al precio quizá de indultos vergonzantes a los golpistas.

No hará falta subrayar el nivel de degradación institucional y de riesgo territorial que semejante indignidad provocaría.

El consentimiento de Moncloa a la operación de Iglesias -que a la salida de la cárcel instó al Gobierno a «moverse»- divide al socialismo, pero solo Borrell ha desautorizado al líder de Podemos.

Otros se refugian en vaguedades y aluden a la condición de firmante del pacto del Iglesias, lo que le daría «derecho a explicárselo a quien considere oportuno», según fuentes del Ejecutivo. A esta clase de abusos nos referimos cuando insistimos en la falta de escrúpulos del sanchismo.

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