Hay que tener la cara de cemento armado, y eso es lo que le pasa a Óscar Puente, alcalde de Valladolid y socialista de los lamentables por excelencia.
Lo es tanto, que hasta Pedro Sánchez le tuvo que quitar la portavocía del partido a nivel nacional porque era un cuadro.
Pues bien, ahora a Puente, que tiene sus escandalitos tras de sí, se le ocurre cargar directamente contra el jefe de gabinete de Isabel Díaz Ayuso, el reconocidísimo en el PP Miguel Ángel Rodríguez, y no con un asunto de índole política sino insultándole con gravedad.
De modo que aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, Puente utilizó las declaraciones de Isabel Díaz Ayuso en contra del feminismo radical del Gobierno para faltar el respeto a Rodríguez mediante un miserable tuit. Fue en el congreso del PP madrileño donde la presidenta de la región expresó:
«Su forma de ver la vida propia de malcriadas que aspiran a llegar solas y borrachas desprovistas de responsabilidades ni siquiera ante sus peores decisiones, nos abochorna a la mayoría de las mujeres que trabajamos todos los días por tratar de sacar adelante a nuestro país».
De modo que agarró su teléfono el socialista y escribió, ni corto ni perezoso:
«Mujeres que llegan a casa borrachas. No como el hombre que le escribió este discurso que va siempre sobrio a todas partes».
El miserable Puente se refiere a un desafortunado percance que protagonizó su rival, nada menos que en 2013, cuando fue detenido por chocar con unos vehículos estacionados en Madrid, cuando superaba la tasa de alcohol permitida al volante.
¿A qué se refiere Díaz Ayuso?
El comentario de la presidenta regional y desde ahora, también del PP de la región, va dirigido principalmente al feminismo radical y de izquierdas, encabezado por Irene Montero, ministra del 8M.

La podemita jefe junto a su amiga Ione Belarra, hoy en horas bajas ambas, convirtió un eslogan bastante deleznable en lema oficial para la Ley Orgánica de Garantía Integral de la Libertad Sexual:
«Sola y borracha, quiero llegar a casa».
Ya ven, poesía pura que hoy en día se ha convertido en mantra para la feministas radicales, que efectivamente quieren llegar solas y borrachas a casa, y en arma arrojadiza para la derecha, que quiere huir precisamente de ese sambenito para las féminas.
