Hay proyectos que nacen con una vocación clara, casi un mandato del terreno. Así surgió Lalomba, la apuesta más personal y terruñera de Ramón Bilbao. Corría el año 2015 cuando esta bodega centenaria, anclada en la tradición de Haro, decidió dar un giro y mirar al viñedo con una lupa nueva.
La misión era ambiciosa: dejar que la tierra hablara sin filtros, expresar la autenticidad absoluta de cada paisaje, de cada suelo, de cada parcela con algo especial que contar.
Una década y diez vendimias después, ese sueño no solo sigue vivo, sino que brilla con luz propia. Y qué mejor manera de celebrarlo que con el lanzamiento de la añada 2024 de su primer amor, Finca Lalinde. Un lanzamiento que coincide, cómo no, con el mes en el que el mundo vitivinícola celebra el Día Internacional de la Garnacha, la variedad que es corazón y alma de este icónico vino.
Para Rosana Lisa, directora de Proyectos Premium e Innovación en Ramón Bilbao, este aniversario es mucho más que una fecha en el calendario.
“El objetivo siempre fue claro desde el principio: expresar la identidad de nuestros viñedos con más personalidad, que cada vino tuviera un lenguaje propio”, comenta. “Finca Lalinde no fue solo el primer vino de Lalomba; fue la semilla de una filosofía. La semilla de un viaje de vuelta al origen”.
Ese origen tiene nombre y apellidos: Sierra de Yerga, en la Rioja Oriental. Ahí, en las laderas de Monte Yerga, se encuentra esta parcela única. Cuando Rosana Lisa la conoció, supo al instante que su destino era convertirse en un rosado. Pero no uno cualquiera. “Cuando conocí Finca Lalinde, supe que su mejor expresión sería en forma de rosado. El coupage natural del viñedo —90% garnacha y 10% viura—, los suelos equilibrados y su altitud permiten elaborar un vino longevo, complejo y elegante”, recuerda.
Esa intuición fue el germen de un estilo pionero. En una región entonces más asociada a los tintos de larga crianza, Lalomba se atrevió a proponer un single vineyard, un vino de parcela única, y encima rosado. Y no uno para beber joven, sino un rosado con vocación de guarda. Una declaración de intenciones que hoy, diez años después, ha demostrado su acierto.
La garnacha es la protagonista absoluta de esta historia. Una variedad que en la Rioja Oriental, bajo un sol intenso y un clima mediterráneo, encuentra su terroir ideal. Pero la altitud de Finca Lalinde, que ronda los 600 metros, es su secreto mejor guardado. Esa elevación proporciona las noches frescas cruciales para que la uva mantenga una acidez vibrante y una frescura que contrarresta la potencia del sol. El resultado es un equilibrio perfecto, una tensión en la boca que es el sello de la casa.

El lanzamiento de la añada 2024 es un fiel reflejo de ese respeto por el origen. La elaboración es de mínima intervención, un proceso casi artesanal donde el enólogo actúa más como un facilitador que como un creador. La fermentación se realiza en hormigón crudo, con levaduras autóctonas que son las propias de la uva, y el vino cría sobre sus lías finas.
“El respeto con el que se trabaja en bodega es clave. Cuidamos cada detalle para que el terroir brille. El hormigón nos permite elaborar vinos puros y honestos”, destaca Lisa.
Al probar Finca Lalinde 2024, se entiende perfectamente a qué se refiere. Es un vino que no busca imponer, sino transportar. En nariz es un paseo directo por el viñedo de Monte Yerga en una mañana de primavera: aromas de pomelo rosado y lima, frambuesas frescas, y luego ese toque herbal de romero y tomillo silvestre que brota entre las cepas. En boca es fresco, elegante y de una textura sedosa. Tiene la profundidad y estructura para prometer un futuro interesante en botella, pero ya es deliciosamente bebible. Es, en esencia, el paisaje de la Sierra de Yerga embotellado.
Pero Lalomba es más que Finca Lalinde. El proyecto ha crecido para incluir otras fincas excepcionales, cada una con su propia voz. Finca Ladero, también en las laderas de la Sierra de Yerga, ofrece una expresión distinta de la garnacha y tempranillo. Y Finca Valhonta, en las terrazas de Villalba de Rioja (Rioja Alta), apuesta por el tempranillo puro en un terroir radicalmente diferente.
“Son tres paisajes privilegiados de condiciones extraordinarias, embotellados”, explica Lisa. “La suma de suelos y microclimas, la persistencia de una viticultura tradicional y sostenible de gran calidad, el valor del terroir, la altura. Elementos únicos que tenemos la suerte de preservar e interpretar”.
Este décimo aniversario no celebra solo una colección de vinos excepcionales, sino una forma de entender el vino. Es la mirada contemporánea de una bodega centenaria que ha sabido evolucionar sin perder sus raíces. Ramón Bilbao, fundada en 1924, ha pasado un siglo recorriendo los paisajes vinícolas españoles, con una curiosidad insaciable que la ha llevado a ser reconocida como una de las bodegas más relevantes y admiradas de España.
Su impulso por actualizar la tradición, destacando el valor del origen y el territorio, encuentra en Lalomba su máxima expresión. Han sido pioneros en explorar los extremos geográficos de Rioja, en recuperar el valor de las variedades autóctonas y en potenciar la singularidad del terruño. “El proyecto de Lalomba ha sido pionero por su enfoque geográfico y expresivo”, concluye Rosana Lisa.
“Seleccionamos fincas únicas en distintas subzonas, lo que nos permite mostrar la diversidad de Rioja desde estilos muy diferentes”.
Diez años después, la semilla plantada en Finca Lalinde ha dado frutos extraordinarios. Es la historia de un rosado que nació para cambiar percepciones y de una garnacha que encontró su altitud perfecta. Es la celebración de un viaje de vuelta a la tierra, de precisión, sensibilidad y un profundo respeto por el origen. Una historia que, como los mejores vinos, promete sabores aún más interesantes en los capítulos por venir.
Finca Lalinde 2024 tiene un PVP recomendado de 32 euros.
