En el cambiante panorama del vino español, donde a menudo se buscan novedades, hay gestos que merecen especial atención. No se trata de lanzar algo nuevo, sino de recuperar con pulso firme y respeto absoluto una pieza clave del patrimonio vitivinícola. Esto es precisamente lo que ha hecho Bodegas Franco-Españolas con el lanzamiento del Bordón Viña Sole Gran Reserva 2018.
Tras más de cuarenta años, este emblemático vino blanco vuelve a ostentar la categoría de Gran Reserva, un título que solo habían lucido con honor las legendarias añadas de 1978 y 1982. Esta decisión, lejos de ser una estrategia comercial, es un viaje en el tiempo. Un homenaje a los orígenes, a un estilo de vino blanco de guarda que definió una época en Rioja y que hoy resurge para recordarnos que la excelencia atemporal siempre encuentra su momento.
«Volver a los orígenes con el Bordón Viña Sole y resucitar la tradición de calificarlo como Gran Reserva es una decisión que seguramente resonará con los amantes del vino que aprecian la calidad y la herencia», reflexiona Borja Eguizábal, CEO de la bodega y representante de la tercera generación familiar al frente de esta histórica casa.
- Una bodega con historia en la que se escribe el futuro
- El viñedo: El corazón de un vino único
- Filosofía de elaboración: Solo en las mejores añadas
- Una cata en profundidad: Del color al recuerdo
- Maridaje y potencial de evolución
- Un reconocimiento internacional: Los premios
- El contexto rioja: Tradición e innovación estratégica
- Más que un vino, una declaración de intenciones
Una bodega con historia en la que se escribe el futuro
Para entender la profundidad de este relanzamiento, es imprescindible situarse en el contexto de quien lo elabora. Bodegas Franco-Españolas no es una bodega cualquiera. Fundada en 1890 en Logroño por el bordelés Frederick Anglade Saurat, su nacimiento es un capítulo fundamental de la historia del vino riojano.
A finales del siglo XIX, la filoxera arrasó los viñedos franceses. Esto llevó a bodegueros y expertos de Burdeos a cruzar los Pirineos en busca de un terroir donde poder continuar su trabajo. En Rioja encontraron no solo un refugio, sino un potencial extraordinario. La bodega nació, por tanto, de esa unión entre el savoir-faire bordelés y el excelente terruño riojano, dando origen a lo que entonces se empezó a conocer como los «vinos finos de Rioja».
Su primera vendimia, en 1891, dio a luz a vinos icónicos como Diamante y Estilo Borgoña (que más tarde evolucionaría hasta convertirse en Bordón). Desde entonces, la bodega ha sido testigo y protagonista de la historia: visitada por el rey Alfonso XIII en dos ocasiones, y más tarde por figuras como Ernest Hemingway en 1956. Su legado es la prueba viva de cómo el vino de Rioja se abrió paso en el mundo, estando presente en las cartas de los grandes hoteles de Nueva York tras el fin de la Ley Seca estadounidense.
Hoy, bajo la dirección de la familia Eguizábal, la bodega mira al futuro sin olvidar su peso en la historia. Un equilibrio perfecto para emprender un proyecto tan significativo como el del Bordón Viña Sole Gran Reserva.

El viñedo: El corazón de un vino único
La grandeza de un vino siempre nace en el viñedo. El Bordón Viña Sole Gran Reserva 2018 es la expresión pura de un terroir excepcional y único. Sus uvas proceden de viñedos propios con una edad media de 80 años, ubicados en la subzona del Alto Najerilla, a una altitud de 640 metros.
Pero lo que realmente define a estos viñedos es su suelo: un suelo aluvial de origen glaciar, ubicado en términos de Arenzana, Manjarrés, Hornos de Moncalvillo, Medrano y Sojuela. Este sustrato, heredado de un antiguo glaciar, confiere una mineralidad singular y una acidez vibrante que son la columna vertebral de la longevidad del vino.
La orientación norte de las parcelas es otro factor crucial. En una época de veranos cada vez más cálidos, esta orientación protege a las vides de las horas de sol más intensas, favoreciendo una maduración lenta y gradual que preserva la frescura y los aromas primarios de la variedad Viura.
Son, en palabras de la bodega, «las condiciones perfectas para elaborar un vino de gran estructura, alta acidez y larga guarda».
Cabe destacar que estas son las mismas viñas de las que procede otro de los grandes tesoros de la bodega: el Diamante de Graciela. No se trata de cualquier parcela; es el patrimonio vitícola más preciado de Bodegas Franco-Españolas.
Filosofía de elaboración: Solo en las mejores añadas
El Bordón Viña Sole no es un vino que se elabore todos los años. De hecho, su producción obedece a un principio irrenunciable de excelencia: solo se elabora cuando la añada es calificada tanto por la dirección técnica de la bodega como por el Consejo Regulador de la DOCa Rioja como Muy Buena o Excelente.
Esta exigencia no es un eslogan. La añada 2016, por ejemplo, fue desestimada por no alcanzar el nivel de calidad requerido. Este compromiso radical con la excelencia justifica que el retorno de la categoría Gran Reserva se produzca con la añada 2018, una cosecha que reunía las cualidades idóneas para un vino destinado a la larga guarda.
«Es un blanco con mucha personalidad, elegante, sutil y cremoso, con una gran longevidad y frescura que nos descubre en cada botella el arraigo familiar y la historia de la bodega. La tradición de una viura elaborada con esmero y dedicación», explica Emma Villajos, enóloga y directora técnica de Bodegas Franco-Españolas.
El proceso de elaboración es tradicional y minucioso:
Fermentación y crianza: 36 meses en barricas de roble francés de 225 litros.
Afinamiento en botella: 24 meses adicionales de reposo.
Trabajo sobre lías: Durante la crianza en barrica, el vino se removió diariamente para lograr una integración perfecta de las lías finas (manoproteínas). Este trabajo artesanal aporta volumen, complejidad y una textura sedosa de manera completamente natural.
En total, cinco años de cuidados desde la vendimia hasta que el vino está listo para salir al mercado. Un periodo que refleja la paciencia y el respeto por un estilo clásico que no entiende de prisas.

Una cata en profundidad: Del color al recuerdo
Analizar un vino como este es desglosar capas de complejidad. Te propongo un recorrido sensorial:
Vista
En la copa se presenta con un color amarillo pajizo intenso, con marcados reflejos dorados que delatan su prolongada estancia en barrica. Es un vino nítido y brillante, de apariencia totalmente viva.
Nariz
La fase olfativa es profunda y evocadora. Lo primero que sorprende es una especial cremosidad. Emerge una nota distintiva que recuerda a la crema catalana ligeramente tostada, un aroma cálido y seductor. Tras ella, aparece un registro de fruta de hueso muy madura, como orejones de albaricoque o melocotón, perfectamente entrelazada con sutiles notas de vainilla fina y recuerdos tostados de la madera noble. La madera no domina; está exquisitamente integrada.
Boca
En el paladar se confirma su gran estructura. Es un vino graso, glicérico, que recubre la boca con una sensación táctil aterciopelada. Recupera la fruta de hueso madura percibida en nariz, junto con las notas de crianza. Lo que realmente lo define y asegura su futuro es su vibrante acidez, que corta la untuosidad y proporciona un equilibrio perfecto. Un trasfondo mineral, herencia directa de esos suelos glaciares, aporta profundidad y un final largo y persistente.
Es, en definitiva, «un vino emocionante concebido para una gran guarda».
Maridaje y potencial de evolución
Un vino de esta envergadura abre un abanico amplio de posibilidades gastronómicas. Su cuerpo y complejidad le permiten armonizar con platos de sabor intenso y texturas ricas:
Platos tradicionales: Arroces melosos, pescados grasos como el salmón o la lubina a la espalda, y carnes blancas en salsa.
Propuestas contemporáneas: Tartar de atún rojo, tataki o espárragos blancos de Rioja con preparaciones gourmet.
Momento único: Es un vino que puede maravillar incluso como acompañamiento de postres no excesivamente dulces, como un queso curado de oveja o cabra.
La temperatura de servicio ideal ronda los 12ºC. Un punto de fresc que mantiene la vivacidad de su acidez sin apagar la riqueza de sus aromas.
Respecto a su potencial de guarda, la bodega estima que tiene una vida útil óptima hasta 2032, aunque sin duda, dadas sus características, podría evolucionar gratamente durante más tiempo en condiciones adecuadas de conservación. Es un vino para disfrutar en su plenitud dentro de unos años, o para adquirir y seguir su fascinante evolución en la botella.
Un reconocimiento internacional: Los premios
La calidad excepcional del Bordón Viña Sole Gran Reserva 2018 no ha pasado desapercibida para los críticos y concursos internacionales más exigentes. Su palmarés, ya consolidado, habla por sí solo:
Gran Medalla de Oro en Mundus Vini.
94 puntos por Decanter.
94 puntos por Andreas Larsson.
93 puntos por Tim Atkin.
92 puntos por James Suckling.
92 puntos en la Guía Peñín.
Estas puntuaciones y distinciones, otorgadas por paladares de referencia global, certifican que este «regreso a los orígenes» no es un ejercicio nostálgico, sino la recuperación triunfal de un estilo de máxima calidad que compite al más alto nivel en el panorama vinícola mundial actual.
El contexto rioja: Tradición e innovación estratégica
El lanzamiento de este Gran Reserva se produce en un momento clave para la Denominación de Origen Calificada (DOCa) Rioja. El sector se encuentra inmerso en la puesta en marcha de un nuevo Plan Estratégico con horizonte 2030, que busca actualizar la visión de la denominación ante los retos de un entorno en disruptivo cambio cultural, tecnológico y generacional.
Recientemente, el Consejo Regulador aprobó unos presupuestos para 2026 que, aunque contenidos, priorizan la calidad y el origen, destinando más del 55% de sus recursos (8,3 millones de euros) a la promoción internacional. En un mercado complejo, la apuesta es clara: potenciar el valor y la diferenciación de los vinos de Rioja.
En este marco, el Bordón Viña Sole Gran Reserva 2018 encarna a la perfección la doble vía por la que debe transitar Rioja: el respeto inquebrantable por la tradición y la calidad que construyeron su prestigio, y la valentía para reivindicar y reposicionar estilos clásicos con un lenguaje contemporáneo. Es un vino que habla del pasado más glorioso de la región, pero que se dirige al consumidor actual, conocedor y exigente, que busca autenticidad y profundidad.
Más que un vino, una declaración de intenciones
El Bordón Viña Sole Gran Reserva 2018 es mucho más que un excelente vino blanco de Rioja. Es un símbolo. Un gesto consciente y valiente de Bodegas Franco-Españolas por reclamar el lugar que le corresponde a una parte fundamental de la historia del vino español: los grandes blancos de guarda.
Con una producción limitada de solo 7.957 botellas, se convierte en una pieza de coleccionista. No es un vino para consumo masivo; es una experiencia sensorial y emocional reservada para quienes saben apreciar la narrativa que hay detrás de cada sorbo.
Adquirir una botella es participar en ese viaje en el tiempo que conecta la Rioja de finales del siglo XIX, la de los años 70 y 80 del siglo XX, y la de hoy. Es apostar por la memoria, la paciencia y la excelencia en un mundo que a menudo prima lo inmediato.
Para los amantes del vino con mayúsculas, para quienes buscan en la copa una historia, un terruño y una artesanía irrepetible, el Bordón Viña Sole Gran Reserva 2018 no es solo una recomendación; es una cita ineludible. Un reencuentro, tras demasiado tiempo, con un auténtico mito viviente de Rioja.
Bordón Viña Sole Gran Reserva 2018: 29,95


