Imagina tener que reformar una habitación a ciegas, sin saber si detrás del yeso hay tuberías, cables o una pared de carga. Pues durante años, en medicina estética ha sido un poco así. Nos guiábamos por libros de texto y anatomía ideal, pero cada paciente es un mundo. Hasta que llegó la ecografía.
La Dra. Marjorie Garcerant, doctora en Medicina y especialista en Ciencias Radiológicas y Medicina Estética, lo tiene claro: la ecografía no es un complemento, es un cambio de paradigma. En su consulta de BexClinic Madrid, esta herramienta se ha convertido en sus ojos para ver más allá de la piel.

El fin de tratar a ciegas
«Muchos casos complicados que me llegan para hacer ecografía no proceden de malas manos, sino de decisiones tomadas con información incompleta», advierte la Dra. Garcerant.
Y es que no todos los pacientes tienen la misma anatomía. Algunos arrastran tejidos modificados por tratamientos anteriores, rellenos de hace años que no se han reabsorbido del todo o respuestas inflamatorias que solo son visibles con una sonda de alta resolución.
La tecnología actual permite algo revolucionario: trabajar con la anatomía que realmente tenemos delante. Un buen equipo no solo depende de la resolución de la sonda, sino de un sistema de procesado que ofrezca imágenes nítidas para tomar decisiones con precisión milimétrica.

Seguridad ante todo: de la glabela a la hialuronidasa
Uno de los grandes debates actuales es el uso de la hialuronidasa para disolver ácido hialurónico y «empezar de cero». Para la directora de BexClinic, esta idea hay que manejarla con mucho respeto. «
Usar hialuronidasa a ciegas puede destruir tejido sano del paciente. La ecografía te muestra exactamente qué hay que disolver y qué hay que respetar».
Esto cobra especial relevancia en zonas de alto riesgo, como la región periocular, o al planificar tratamientos con polinucleótidos y toxina botulínica. Poder calcular la dosis efectiva viendo el músculo y los tejidos en tiempo real es un salto de calidad bestial.
Resultados que duran y técnicas a medida
La observación ecográfica no solo previene complicaciones. También permite medir el rejuvenecimiento y optimizar los resultados.
«Podemos discriminar entre huellas estéticas positivas y negativas, valorar cómo interactúa la aparatología con los tejidos y elegir el láser más adecuado para cada paciente», explica la experta.
En BexClinic han desarrollado técnicas propias gracias a esta visión, como el lifting vectorial ecoguiado o la biorevolumetría en doble plano. Son procedimientos híbridos y personalizados que buscan acertar a la primera, sin comprometer el tejido a largo plazo.

El futuro: datos objetivos e inteligencia artificial
La medicina estética avanza hacia la integración de tecnologías. La elastografía, el biohacking y, sobre todo, la inteligencia artificial, empiezan a formar parte del día a día. Pero la IA necesita datos fiables para ser útil. Y ahí la ecografía juega un papel fundamental: proporciona información real, objetiva y medible que transforma la práctica clínica.
Como concluye la Dra. Marjorie Garcerant: «Hoy, la pregunta no es si la ecografía es necesaria, sino cuánto tiempo más vamos a tratar pacientes sin ella. No se trata de hacer ecografías a todos sin motivo, pero sí de dejar de trabajar a ciegas cuando tenemos la tecnología para no hacerlo».
En definitiva, contar con un servicio de diagnóstico por imagen que ofrezca estudios individualizados y con respaldo legal no es un lujo. Es la base de una medicina estética más ética, segura y eficaz.
