Hablar de Bodegas Carmelo Rodero es hablar de una familia. Es el sueño que un día movió a un padre a fundar su propia bodega en Pedrosa de Duero (Burgos) y que hoy impulsa a sus hijas a seguir escribiendo su historia.
La historia comienza con Carmelo Rodero. Desde los 13 años se entregó al cultivo de la tierra. Majuelo tras majuelo, fue construyendo un patrimonio de viñedos. En 1989, dio el paso junto a su mujer, Elena, para crear su propio vino. No uno cualquiera, sino la expresión pura de las parcelas que tanto conocían. Así nació el proyecto en 1991.

Hoy, el testigo lo llevan sus hijas. Beatriz Rodero, como directora técnica, y María Rodero, como directora comercial, representan la nueva generación.
Un cambio de estilo con Beatriz Rodero

Beatriz se formó en Ingeniería Agrícola y amplió sus conocimientos en Burdeos, donde obtuvo el Diplôme National d’OEnologue. También perfeccionó su técnica en Saint Emilion, Napa Valley y Sudáfrica .
En 2008 cogió las riendas de la elaboración. Y los vinos cambiaron.
Si antes Carmelo marcaba el estilo según su carácter, Beatriz ha impuesto su propio sello. Busca vinos con mayor presencia frutal, una barrica más tímida y una vinificación parcelaria. Su objetivo es claro: extraer la singularidad de cada suelo. El resultado son vinos más elegantes, con más frescura y menos estructura, adaptados a los gustos actuales .
María Rodero y la expansión comercial

María, por su parte, se unió al proyecto en 2013. Tras formarse en Administración y Dirección de Empresas y trabajar en el sector bancario en España y países anglosajones, asumió la dirección comercial .
Juntas, gestionan una de las bodegas con mayor renombre de la Denominación de Origen. Actualmente, comercializan el 80% de su producción en España. El 20% restante se exporta, con presencia destacada en Hispanoamérica .
El terruño: el corazón de la Ribera

La bodega se encuentra en Pedrosa de Duero, en el corazón de la D.O. Ribera del Duero. Es un enclave privilegiado. El suelo arcilloso-calcáreo y el clima continental extremo (veranos secos, inviernos largos) dan carácter a los vinos.

La viticultura es sostenible. Actualmente, cuentan con 170 hectáreas de viñedo propio. Las viñas de tempranillo, cabernet sauvignon y merlot se extienden entre los 840 y 910 metros de altitud. La variedad principal es la tempranillo (tinta del país), pero también cultivan otras variedades autorizadas .
Una bodega con un sistema único

La bodega actual se construyó en 2013. Tiene un diseño moderno y funcional, pensado para la experiencia enoturística .
Pero lo que realmente la diferencia es el sistema giratorio de gravedad patentado por Carmelo Rodero en 2004.

Funciona así: son los depósitos de acero inoxidable los que giran, no la uva. No se usan mangueras ni bombas. La uva llega intacta a la fermentación, sin fricciones. Esto evita oxidaciones prematuras y preserva los aromas primarios. Tanto el Raza como el Pago de Valtarreña y el TSM se elaboran con este método.
Para la crianza, usan roble francés nuevo. Las barricas no superan los dos años de edad para no enmascarar la fruta.

Los vinos: la gama actual
9 meses (2023)

Un tinto de capa alta, color violáceo. En nariz, predominan los aromas primarios de la tempranillo: flor, fruta roja y toques lácticos de la barrica. En boca es firme y equilibrado .
Crianza (2022)

Elegido ‘Mejor Tinto con Crianza’ en la Guía de Vinos Gourmets 2025. Color rojo cereza con tonos rubí. Combina fruta con matices de barrica. En boca es goloso, de cuerpo medio y taninos dulces .
Raza (2021)

Monovarietal de tempranillo. Las uvas vienen de varias parcelas de Pedrosa de Duero. Nariz intensa con frutos negros maduros y un toque especiado. En boca es denso, dulce y con un equilibrio perfecto .
Pago de Valtarreña (2020)

Procede de un viñedo con un clon familiar de tempranillo. Pasa 24 meses en barrica . Color cereza brillante. Aromas de frutas negras maduras, cuero, café y especias. En boca es carnoso, aterciopelado y con una estructura sublime.
TSM (2021)

Es el vino más rompedor. Un ensamblaje de 75% tempranillo, 15% merlot y 10% cabernet sauvignon . Nació para salirse del perfil clásico de la Ribera. Color granate intenso. En nariz, frutas negras maduras, especias y balsámicos. En boca es corpulento, equilibrado y con un gran posgusto
