El verano deja señales en la piel. Falta de hidratación, manchas más visibles, textura irregular y pérdida de luminosidad son algunas de las más frecuentes. Después llega el frío, acompañado de viento, calefacción y cambios bruscos de temperatura.
Adaptar la rutina a este nuevo escenario ayuda a conservar el confort y a evitar irritaciones. No exige utilizar muchos cosméticos. La clave está en escoger bien y ser constante.
Esta es también la base del trabajo de la esteticista Natividad Lorenzo, que resume su manera de entender la profesión en una frase: «La estética es salud». Su propuesta combina cuidados en casa, tratamientos personalizados y colaboración con profesionales sanitarios cuando el estado de la piel lo requiere.
Una rutina facial debe empezar por el diagnóstico
La piel cambia con la edad, el clima, las hormonas, el estrés y los hábitos. Un producto que funciona bien durante el verano puede resultar insuficiente en invierno. También puede ocurrir lo contrario: una fórmula demasiado rica podría no encajar en una piel grasa o con tendencia acneica.
Antes de recurrir a un tratamiento intensivo, conviene valorar la hidratación, la sensibilidad, la producción de sebo y la presencia de manchas o rojeces. La rutina debe ajustarse a ese diagnóstico, no a una tendencia vista en redes sociales.
Cuando hay dermatitis, rosácea, acné inflamatorio o una lesión pigmentada que cambia, la consulta debe hacerse con un dermatólogo. La función de la esteticista es reconocer sus límites y trabajar de forma coordinada con el médico.
Los tres pasos que necesita casi cualquier piel
La rutina básica puede resumirse en limpieza, hidratación y fotoprotección.
El limpiador debe retirar suciedad, sudor, maquillaje y protector solar sin dejar tirantez. La hidratante tiene que compensar la pérdida de agua y aportar confort. El protector solar debe utilizarse durante todo el año.
La Academia Americana de Dermatología recomienda escoger un fotoprotector de amplio espectro, resistente al agua y con FPS 30 o superior. En invierno puede elegirse una textura en crema o aplicar primero la hidratante y después el protector.
A partir de esta base pueden añadirse activos como vitamina C, retinol, ácido hialurónico o ingredientes despigmentantes. No todos son necesarios ni deben estrenarse a la vez.
Cómo recuperar la piel en otoño
El otoño es una etapa de revisión. Es el momento de comprobar cómo ha respondido la piel a la exposición solar, el calor, el cloro o el agua del mar.
Reforzar la hidratación
Si existe tirantez, conviene introducir una hidratante con ingredientes humectantes y reparadores. El ácido hialurónico y la glicerina ayudan a retener agua. Las ceramidas contribuyen a mantener la función de la barrera cutánea.
La textura debe elegirse según la piel. Una emulsión ligera puede ser suficiente en un rostro graso, mientras que una piel seca suele agradecer una crema con mayor contenido lipídico.
Reintroducir el retinol con calma
Quien haya dejado de utilizar retinol durante el verano puede retomarlo de forma progresiva. Se aplica por la noche sobre la piel seca, empezando con poca frecuencia.
La Academia Americana de Dermatología aconseja introducir los retinoides despacio y acompañarlos de hidratante para reducir la irritación. Si aparecen ardor persistente, inflamación o descamación intensa, hay que suspender su uso y consultar a un profesional.
El retinol no debe incorporarse por costumbre. Las pieles con rosácea, dermatitis o una barrera alterada pueden no tolerarlo. Los retinoides tampoco deben utilizarse durante el embarazo sin indicación médica.
Valorar las manchas antes de tratarlas
La reducción de la exposición solar hace que el otoño sea una época habitual para iniciar protocolos despigmentantes. Sin embargo, antes hay que identificar el origen de la mancha.
No es lo mismo tratar un lentigo solar, un melasma o una marca posterior al acné. Tampoco deben aplicarse ácidos o productos despigmentantes sobre una lesión que haya cambiado de forma, color o tamaño sin que antes la revise un dermatólogo.
La protección solar sigue siendo obligatoria durante el tratamiento. Sin ella, las manchas pueden reaparecer o empeorar.
Recuperar la rutina de sueño
La vuelta a los horarios habituales puede aumentar el estrés y alterar el descanso. Dormir mal se refleja con frecuencia en el aspecto del rostro y en la percepción de fatiga.
El ejercicio regular, unos horarios estables y prácticas como el yoga o la meditación pueden ayudar. Los masajes faciales y corporales también aportan relajación y alivio de la tensión muscular.
No es correcto atribuirles una función de «eliminación de toxinas». El organismo realiza esa tarea principalmente a través del hígado y los riñones.

Cómo proteger la piel en invierno
La baja humedad, el frío exterior y la calefacción favorecen la pérdida de agua. La piel puede sentirse áspera, tirante o más reactiva.
La Academia Americana de Dermatología recomienda usar agua templada, escoger limpiadores suaves y sin perfume y aplicar cremas o pomadas cuando existe sequedad. Estas texturas suelen proteger mejor que las lociones ligeras.
Elegir una crema más protectora
No hace falta cambiar toda la rutina. En muchos casos basta con sustituir la hidratante ligera por una crema con ceramidas, glicerina u otros ingredientes que reduzcan la pérdida de agua.
Debe aplicarse después de lavar el rostro. En manos y cuerpo funciona bien hacerlo justo después de la ducha, con la piel ligeramente húmeda.
Limpiar con suavidad
Una piel que queda tirante después de la limpieza no está mejor lavada. Esa sensación puede indicar que el producto resulta demasiado agresivo.
En invierno conviene evitar los jabones alcalinos, el agua muy caliente, los cepillos faciales y los exfoliantes de partículas ásperas. También es preferible reducir la frecuencia de ácidos si hay sequedad o sensibilidad.
La limpieza profesional puede resultar útil cuando existen comedones o dificultades para limpiar la piel sin irritarla. Su frecuencia debe decidirse de forma individual. No todas las personas necesitan extracciones ni una sesión mensual.
Prestar atención a la rosácea
El frío, el calor y los cambios de temperatura pueden desencadenar brotes de rosácea. La Asociación Británica de Dermatólogos incluye las temperaturas altas y bajas, la exposición solar y el estrés entre sus posibles desencadenantes.
En estos casos conviene utilizar un limpiador suave, una crema sin perfume y fotoprotección. Los exfoliantes, los tónicos astringentes y los tratamientos intensivos pueden empeorar el enrojecimiento.
Cuidar los labios
Los labios tienen una barrera más vulnerable y pierden hidratación con facilidad. Un bálsamo sencillo, sin perfumes ni sabores irritantes, puede aplicarse varias veces al día.
Humedecerlos con saliva produce un alivio breve, pero suele aumentar la sequedad después.
Mantener la protección solar
En invierno sigue existiendo radiación ultravioleta. La fotoprotección es especialmente importante si se utilizan retinoides, ácidos, vitamina C o productos despigmentantes.
También debe reforzarse en la montaña. La nieve refleja parte de la radiación y aumenta la exposición de las zonas que quedan descubiertas.
Introducir antioxidantes sin promesas exageradas
Una alimentación variada aporta antioxidantes a través de frutas, verduras, legumbres, frutos secos y aceite de oliva.
En cosmética, la vitamina C puede ayudar a mejorar la luminosidad y a complementar la acción del protector solar. No sustituye a la fotoprotección ni borra por sí sola las manchas.

Los tratamientos que propone Natividad Lorenzo
Los protocolos de cabina deben adaptarse al estado de la piel. Antes de reservar una técnica concreta conviene conocer sus indicaciones, contraindicaciones y cuidados posteriores.
Tratamiento Rescate con Dermapen
El Tratamiento Rescate con Dermapen combina técnicas dirigidas a mejorar la textura y el aspecto del daño acumulado. Según la piel, puede incluir microneedling, microdermoabrasión o peeling químico, luz LED y aplicación de activos.
No todas estas técnicas tienen que utilizarse en una misma sesión. La selección debe depender de la sensibilidad, el objetivo y la capacidad de recuperación de la piel.
Nordlys para manchas y rojeces
Nordlys, de Candela, es una plataforma que reúne distintas tecnologías. Su sistema de luz pulsada intensa se emplea para determinadas lesiones pigmentadas y vasculares, además de tratamientos de rejuvenecimiento cutáneo.
Aunque suele hablarse de él como láser, algunas de sus aplicaciones utilizan luz pulsada intensa. El diagnóstico previo es esencial. No todas las manchas son aptas para este procedimiento ni todos los casos de rosácea se tratan igual.
Exclusive Diamond & Tech
Exclusive Diamond & Tech combina ondas de choque, luz pulsada, masaje y cosmética de la línea Diamond de Natura Bissé.
El tratamiento busca mejorar hidratación, textura y firmeza. Algunos cambios en el aspecto pueden percibirse tras la sesión, mientras que los procesos relacionados con la estimulación del colágeno necesitan tiempo.
Inhibit
El protocolo Inhibit incluye limpieza, exfoliación, masaje, sérum con neuropéptidos y una mascarilla con ácido hialurónico.
Su objetivo es hidratar y suavizar temporalmente el aspecto de las líneas de expresión. Es un tratamiento cosmético y sus resultados no deben equipararse a los de un procedimiento médico.
Limpieza e hidratación personalizadas
Una limpieza de cabina puede combinar exfoliación adaptada, extracción cuando esté indicada, masaje y aplicación de activos.
Es un protocolo útil para pieles con comedones o para quienes no toleran bien determinados productos domésticos. La extracción no debe realizarse sobre lesiones inflamadas ni considerarse imprescindible en todos los rostros.
Face & Body Flash
Face & Body Flash combina masaje corporal y el protocolo facial Face-Up, inspirado en maniobras de kobido.
Puede ayudar a relajar, aliviar tensión y ofrecer un aspecto más descansado. Sus efectos sobre el contorno facial o corporal son principalmente cosméticos y temporales.
La mejor rutina es la que la piel tolera
El cambio de estación no obliga a llenar el baño de productos. Conviene empezar por una limpieza respetuosa, una hidratante adecuada y un protector solar diario.
Después pueden incorporarse activos o tratamientos profesionales, uno a uno y con objetivos concretos. Si la piel pica, duele, se inflama o mantiene un enrojecimiento persistente, no necesita más cosmética. Necesita una valoración dermatológica.
