Absuelto por la historia, dice el Granma refiriéndose a Castro. Quizá la historia le absuelva, o acaso no; lo que sí será muy difícil, de cualquier modo, será que le absuelvan sus víctimas; los familiares de los asesinados, los encarcelados, quienes han tenido que exiliarse.
Fidel Castro pertenece a esa casta de gente que quiere hacer el bien por medio del mal. La cuadratura del círculo es un juego de niños comparado con esta pretensión. Pero a pesar de la imposibilidad del empeño, los dictadores siempre encuentran colaboración. Hay personas que han decidido que lo mejor para sus vidas es convertirse en secuaces y para ellas una dictadura es la opción que más posibilidades ofrece. En este tipo de sistema político no hay lugar para quien haya optado por regirse por sus propias ideas y perseguir la justicia según su propio criterio. Es a sus secuaces, a quienes se dirige Castro cuando dice que hay que prepararse para cualquier noticia adversa. Son estas personas, que se han significado tanto en su labor, convirtiéndose en los ojos, oídos y olfatos del régimen, las que deben estar ahora tentándose la ropa y tratando de averiguar las posibilidades de que el actual estado de cosas continúe aún en el caso de que muera su líder. Quienes soportan el régimen, quienes tuvieron que exiliarse, quienes están encerrados, no se preparan para lo peor. No en este caso. A los damnificados, los adictos al régimen les llaman ésos, como si no fueran seres humanos. Lo dicho, no se puede hacer el bien, haciendo mal.