Sobre el asesinato de Laura Luelmo

Confieso que yo sería incapaz de matar a nadie ni aunque tuviera garantizada la impunidad. No podría ejercer como verdugo en ningún caso. No les daría de comer a mis hijos, por mucha hambre que padecieran, ni comería yo tampoco en el mismo supuesto, comida comprada con dinero percibido por matar a otra persona.
No es que piense que soy perfecto, mi ingenuidad no da para tanto, pero tampoco estoy entre los hay que van pregonando su fe en Cristo por el mundo, pero necesitan desesperadamente crucificar a alguien; y los que se declaran socialistas, porque piensan en los demás, pero luego se ve que es para empujarlos al barranco si pueden.
Digo esto porque no consiento que se me involucre de ninguna de las maneras con ese nauseabundo crimen, cuyo autor pertenece, sin duda, a esa categoría moral en la que también están los etarras junto a otros horrendos asesinos.
Dijo el clásico que los que no tienen ideas tienen ideología, porque resulta mucho más fácil seguir la segunda que alumbrar las primeras. Y la ideología permite teñirlo todo con ella, tergiversarlo, manipularlo.
Los ciudadanos pagan a los políticos para que cuiden de sus intereses y los protejan, ya que uno decide protegerse por sí mismo puede tener problemas grandes después. La protección de los ciudadanos frente al delito debería ser una cuestión técnica y no ideológica. Hay estadísticas de todo tipo sobre ello. Es muy sano moralmente, además, compadecer al delincuente, siempre y cuando esta compasión no suponga ningún riesgo para el honrado.
Como he dicho anteriormente, el asesino de Laura Luelmo es de la misma categoría moral que los etarras, por tanto, quienes se abrazan con Otegui, o lo toleran como cómplice del gobierno, deben callar. Ya han demostrado suficientemente que el delito no les preocupa; tampoco se han mostrado muy contrariados por otros hechos delictivos, sino que además los amparan y los alientan.
Solo las personas respetuosas con la ley y con el prójimo merecen ser escuchadas en este caso.

‘2016.Año bisiesto’
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Vicente Torres

Vicente Torres es Coautor de '1978. El año en que España cambió de piel' y autor de 'Valencia, su Mercado Central y otras debilidades' y 'Yo estoy loco', 'Diario de un escritor naíf', 'El Parotet y otros asuntos' y '2016. Año bisiesto'. He participado en los libros 'Tus colores son los míos', 'Enrique Senís-Oliver' y 'Palabras para Ashraf'.

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