Como dijo Thoreau, «cualquier hombre que tenga más razón que sus prójimos, ya constituye una mayoría de uno». Hoy, Rajoy se ha constituido en mayoría, él solito. Y nos ha devuelto a todos la esperanza
Decir que ha estado grande es quedarse pequeño. Algunos le reprochan su estilo bronco. Desconocen el significado de «bronco» : su elegancia al repartir leña ha sido impecable. De oratoria sabe un rato, el tío, y cuando se pone… Otros le critican el contenido. Yo me he quedado pegada a la radio, absolutamente fascinada. Hacía tiempo que no escuchaba tantas verdades puestas en línea y tan claras. Era como un viento fresco barriendo todo el aire cargado y fétido del «diálogo» que llevamos soportando desde hace dos años. Al fin, hemos respirado.
Rajoy no se ha dejado embaucar por el rollito zapateril del consenso y la unidad. Y eso que Zapatero y sus consejeros habían construido un canto de sirenas casi irresistible. Pero Rajoy se ha atado a su mástil y se ha lanzado adelante. Con la seguridad del que sabe que tiene razón, que está del lado de la verdad. Ha estado inalcanzable. Los ha dejado atrás. Se ha constituido en líder indiscutible de los suyos, ha quemado las naves y ha jugado con con seguridad su partida…y ha ganado. Le ha tomado la delantera a un Zapatero acorralado: «Si usted no cumple le pondrán bombas y si no hay bombas es porque ha cedido». Exacto. No ha dicho nada de más, ni de menos. Veinticinco minutos de metralla inmisericorde han dejado sin recursos a un gobierno que no salía de su asombro.
Porque todos dudaban del valor del gallego. Todos pensaban que no iba a ser capaz de mantener su posición del sábado. Todos creían que ya lo habían macerado bastante para terminar con él esta tarde. Les ha dado una lección de valor, de resistencia y de coherencia que tardarán en olvidar. Y eso es lo que me ha gustado del Rajoy de esta tarde. Parecía renovado, otro. Era un hombre convencido de sus palabras, seguro de sus ideas, dispuesto a jugárselo todo por lo que cree.
Es un corredor de fondo. Da igual lo que diga la prensa hoy y mañana. Da igual lo que griten los que lo quieren hundir y aislar. El tipo está imbatible. Ha cogido el ritmo y ya sabe a dónde va. Al final, ganará la partida. Ahora, ya puede estar seguro, no constituye una mayoría de uno. Porque con él vamos a estar muchos.
