Transversal

Pilar Aizpún Bobadilla

Ha muerto Francisco Umbral. Ha muerto Emma Penella. Ambos eran grandes profesionales y suponen una gran pérdida. Vale. Pero la persona realmente importante, la que de verdad es una pérdida irreparable para todos los españoles, es Doña Rosa Mundiñano Ezcutari, viuda de Jesús Ulayar. Ella ha muerto: su ejemplo de entereza y de civismo quedarán para siempre. En la Grecia antigua, el gran Sófocles le hubiera escrito una tragedia. En la hortera, banal y miserable España de hoy, a la gente quizá le de miedo recordarla, no vaya a ser que remueva alguna conciencia.

A su marido, hombre de bien, implicado en la cosa pública, en el servicio a su pueblo, lo mató ETA el 27 de enero de 1979 por “fascista” y “antivasco”. Por no plegarse al nazionalismo, en resumen. Lo asesinaron delante de su hijo de trece años. Después, arrastraron su memoria por el fango, acosaron y agredieron a su viuda y a sus hijos, que tuvieron que sufrir esa forma de tortura -antes practicada por los nazis-, indefensos ante la cobardía y la indiferencia de los “buenos”. No contentos con un simple asesinato físico, se empecinaron en la muerte moral, en la destrucción de la honra del muerto. Los asesinos de Jesús eran del mismo pueblo, y a él regresaron después de cumplir condena. En repetidas ocasiones la familia se los ha encontrado por la calle. Libres y recibidos como héroes. El vomitivo y abyecto ayuntamiento de Echarri-Aranaz nombró “hijos predilectos” del pueblo a esos matones. Colocó unos contenedores de basura en el lugar exacto donde Jesús cayó muerto. Asqueroso. Y todavía esos gusanos se sentirán orgullosos.

Gentuza, a la que no le da para más ni el corazón ni el cerebro.

“No lloréis por mí –escribieron en su lápida-. Llorad más bien por vosotros y por vuestros hijos”. Quién pueda entender, que entienda.

Rosa, la viuda, aguantó todo aquello con heroísmo. Sacó adelante a sus hijos. Ella fue una de esas mujeres valientes que tomaron de la mano a sus hijos huérfanos, y emprendieron un camino sin odios ni venganzas. Fue un largo y oscuro recorrido de amargura, de dolor, de humillaciones soportadas con entereza. Luchaban sin armas y sin medios, con su buen hacer cotidiano, contra la mentira, la manipulación, el sin sentido. Construyeron nuestra convivencia con su dolor. Han llenado con su luz humilde, con el faro de su resistencia y su dignidad, la oscuridad cobarde del olvido y el miedo. Hicieron de la paz una realidad vivida, no una teoría falsa y demagógica. Reclamaban con su presencia tranquila y terca el reconocimiento y la justicia que la mezquina miseria de otros les negaba. Todos vivimos hoy de su perdón, de su sacrificio, de su renuncia a la venganza, de su pelea por la esperanza. De su ejemplo.

Hoy quiero recordar a la madre, a la viuda, a la víctima heroica, a la ciudadana ejemplar. No necesita mi oración, porque sé que está en el Cielo, con ese Cristo con el que compartió la Cruz. Sus dos “Jesuses “ la habrán recibido con todo el Amor.

Descanse, por fin, en paz

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Autor

Pilar Aizpún Bobadilla

Apasionada de Occidente, de la actualidad, de la política y de las ideas. Estoy muy agradecida a los que lucharon por dejarme a mí el mejor de los mundos, así que intento entender hacia dónde vamos y qué mundo les vamos a dejar a los que vienen después

Pilar Aizpún Bobadilla

Apasionada de Occidente, de la actualidad, de la política y de las ideas. Estoy muy agradecida a los que lucharon por dejarme a mí el mejor de los mundos, así que intento entender hacia dónde vamos y qué mundo les vamos a dejar a los que vienen después

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