Por José María Arévalo

(Piedad de Alejo de Vahía, siglo XV)
Hasta el 11 de abril, y en horario de martes a domingo, de 12 a 14 y de 17 a 20, la exposición “Vita Christi”, en la vallisoletana iglesia de Las Francesas, rinde homenaje al profesor Alejandro Rebollo, fallecido en agosto de 2019, y que fue el comisario de las cinco anteriores organizadas por la Junta de Cofradías de Semana Santa de Valladolid: ‘Signa Christi. Símbolos y emblemas de la Pasión’ (2015), ‘Nazarenus’ (2016), ‘Vera Icon’ (2017), ‘Stabat Mater’ (2018) y ‘Ecce Homo: el Hijo del Hombre’ (2019).
Se trata –comenta Europa Press- de una de las muestras que componen esta «atípica» Semana Santa, y que reúne algunas de las piezas más singulares y de mayor calidad de las citadas exposiciones de años precedentes, con algunas incorporaciones para la ocasión. De hecho, esta muestra estaba programada para las fechas previas de la Semana Santa de 2020 como homenaje al historiador Alejandro Rebollo, que había fallecido en el mes de agosto de 2019. Rebollo había comisariado las exposiciones que habitualmente pone en marcha la Junta de Cofradías de Valladolid con motivo de la Semana Santa desde el año 2015 hasta unos meses antes de su fallecimiento, por lo que Burrieza y la historiadora Blanca Mateo, comisarios de la actual, han diseñado un recorrido con algunas de las obras que Alejandro Rebollo seleccionó para las exposiciones que comisarió como colaborador de la JCSS en la última etapa de su vida.
Alejandro Rebollo
Cuando falleció Alejandro Rebollo escribí en estas páginas “Alejandro y Fredy, dos pérdidas para nuestra cultura”, el 20.09.19, en el que comentaba, de su fallecimiento y el de Fredy Mateos, también por aquellas fechas: “Que el Señor los tenga en su Gloria. De Alejandro no me queda la menor duda, como fiel que fue durante muchos años del Opus Dei, con un plan de vida intenso, con una dedicación total a la búsqueda de la santidad y al apostolado”. Y añadía: “Alejandro Rebollo, historiador del arte y del patrimonio de Valladolid, profesor de Historia del Arte de la UEMC, “enamorado de la ciudad y su Semana Santa” –como ha titulado la prensa- falleció a los 63 años el 13 de agosto en nuestra ciudad, tras un proceso canceroso. El profesor Javier Burrieza le dedicaba al día siguiente una amplia necrológica en El Norte de Castilla, que pasamos a reproducir completa por su gran interés:
“Muchas cosas nos tenía que contar todavía el historiador del arte Alejandro Rebollo, cuando falleció en nuestra ciudad, a los sesenta y tres años, con cuatro hijos. Era un profesor e investigador inquieto y apasionado, un creyente que transmitía, vocacionado desde sus estudios, preocupado por conservar el patrimonio artístico e histórico y por darlo a conocer didácticamente. Sus aportaciones fueron probadas desde su tesis doctoral bajo la dirección del maestro Juan José Martín González y se convirtió en toda una autoridad sobre la construcción urbanística del Valladolid renacentista y de su Plaza Mayor. Eso le condujo a prestar atención a los símbolos de identidad de la ciudad como su Escudo. La docencia la ha ejercido de manera muy amplia y con diferentes auditorios, desde los aplicados alumnos de la Universidad de la Experiencia, hasta la formación de profesionales en la explicación patrimonial del turismo, dentro de la Universidad Europea Miguel de Cervantes.

(Alejandro Rebollo explicando el Entierro de Juan de Juni)
Cofrade de la Vera Cruz, siempre será a través de sus obras una voz necesaria en el estudio de la Semana Santa, desde el arte, la dimensión turística e incluso el patrimonio fotográfico. Así lo plasmó en compañía de Nieves Sánchez Garre en «Imágenes y escenarios de la Semana Santa vallisoletana (1958-1984)». Pregonero y conferenciante pero, sobre todo, colaborador de la Junta de Semana Santa a través de las cinco exposiciones de las que fue comisario: Rebollo buscaba, perseguía en el olvido, impulsaba la restauración, explicaba, estudiaba, escribía en catálogos muy coordinados y trataba de proyectar y cambiar situaciones que no entendía y en las que no siempre tuvo éxito. Con todo, resulta indispensable leer esos títulos de las últimas exposiciones desde 2015, siempre tan sugerentes como las dedicadas a los emblemas de la Pasión («Signa Christi»); la iconografía del viacrucis («Nazarenus»); su imagen («Vera Icon»); la presencia de la Dolorosa («Stabat Mater») o la propia de Cristo («Ecce Homo»). Por dos veces tuvo que ser prolongada en el Museo Diocesano y Catedralicio, en 2016, la exposición «Corpus Christi. Historia y Celebración».
Pero todavía podemos encontrar otras realidades académicas como el manual «Historia del Arte y Patrimonio Cultural en España»; su entusiasmo por impulsar las tradiciones como el belenismo, sus colaboraciones en la veterana revista «Aleluya» y su Asociación vallisoletana. Rebollo se hubiese merecido un ambiente más cómodo de trabajo. Así, este hombre de gran cultura, de muchas lecturas, que sabía comunicar, enseñar e iluminar, se mostraba como un profesional generoso que nunca miraba el reloj. Todo un ejemplo para su familia y para los que aman el pasado y el arte. En los próximos meses, este admirador de san Felipe Neri, volverá a hablar desde la letra impresa cuando la Biblioteca de Autores Cristianos, publique las actas del último simposium sobre Isabel La Católica, a la que gustaba tanto estudiar. Espero que leyendo a Rebollo se sigan despertando inquietudes por siempre”.
La exposición
Con el título “Vita Christi”, se hace referencia a la popular obra de Ludolfo de Sajonia “el Cartujano”, publicada en el siglo XV, esencial para entender la corriente espiritual de la “devotio moderna” y los Ejercicios Espirituales de san Ignacio de Loyola.
Bajo este título encontramos esculturas, óleos o grabados, con un recorrido de más de cinco siglos. Joyas como `La Piedad’, de Alejo de Vahía, de hacia 1500, obra procedente de la parroquia de la Magdalena; un Cristo atado a la columna de Gregorio Fernández (1615, del Monasterio de la Concepción del Carmen. MM. Carmelitas Descalzas. Valladolid) y también de “la gubia del barroco” un Cristo crucificado de entre 1620 y 1625, del Santuario del Carmen Extramuros; un Ecce Homo de Juan de Juni, de hacia 1545 del Museo Catedralicio de Valladolid; o un busto de una Dolorosa de Pedro de Ávila de hacia 1718-1721, procedente del vallisoletano Monasterio del Santísimo Salvador de Santa Brígida. En pintura, se exhiben óleos del pintor flamenco Frans Francken II, de Simon de Vos, de los artistas barrocos Francisco Camilo o Diego Valentín Díaz, o de autores adscritos a la Escuela de Amberes.
Veamos algo de los cuatro capítulos en que se divide la exposición.
Capítulo I . Letras para la devoción
Todos los ejemplares de libros expuestos en este capítulo proceden de la Biblioteca del Real Colegio de los Ingleses de San Albano, excepto la Sagrada Biblia ilustrada, aportada por el Seminario Diocesano. Y así “VITA CHRISTI” de Ludolfo de Sajonia ‘El cartujano’,.ejemplar de 1580; “FLOS SANCTORUM”, de Alonso de Villegas, Toledo, 1588; otro FLOS SANCTORUM de R.P. Pedro de Ribadeyra de la Compañía de Jesús, de 1716, editado en Madrid, en la Imprenta Real por Joseph Rodríguez de Escobar. Y también una “Imitación de Christo”, de Thomas de Kempis, editado en Salamanca, 1616; y “ De los nombres de Cristo”, de Fray Luis de León, en tres libros. tercera impresión en la que se añade un nuevo libro y enmiendas, Salamanca, 1587. Y otros más.
En cuanto a piezas de arte expuestas en este capítulo I, citaremos CRISTO Y LA SAMARITANA, anónimo del s. XVIII, óleo sobre lienzo del Monasterio de la Visitación, MM. Salesas; Una CRUZ DE ALTAR RELICARIO, anónimo italiano h. 1600, de bronce dorado, madera de ébano e incrustaciones, del Monasterio de Nuestra Señora de Porta Coeli, MM. Dominicas; una VIRGEN DOLOROSA óleo sobre lienzo de Francisco Camilo, Segundo tercio del siglo XVII, del Real Colegio de los Ingleses de San Albano, etc.
Capítulo II. Una imagen de Cristo muy devoto

(Ecce Homo, círculo de Eugenio Cajés, s.XVII)
El capítulo “Una imagen de Cristo muy devoto” se inspira en las palabras de Teresa de Jesús: “Acaeciome que, entrando un día en el oratorio, vi una imagen que habían traído allá, que se había buscado para cierta fiesta que se hacía en casa. Era de Cristo muy llagado y tan devota que, en mirándola, toda me turbó de verle tal, porque representaba bien lo que pasó por nosotros”. Representa una espiritualidad de cercanía que tanta huella dejó en la iconografía del Ecce Homo, como Cristo sufriente, pero también en otros momentos en los que medita sobre su final, sobre su misión redentora, incluso desde su infancia.
En este capítulo se encuentran, entre otros, CRISTO SACERDOTE VESTIDO DE JESUITA óleo sobre lienzo de Diego Valentín Díaz, de la primera mitad del siglo XVII, de la Iglesia Parroquial de San Ildefonso; y el ya citado ECCE HOMO de Juan de Juni, de hacia 1545.
Capítulo III. La mirada de Cristo

(Sagrada familia, seguidor de Antoine Van Dyck , s.XVII)
Esta sección parte del Niño de Jesús del Oratorio de San Felipe Neri, que tenía su propia función y que siempre fue admirado por Alejandro Rebollo, para constituir un recorrido por la vida de Cristo. Desde su nacimiento y su infancia, se pasa por una espiritualidad tan representativa en su tiempo como la del círculo de Luis de Morales ‘el divino’ (representado aquí en tres obras), por una mirada a la vida familiar (buen ejemplo es la muerte de San José), por su condición de Mesías o desde la columna.
En este capítulo mencionamos el NIÑO JESÚS DE SAN FELIPE NERI, en madera policromada, atribuido a Pedro de Ávila, primer tercio del siglo XVIII, de la Iglesia Oratorio de San Felipe Neri; y La SAGRADA FAMILIA óleo sobre lienzo de un seguidor de Antoine Van Dyck, primer tercio del siglo XVII, traído del Monasterio de las Descalzas Reales, MM Clarisas.
Capítulo IV. Historia de La Pasión

( La última cena, anónimo del s.XVII)
La continuación natural del anterior capítulo es llegar a la temática de La Pasión, que aborda este último apartado de la exposición. Recorre los momentos esenciales de las meditaciones de fray Luis de Granada o de La Puente, se acerca a los Evangelios como fuente principal de esta iconografía (aunque no la única, como demuestran capítulos anteriores de esta exposición).
En este capítulo, LA ÚLTIMA CENA, óleo sobre lienzo, anónimo de principios del siglo XVII, del Monasterio de Nuestra Señora de Porta Coeli. MM. Dominicas; una AGONÍA EN EL HUERTO, óleo sobre lienzo anónimo, del primer cuarto siglo XVII, del Monasterio de Nuestra Señora de Porta Coeli. MM. Dominicas; y, entre otros, EL PASO DEL TORRENTE CEDRÓN óleo sobre cobre de Frans Francken II, hacia 1630, del Monasterio de la Concepción del Carmen. MM. Carmelitas Descalzas.
En fin, una magnífica exposición la de este año, a visitar con las cautelas recomendadas para evitar los contagios, que no impiden disfrutemos de tan geniales obras de nuestro patrimonio.