Por Carlos de Bustamante

(Escena taurina. Apunte de José María García Fernández, “Castilviejo”)
La edad no perdona. Os aseguro, mis improbables amigos lectores, que no recuerdo cómo ni por quién me llegó el artículo y autor, Felipe Benicio Albarrán, de este bello discurso que me sobrepasa. Será, digo, porque con noventa años a cuesta -¡casi un siglo- y la modernidad de estos inventos informáticos también sobrepasan mi intelecto,
Debidamente autorizado -gracias Felipe- lo reproduzco íntegro, en varios capítulos, por numerosas razones. La primera en importancia, es lo que para una mayoría de amigos lectores de nuestro blog pudiera resultar novedad: que, en cualquier oficio, carrera o profesión honestas, es posible y de singular provecho `hablar con Dios´. Ejemplo de lo dicho es este ingenioso diálogo que, en una reposada lectura, se comprende con claridad cómo el autor -gracias Felipe- huye de lo `carca´, para entablar respetuosas confidencias con un Dios muy cercano al ganadero y a multitud de aficionados al arte de Cúchares. Importante también, porque esta laudatio es un rotundo mentís a cuantos argumentos usan los animalistas en contra de un arte que respira nobleza por los cuatro costados. Aunque pudiera seguir… digo y no por último menos importante, porque nos brinda la ocasión de confirmar unas raíces taurinas tan arraigadas en nuestra Patria y en no pocos países cuyo icono bien podría ser nuestra misma piel de toro. No sería justo omitir que, burla burlando – que de burla -¡nada!-, Felipe Benicio nos da una lección magistral de que `o encontramos a Dios en nuestros trabajos y aficiones ordinarias o no lo encontraremos nunca´.
(Badajoz, viernes, 11 de junio del 2021).
(Texto de la `laudatio´ dictada Por Felipe Benicio Albarrán Vargas- Zúñiga).
En el homenaje tributado por el Excmo. Ayuntamiento de Badajoz a los ganaderos fallecidos en el año 2020 en la Feria ECUEXTRE: BORJA DOMECQ SOLÍS. D. CIPRIANO PÍRIZ BORRALLO. D. JOSÉ LUIS INIESTA VÁZQUEZ. D. ARCADIO ALBARRÁN OLEA. D. JOSÉ LUIS VASCONCELLO.
`-Ilmo. Sr. D. Francisco Javier Fragoso Martínez, alcalde-presidente del Excmo. Ayuntamiento de Badajoz. Ilma. Sra. Da. Blanca Subirán Pacheco, 3ª teniente de alcalde del Excmo. Ayuntamiento de Badajoz, y Concejal Delegada de IFEBA. Directora de IFEBA y organizadores de esta feria. Familiares de los homenajeados hoy. Amigos de las familias, aficionados, señoras y señores: Buenos días.
Sean mis primeras palabras para agradecer la oportunidad que se me brinda hoy para dirigirme a todos Vds. en este acto de homenaje. Para mí es un orgullo y un honor poder hacerlo´.
Y DIOS SE HIZO GANADERO…
“Andaba Dios dándole vueltas a la cabeza desde hacía tiempo. Sabía que, en el Cielo, que es ese ruedo en el que todos esperamos, tarde o temprano, tomar la alternativa de una vida sin final, había una buena baraja de ganaderos. Había visto Dios algunas corridas sin que nadie se enterara, porque Dios ve todo y más. Creo, incluso, que nos está viendo a nosotros en estos precisos momentos. No es que le entusiasmara mucho que se supiera en el Cielo que veía corridas a escondidas, que allí arriba hay gente de todo pelaje, y lo que menos desea Dios es que le formen alguna los que están en contra de la Fiesta. Porque entre los que no son partícipes de ella también hay buena gente, aunque a veces se dejan arrastrar por el tiro de mulillas pencas que, en más ocasiones de las deseadas, forman los voceros contrarios a todo lo que sea tradición y pasión, afición y emoción, santo y seña de esta tierra, curiosamente de forma de piel de toro, llamada España. Bueno, España y Portugal, que no se entiende la historia de una sin la otra, para bien o para mal, si es que algo malo las separó en algún momento, porque, salvo que me equivoque, es más lo bueno que nos une a lo largo de los siglos.
Bueno, sigo con Dios y su afición, que no deseo meterme en terrenos históricos que, por mano del diablo, puedan resultar pantanosos. Un día, un sabio ganadero, de los que marcaban los tiempos en sus tentaderos por nombres de vino, y así terminaba con el tinglado a “la Ina en punto”, vio a Dios escondido detrás de una de las columnas que sustentan la grada de la plaza celestial, a modo de Maestranza sevillana, o de la Plaza oliventina. Y no se pudo resistir el ganadero jerezano, Don Álvaro. Se lo pensó dos veces, o tres, y no se contuvo. Tocó a Dios en el hombro. Y Dios se dio la vuelta y se sonrojó ante quien fuera todo en el toro, y lo descubriera en su afición inconfesada:
-Señor, ¡qué alegría verte en estas lides!
-Calle, calle, Don Álvaro, que no se entere nadie, que la gente dejaría de estar atenta a lo que pasa en el ruedo. ¿No ve Vd., Don Álvaro, que torea Romero?
Por aquí hay quien dice que he dejado escapar a una legión de ángeles para que le mezan el capote. Pero como yo, de esto, no entiendo…
-Señor, tú sabes de todo.
-Bueno, Don Álvaro, de algunas cosas sabe Vd. más que yo. Y no me sea humilde, que lo mando al Purgatorio por falsa humildad.
Don Álvaro agachó la cabeza y se quitó el sombrero de ala ancha que formaba parte de su cabeza, si no su cabeza parte del propio sombrero. Y pronunció, sumiso, una frase a la que muchos recurrimos de vez en cuando:
-`Señor mío y Dios mío´.”
(Continuará)