Por José María Arévalo

(Vino Arribes)
La sabiduría francesa que riega viñedos de Las Arribes
Vi hace meses ya en La Gaceta Regional un reportaje que titulaba “Con tan solo 27 y 30 años, Melissa Comellas y Ángel García, enólogos e ingenieros agrónomos, rescatan del olvido tierras salmantinas para crear su propia bodega en La Fregeneda” que explicvaba cómo resulta inevitable relacionar Francia con el vino más refinado, destinado a los más gourmet, pero en el corazón de Las Arribes, y tras acumular una vasta experiencia en vendimias tanto españolas como francesas, una joven pareja ha decidido establecerse en Retortillo, y desde hace poco gestionan concienzudamente parcelas distribuidas por el oeste salmantino, la mayoría en San Felices de los Gallegos.
Tanto Ángel García como Melissa Comellas, de 30 y 27 años respectivamente, atesoran, a pesar de su juventud, los conocimientos intrínsecos a sus dobles titulaciones: Ingeniería Agrónoma y Enología. Aunque Ángel proviene de la Ciudad Condal, su familia tiene raíces salmantinas, y fue ese vínculo el que le llevó a descubrir los vinos de Las Arribes, destapando así todo su potencial. “Estudié en Barcelona, vine a Salamanca a hacer un máster y conocía todo esto; empecé a trabajar en una bodega de aquí mientras estudiaba”, explica Ángel, remontándose al origen de esta aventura. Sin embargo, fue en Francia don de estudiaría finalmente Enología y conocería a Melissa Comellas, madrileña con raíces francesas, la pareja con la que formaría un tándem perfecto para el proyecto que actualmente aflora entre los vinos Denominación de Origen de Las Arribes.
“A Melissa le empezó a nacer también la inquietud del vino, esa espinita”, un detonante que sería decisivo. Llegó, inexorablemente, el momento de decidir qué camino tomar: quedarse en Francia, acumulando más experiencia en viñedos, o comenzar una andadura en tierras arribeñas. “Mi bisabuelo tenía una viña en Retortillo, la cual hemos replantado con la variedad Juan García, que es precisamente como se llamaba mi abuelo”.
Como si de una señal se tratase, y lo que empezó con una barrica “experimental” en 2018, ha terminado por convertirse en un plan de vida apoyado en unas siete hectáreas, más de treinta variedades de uvas, y una bodega de la que saldrán, según los cálculos, unas ocho mil botellas de vino ecológico. La bodega debe su nombre, además, a la historia de San Felices de los Gallegos: “Dominio del Noveno”, un nombre que alude al asfixiante tributo que los agricultores debían pagar antaño, y de cuya liberación surgió la característica fiesta. “Algún día me gustaría hacer vino aquí”, pensó para sus adentros Ángel cuando descubrió lo que considera “un tesoro”. Más que eso: “un tesoro increíble, un súper tesoro”, enfatiza. “A veces no sabemos valorar lo que tenemos”.
La prueba está, sin ir más lejos, en que en Champagne, por ejemplo, a los visitantes se les muestra con orgullo los viñedos a la foule, que no es otro sino el que precisamente aquí se encuentra a mansalva. “Se trata de tener variedades mezcladas, eso a la gente de aquí le parece caótico, que no vale, y allí lo enseñan como si fuera algo muy especial”.
La bodega de Ángel y Melissa, en una antigua quesería de La Fregeneda, podría, con paciencia y trabajo, llevar la marca de Las Arribes a todo el mundo. “Aquí no es fácil, vendemos sobre todo a Barcelona y Madrid”. La visión es que el producto hable por sí solo, y poner en valor, recalca, el vino de Las Arribes. Un viaje con meta en los orígenes Ambos amantes del vino y expertos en la materia han trabajado en viñedos de Francia y España, y además de iniciar este proyecto a largo plazo, se dedican a la consultoría de bodegas, por lo que viajan a menudo, y están a caballo entre Retortillo y Madrid. Llegaron, de hecho, a gestionar su primer producto, aquella barrica de prueba, desde Francia. “Fue complicado”, recuerda Ángel.
Pero el proyecto estaba encima de la mesa, y todo lo aprendido les permite extrapolar técnicas. La vida es apacible, y los vecinos de la zona muestran interés por estos dos emprendedores. “Vienen mucho a curiosear y a preguntar qué tal va la cosa”. Entre sus principios está el impulso de un vino con la mínima intervención: “tan solo gas carbónico y justo antes del embotellado, sulfitos”, y voilà, vino arribeño.
Un microclima en el que prosperan distintos tipos de frutales
Al igual que en Guijuelo las condiciones de humedad y temperatura son idóneas para el jamón, en Las Arribes existe una atmósfera inusitada y propicia para los cultivos, no solo el de vid. San Felices de los Gallegos o Fermoselle son algunos de los términos municipales en los que la pareja tiene ya sus cultivos. Pero es en La Fregeneda donde poseen la bodega, precisamente en un entorno en el que conviven naranjos, olivos, viñedos y almendros. Este pueblo fronterizo con Portugal goza de un clima suave debido a su altitud de 600 metros. Las temperaturas medias son superiores a 6 grados en enero y a 28 en julio: las más elevadas de Castilla y León. Además, las lluvias son también más generosas. La ausencia de heladas, por otra parte, contribuye al cultivo de frutas semitropicales como naranjas o limones, propios del mediterráneo.
La perspectiva la realidad crecer poco a poco y unificar
El proyecto a largo plazo está claro para la pareja: vivir en el mismo lugar en el que tienen la bodega. “Queremos hacer una casa en el mismo lugar en el que tenemos la bodega, para tener todo junto”, afirma. Esto facilitaría mucho el día a día. Para bregar contra el concepto de vino natural, en el que Ángel asegura que se escudan los vinos avinagrados, estos emprendedores huyen del término para centrarse en el de ecológico, y desarrollan vinos tintos y blancos, lobato y sinérgico.
Tanto Melissa como Ángel, que se dedican a la consultoría a bodegas, después de una dilatada experiencia en viñedos de Burdeos o Borgoña, deben compaginar sus funciones de asesoría con su incipiente sueño, por lo que se mueven entre la provincia salmantina y Madrid.
Ángel asegura que promocionar el producto en la provincia es más complicado. “No se valora lo suficiente”. Contra todo pronóstico, concentran su clientela en grandes ciudades, y países como Francia o Italia.
Un año muy bueno de uva en ‘Arribes’
La Gaceta entrevistaba a Thyge Jensen Presidente de la D.O. “Arribes”. “ El 2022 fue un año muy bueno de uva en ‘Arribes’ pero no como lo fue el 2021”. ·Sobre el 10 de octubre del 22 terminaban de vendimiar las 22 bodegas que pertenecen a la Denominación de Origen Arribes”.
Danés, licenciado en Economía por la Universidad de Copenghague, se instaló en Arribes en el año 2016 después de estudiar en Alicante sobre el vino, enamorarse allí de España y buscar una zona donde elaborar. Seis años después, el pasado febrero, fue elegido presidente de la Denominación y ahora vive su vendimia como máximo representante del Consejo Regulador ‘Arribes’. Es viticultor y tiene su propia bodega en Fermoselle.
– ¿Cómo lleva su primera vendimia como presidente?
—El presidente no tiene mucho que hacer en la vendimia, mantuvimos las normas. Venimos de 2021, que fue un año muy bueno para ‘Arribes’ y el 2022 creo que sorprendió porque con todas las olas de calor al final hay bastantes uvas y pensé que serían bastantes menos.
– ¿Igual que ocurre en otras zonas la uva sí es de calidad?
—El 22 fue un año bueno pero no como el 2021. El tiempo influye mucho, pero en las cepas viejas no influye tanto como en las jóvenes. Lo bueno del 22 año es que tuvimos las nuevas variedades y hay que aprender a jugar con ellas, son distintas. Yo con la Puesta en Cruz hago un vino naranja y eso para mí es una buena solución. Es un vino que se hace con uvas blancas pero se produce parecido al vino tinto. Aquí hay bastantes vinos naranjas caseros.
– ¿Qué hace un danés como presidente de ‘Arribes’?
—(Se ríe) Sí, es muy curioso, claro. Soy presidente porque tengo mucha confianza en la zona porque tenemos variedades que no hay en el resto de España, muchas de tintos y blancos y salen vinos muy diferentes, no es como en otras zonas.
– Cuando tomó posesión se marcó como uno de sus objetivos promocionar ‘Arribes’ en el exterior. ¿Le ha dado tiempo?
—En 2023 mi intención era promocionar la zona fuera de España pero es algo que depende del pleno, yo no mando. La idea es ir a fer ias fuera de España porque ‘Arribes’ nunca ha estado pero lo que diga el pleno.
– En Dinamarca ha contado que no hay tradición de vinos.
—No hay tradición allí y por eso estoy en España pero sí hay mucho consumo. Y yo estudié allí Economía y el vino. Creo que los daneses en un futuro, con el cambio climático, tendrán más viñas.
– En ‘Arribes’, ¿se adaptan ya al cambio climático?
—Creo que habrá más años como este y, claro, cada bodega tiene su experiencia con el cambio. La vendimia ha sido en las fechas habituales pero las uvas y cepas han sufrido durante el verano. Viticultores y bodegas pensarán cómo ajustar el trabajo en la viña. Para mí, pero es una opinión personal, es mejor tener menos racimos en cada cepa con este calor, pero es mi experiencia personal. La gente está vendimiando ahora, seguro que se verá.
– ¿Se ha reunido ya con el consejero de Agricultura de Castilla y León?
—Tenemos contacto con la Junta porque el Instituto Tecnológico Agrario de Castilla y León tiene una viña experimental en Villarino de los Aires y han hecho muy buen trabajo con las variedades.
– ¿Cree que después de reconocer las últimas cinco -Gajo Arroba, Mandón, Bastardillo Chico, Tinto Jeromo y Puesta en Cruz- que se añaden a las otras 10, ¿quedan aún por descubrir?
—Creo que todavía puede haber algunas pocas en las viñas viejas que aún pudieran estar identificadas. Pero ya la mayoría lo están.
– En cuanto al nombre de la Denominación, nació como ‘Arribes del Duero’ y se quedó en ‘Arribes’ por una sentencia del Tribunal Superior de Justicia en la que se le dio la razón a ‘Ribera del Duero’ por el uso del nombre del río que comparten. ¿Es partidario de recuperar la denominación inicial?
—Es un tema para el pleno. Tengo mi opinión pero tiene que ser el pleno quien lo decida. Lo hablaremos.
-¿En Dinamarca suena el nombre del río Duero?
—’Ribera del Duero’ se conoce.
– Llama la atención que en ‘Arribes’ sean más los viticultores de otros países que se hayan asentado, ¿le sorprende?
—En “Toro” también ha venido gente de Francia… creo que en casi todas las zonas hay gente de fuera elaborando vinos. Es un mundo internacional y mucha gente tiene la pasión de hacer vino. Para la gente es muy importante tener un proyecto donde tiene el corazón. Luego la zona de Arribes es muy bonita, no nos falta de nada, tenemos de todo. Tenemos uvas para el futuro y uvas que el mercado demanda y podemos hacer vinos muy divertidos. Tenemos viñas viejas, aunque es más caro trabajarlas que en zonas como ‘Rueda’ o ‘Toro’.