Paisajes de Giménez Olavarría en el MUVa

Por José María Arévalo

(GIRASOLES EN TRASPINEDO | 2024, Óleo sobre lienzo, 92 x 65 cm)

Primera exposición de este año 2025 en la sala de exposiciones de la Colección de Historia y Arte del MUVa (Edificio Rector Tejerina, Plaza Santa Cruz 6) titulada «Pinturas del natural», y dedicada a la obra del pintor Pablo Giménez Olavarría (Valladolid, 1972), paisajista de relativo realismo tanto en el campo como en el paisaje urbano, con temas muy vallisoletanos, tan conocidos como el Campo Grande, el pinar, o un campo de girasoles. Inaugurada el jueves 27 de febrero, estará abierta hasta el viernes 11 de abril.

Escribe en el catálogo Irune Fiz Fuertes, Directora del Museo de la Universidad de Valladolid: “Un artista plástico se expresa principalmente a través de su mente, a través de sus creaciones. Aun así, cuando estas nos fascinan, como es el caso, siempre queremos saber más, por eso le pedimos a Pablo Giménez Olavarría unas pocas palabras que precedieran a sus obras en este catálogo que tienes ahora en tus manos. De su texto, me quedo con su esfuerzo por entender lo que tiene delante. Al fin y al cabo, él se sitúa ante paisajes conocidos por todos: el Campo Grande, los pinares, los campos de amapolas o girasoles, pero a través de su mirada, a través de su pincel, nos parecen mejores, de una belleza casi desconocida. Y en Valladolid, seamos sinceros, estamos bastante necesitados de esa mirada sobre nosotros mismos.

(ROSAS | 2024, Óleo sobre lienzo, 30 x 30 cm)

Esto no significa que Pablo idealice la realidad. Su mirada no es aduladora: ni quita ni pone nada, pero nos recuerda que mirar es un acto que demanda paciencia y sensibilidad. Todo, bien mirado, puede ser bello, incluso una cocina destartalada, o un depósito de agua; pero necesitamos a artistas como Pablo que nos traduzcan lo cotidiano para que el resto podamos acceder a esa visión.

Hay una larga tradición de representación del paisaje castellano desde el siglo XIX, aunque el que más huella ha dejado en nuestro imaginario es el paisaje soleado y adusto, encarnado en lo pictórico por García Lesmes, y continuado, entre otros, por Cuadrado Lomas, quien, pese a su renovación plástica, siguió la estela noventayochista de la representación de la inmensidad y sobriedad del campo castellano. Los paisajes de Pablo Giménez no se limitan a esta visión del territorio ni son literarios. En todo caso, si se quieren buscar analogías con otras disciplinas, habría que pensar en la música, por sus armonías cromáticas, que busca en cualquier estación del año y a cualquier hora del día, desde el alba hasta el ocaso, pero siempre en contacto directo con la naturaleza.

(PINAR | 2025, Óleo sobre lienzo, 81 x 65 cm)

Y es que su obra se construye desde la observación atenta de la luz, el color y la atmósfera de cada lugar. No es casual que prefiera trabajar al aire libre, enfrentándose a los cambios de luz y a la fugacidad del instante. En este proceso, no hay lugar para la reproducción mecánica o la reconstrucción en el estudio: cada cuadro nace de una experiencia real, de un tiempo vivido, de una relación auténtica con el entorno. Y cuando se traza esa conexión con la naturaleza, ocurre que los mismos lugares revisitados una y otra vez son fuente inagotable de nuevas sensaciones, y le permiten al artista pintar un universo propio, forjado la mayoría del tiempo en solitario.

(SIMANCAS | 2024. Óleo sobre lienzo.100 x 65 c)

Dice Pablo Giménez que después de este arduo trabajo por comprender lo que tiene delante, no es frecuente conseguirlo, aunque creo que se equivoca, como evidencia su trabajo. Así que, después de todo, quizá él también necesite nuestra mirada, la contemplación del espectador, para cerrar el círculo y demostrar con nuestra admiración que sí ha sido capaz de transmitirnos parte de las emociones que él siente”.

(COCINA | 2023. Óleo sobre lienzo.100 x 100 c)

El catálogo recoge también un texto titulado “ALGUNAS PALABRAS SOBRE EL PAISAJE”, del pintor Luis Paltré: “Cuando hablamos de la pintura de paisaje hemos de admitir que sus límites son muy amplios, incluso difusos. El paisaje, en efecto, puede ser concebido desde una vista panorámica, hasta una humilde flor, puede representar la acción del hombre, o no… Pero de lo que no puede prescindir es de la emoción que despierta en la sensibilidad del artista el contacto directo con la naturaleza, entendida ésta como lugar.

(CAMPO GRANDE | 2024. Óleo sobre lienzo. 33 x 22 cm)

La historia del género del paisaje nos habla del poco interés, en general, que a lo largo de los siglos despertó, si no en los artistas, sí en el público. El entorno natural aparece en la pintura como el lugar donde ocurren cosas, no como el motivo intrínseco de una obra. El paisaje es en muchos casos un mero escenario donde se desarrolla la acción, pero por sí mismo carece de importancia para el artista.

(FUENTE DE LA FAMA | 2024. Óleo sobre lienzo. 21 x 29 cm)

Aunque Alberto Durero pasa por ser el primer artista en concebir la posibilidad de un paisaje como obra de arte autónoma, es la burguesía holandesa, ya en el siglo XVII, la que por primera vez demanda una pintura específica del paisaje. Durante el romanticismo cobra fuerza y se convierte en el medio para expresar un estado de ánimo, dando lugar a una representación totalmente subjetiva, que conduce a un paisaje fantástico alejado cada vez más de la realidad. El Impresionismo, convierte el entorno, por primera vez, en un motivo pictórico plenamente autónomo. El tema ya no es lo que ocurre en el entorno, es el entorno mismo. El tema es la luz en las distintas horas del día. El pintor sale al exterior y tiene que enfrentarse a los caprichos de la naturaleza, a la luz cambiante, al viento, a la lluvia…

 

El paisaje, denostado como divertimento de aficionados, y convertido en parte en un subgénero gracias a la llamada “pintura rápida”, es tan amplio que da cabida a infinitas lecturas, desde el hiperrealismo a la abstracción.

(PINAR | 2025, Óleo sobre lienzo, 81 x 65 cm)

Aunque la fotografía es un instrumento más para el pintor, es en la pintura de paisaje donde menos sentido tiene su uso, pues no puede transmitir la vibración cambiante de cada lugar. Es a través del contacto directo del pintor con la naturaleza, cómo ésta se muestra en todo su esplendor, desplegando un sinfín de sugerencias que emocionan al artista.

(SIMANCAS | 2024. Óleo sobre lienzo.100 x 65 c)

Creo que la pintura de Pablo Giménez, presente en esta muestra, refleja con sensibilidad nuestro punto de vista. Nos habla de la emoción que provoca la luz en un determinado lugar, la luz cambiante y fugaz que no permite más que una síntesis de color, sin la atención al detalle que ofrece una simple fotografía. No hay que olvidar que la pintura no es una imagen plana de tamaño variable como la fotografía o la pantalla del ordenador, el cuadro es un objeto especifico que tiene sus propios códigos −tamaño, escala, texturas…− y que su lectura y apreciación deben provenir de la contemplación en directo de la obra. Su pintura nos habla con sinceridad, a través de acertadas combinaciones cromáticas y atrevidas texturas, de la emoción que suscita la naturaleza sentida del natural.

 

Por su parte, el propio Pablo Giménez escribe: “Pinto las cosas que me atraen, seguramente para intentar saber por qué me atraen. Me gusta tenerlas delante, cerca. No es fácil estar mirando algo durante dos, quince, cincuenta o cien horas, sólo mirando. Si lo pintas, es fácil, estás con ello, te llegas a relacionar. Pintar algo te permite mirarlo, mucho, y eso es como tener otro sentido.

Puede que la pintura no sea todo lo buena que uno espera, casi siempre es así, pero por lo menos se ha mirado con atención y se ha hecho el esfuerzo de entenderlo, y las pocas veces que esto sucede, o por lo menos que el pintor cree que sucede, como un chispazo de clarividencia, la sensación es única.

Me gusta mucho estar en el campo, y por eso, pintar en el campo me parece maravilloso. Todo lo que pueda tener de incómodo, el frío, el calor, el viento, el sol, las moscas, se desvanece cuando pinto. A cambio, la naturaleza me lo da todo en forma de emoción. Sólo espero que algo de esa emoción os la pueda contar en estas pinturas.”

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Tres foramontanos en Valladolid

Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

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