Por José María Arévalo

(Un visitante, ante una escultura de Baltasar Lobo y el lienzo ‘El dorado’, de Carlos León)
“El Herreriano desempolva los «buques insignia» de la Colección Arte Contemporáneo”, titula El Norte de Castilla un buen artículo de Jesús Bombín sobre la muestra ‘Es solo una sensación’ con la que el museo celebra los 25 años de la cesión del fondo artístico de una docena de empresas. Esta exposición podrá verse hasta el 18 de mayo de 2026
Ya he comentado en estas páginas varias veces que lo mejor de nuestro Museo Patio Herrerano es su colección de base, cedida por un grupo de empresas hace ahora 25 años, en una cesión temporal que se renueva cada tres años y que alguna vez ha estado a punto de no renovarse, con la alarma general, debido no recuerdo si a discutidas decisiones de la dirección del museo que no gustaron a los propietarios de la colección o precisamente a la elección de una nueva dirección, o al debate sobre la independencia que debía tener el museo.
Lo cierto es que tenemos una buena colección de base, que ahora se pone de manifiesto con motivo de la celebración de 25 años de su cesión, las bodas de plata de la cesión de ese fondo que recoge la vanguardia artística española, y lo hace con la exposición ‘Es solo una sensación’.
La muestra reúne, en palabras de Javier Hontoria, director del museo, a algunos de los «buques insignia» de la colección, «muchos de los cuales hace tiempo que no se veían». En cuatro salas (0, 3, 4 y 5) se pueden contemplar creaciones de artistas de diferentes generaciones y contextos como Carlos León, Baltasar Lobo, Cristina Iglesias, Soledad Sevilla, Eusebio Sempere, Jordi Colomer, Elena Asins, Adolfo Schlosser, Nacho Criado, Joaquim Chancho, Luis Fernández, Sergio Prego, Rosa Brun o Manolo Calvo.

(Aspecto de la muestra)
Recuerda Jesús Bombín que en el año 2000 el Ayuntamiento de Valladolid y la Asociación Colección Arte Contemporáneo firmaron un acuerdo por el que el fondo artístico de un grupo de empresas quedaría depositado en el Museo Patio Herreriano. Dos años después el museo abrió sus puertas al público exhibiendo el patrimonio de la asociación, integrada en la actualidad por una decena de firmas propietarias de las obras de arte.
«Tenemos una colección fastuosa, sensacional, con obra de los mejores artistas en sus mejores momentos», expuso Hontoria en la explicación de la muestra. «El esquema conceptual de la muestra quiere de alguna manera huir del relato, pero luego nos topamos con la frustración de que por mucho que queramos callar, al final se acaba siempre contando algo. Vivimos inundados de imágenes, parece que el arte es un mero ilustrador de una historieta que alguien se inventa. Es algo cansino en muchos casos, pero es muy difícil eludir plenamente el relato y conseguir no contar nada».
El minimalismo preside las obras reunidas en la sala 3 con creaciones, entre otros artistas, de Chancho, Soledad Sevilla, Eusebio Sempere, Jordi Teixidor o Juan Luis Moraza, donde se adivina más una apuesta por la seducción rítmica y cromática que por la voz enmudecida del arte minimalista.. En un pasillo se ha instalado una escultura de Eva Lootz, y una monumental estructura de Cristina Iglesias en hierro y alabastro preside una sala 4 donde se impone la reflexión sobre las estructuras que controlan el espacio.
En la sala 0 recoge dos obras de temática política, el audiovisual Pegasus dance, de Fernando Sánchez Castillo, y Ciudad Universitaria, un gouache sobre papel de José Caballero. El minimalismo las piezas escogidas para la sala 3, ya en la segunda planta del Museo, con obras de Soledad Sevilla, En la sala 4, obras de artistas de diferentes generaciones y contextos, desde Jaime de la Jara hasta Cristina Iglesias, desde Sergio Prego hasta el Equipo 57, con los colores ocres dominando, y espacios en conflicto entre sí. Y la muestra concluye en la sala 5, donde la apariencia es «más terrosa, más telúrica», con algunos de los grandes clásicos como Schlosser.
La muestra se podrá ver durante todo un año, hasta el 18 de mayo de 2026.