“Golpe de mandíbula”, de José Antonio Vera; “Estas son las quince medidas que ha anunciado Pedro Sánchez en el Congreso para acabar con la corrupción en España”, de El Confidencial; “El Gobierno agranda y esconde el agujero de las pensiones”, de Jesús Rivasés; “Puente llama `hipócrita´ a Page y le lanza los escándalos de corrupción de la era de Felipe González”, de Alberto, Ruiz; y “Un congreso de Feijóo a la medida de Abascal pero salvado por Sánchez”, de Federico Jiménez Losantos

(Viñeta de Puebla en ABC el pasado día 10)
GOLPE DE MANDÍBULA
Artículo de José Antonio Vera publicado en La Razón el pasado día 10
Ayer Feijóo asestó un golpe a Sánchez que le descuadró el maxilar. Un gancho de mandíbula de esos que pueden ser letales cuando se dan en el punto exacto del nocaut, provocando descarga del sistema nervioso con afectación general. Así se quedó el jefe del Gobierno, noqueado, quijada apretada a punto de rechinar, cuando el líder de la oposición rompió el tabú de los negocios de prostitución de los que él mismo se habría beneficiado en tanto que marido de Begoña Gómez. «¿De qué prostíbulos ha vivido usted?», le espetó el gallego en referencia al dinero que el padre de su cónyuge consiguió con las saunas que sirvieron presuntamente para pagar la casa de 700.000 mil euros en la que Sánchez y su esposa vivieron antes de trasladarse a la Moncloa. Golpe bajo, sonó en la bancada socialista. Gancho certero, pensaron los demás.
Por razones desconocidas, el business prostibular de su familia había quedado hasta ahora fuera del debate político, pese a la jactancia con la que la bancada sanchista se atribuye el honor de estar combatiendo la prostitución en este país. Combate que quedaba en entredicho con las visas de los ERE, el historial del Tito Berni y las andanzas de Ábalos, pero que suena a farsa total si se suma la actividad lucrativa en el comercio de furcias de los locales de ambiente de Sabiniano Gómez.
Le recordó Feijóo a los asociados, ayer más blandengues que nunca, que el debate sobre la corrupción es también un debate «moral», ante el que no deberían prevalecer los intereses espurios de la política diaria. Pero de nada sirvió. Feijóo ganó con claridad con una intervención durísima con la que destrozó al monclovita, instándole a que «confiese lo que sabe, ayude a devolver el botín y convoque elecciones». Pero Pedro, consumido y escuálido, salió del trance gracias a que sus socios de Gobierno estuvieron completamente descafeinados, pese al derroche de amenazas que habían soltado en las vísperas. Por ejemplo, Yolanda. Se le fue toda la fuerza en el programa de Alsina, y ayer se derritió en elogios hacia su presidente, destacando su «honradez», y agradeciéndole que le comprara alguna de las medidas cosméticas que anunció el timonel, se supone que para no cumplirlas, como todas las anteriores. Yolanda volvió a defraudar en fondo y forma, escenificando una pose ridícula al sentarse en los escaños de Sumar, y no en el banco azul. Pero sobre todo por dedicarse a desviar el escándalo de los cerdanes hacia las viejas corruptelas del PP, como si la corrupción de la Gürtel valiese para justificar la de los viajeros del Peugeot.
Defraudó Yolanda y también Rufián, con el peor discurso parlamentario que se le recuerda. El de ERC echó ayer por tierra su merecida fama de portavoz mordaz, con un teatrillo inofensivo para salvar a Sánchez de la debacle, en plena convicción de que «tenemos que aprovechar el poco tiempo que nos queda». Y vaya si lo hizo. Apenas se ganó el jornal la representante del PNV, Maribel Vaquero, que le pidió a Pedro que respondiera algunas preguntas básicas, del tipo: ¿por qué motivo destituyó a Ábalos?, ¿cuándo se enteró de su corrupción? Sánchez ni se inmutó, porque había ido al Congreso a pasar el expediente, por lo que la novísima portavoz nacionalista le recordó que sólo tiene tres opciones: cuestión de confianza, dimitir poniendo a otro o elecciones generales.
Sánchez se dijo para sí que tiene una opción más clara aún: quedarse en la Moncloa y hacer oídos sordos a cuanto le dicen unos y otros. Con tales asociados, hay Sánchez para otro rato.
ESTAS SON LAS QUINCE MEDIDAS QUE HA ANUNCIADO PEDRO SÁNCHEZ EN EL CONGRESO PARA ACABAR CON LA CORRUPCIÓN EN ESPAÑA
Artículo de El Confidencial publicado en su web el pasado día 9
Comparecencia Pedro Sánchez, hoy: el presidente afronta su día más duro en el Congreso. Golpe anticorrupción de Pedro Sánchez: el presidente relató esta mañana en el Congreso la entrada en vigor de un paquete de quince medidas que, según sus propias palabras, supone «el mayor impulso contra la corrupción en décadas» y coloca a España en la vanguardia europea.
Rodeado de los focos que proyecta el caso Cerdán y tras confesar que llegó a plantearse la dimisión, el jefe del Ejecutivo defendió en el pleno del Congreso –con el hemiciclo repleto y el ala derecha a la ofensiva– que «tirar la toalla nunca es una opción».
La hoja de ruta, elaborada mano a mano con la OCDE y Sumar, se articula en cinco grandes ejes que tocan administración, empresas, partidos y ciudadanía, con la promesa de cumplir «hasta la última palabra».
Prevención y controles más duros
Agencia de Integridad independiente, extensión del modelo Next Generation a toda la Administración y uso de algoritmos para radiografiar contratos son las primeras bazas del bloque de prevención, que incluye también auditorías externas obligatorias a partidos y fundaciones con subvenciones superiores a 50.000 euros.
El Gobierno quiere blindarse con Inteligencia Artificial que detecte patrones anómalos, exigir sistemas de compliance a las empresas que aspiren a contratos públicos y someter cada año a los altos cargos a controles patrimoniales aleatorios.
Protección para los denunciantes
El segundo frente se centra en la protección de quienes se atreven a denunciar: canales internos obligatorios, anonimato asegurado y asistencia legal para garantizar que nadie pague un precio por proteger al denunciante.
Justicia especializada y rápida
En investigación y justicia, el Ejecutivo promete crear secciones especializadas, reforzar la Fiscalía y activar juicios exprés para cargos públicos, duplicando plazos de prescripción y endureciendo las penas contra la Administración.
Castigo a empresas y partidos
El cuarto eje incorpora listas negras que vetarán a las empresas condenadas, multas calculadas sobre ingresos anuales y decomiso administrativo preventivo para recuperar bienes robados incluso antes de la sentencia.
Por último, el Ejecutivo desplegará sondeos anuales, campañas educativas y programas formativos para funcionarios con el propósito de sembrar una cultura de integridad que arraigue a largo plazo.
La OCDE auditará el plan con revisiones periódicas y monitorizará su eficacia, lo que Sánchez interpreta como un aval externo frente a los escépticos; el objetivo es sujetar a España a auditorías bienales que midan resultados.
Oposición en guardia: mientras el PSOE defendía la iniciativa, Vox volvió a abandonar el hemiciclo y el PP tachó el anuncio de «maquillaje» legislativo, señal de que la batalla por la limpieza democrática apenas comienza.
EL GOBIERNO AGRANDA Y ESCONDE EL AGUJERO DE LAS PENSIONES
Artículo de Jesús Rivasés publicado en La Razón el pasado día 7
El Gobierno de Pedro Sánchez sigue adelante con su política de maquillaje de las cuentas de la Seguridad Social, hasta el extremo de que anuncia un superávit de 3.222 millones de euros en los cuatro primeros meses del año, cuando en realidad hay un déficit de 8.507, según se deduce de los datos publicados el pasado lunes, 30 de junio, por la Intervención General de Administración del Estado (IGAE). «A finales de abril de 2025 –afirma de forma textual el informe de la IGAE, de libre acceso en la web–, el subsector Fondos de la Seguridad Social ha obtenido un superávit de 3.222 millones, equivalente al 0,19% del PIB, mientras que en 2024 tuvo un déficit de 61 millones. Esta evolución, se debe a un aumento de los ingresos del 10,7% superior en 4,4 puntos porcentuales al avance del 6,3% del gasto».
El ejercicio de contabilidad creativa que hacen el Gobierno y, por delegación, la IGAE, es notable y es muy probable que no llegue a superar, más adelante, el escrutinio de los técnicos de la Comisión Europea que preside Ursula von der Leyen. La trampa es tan simple como burda, aunque la vicepresidenta y ministra de Hacienda, María Jesús Montero, y la de Seguridad Social, la navarra Elma Saiz, piensen que pueden convencer a casi todo el mundo. Todo se reduce a un juego contable, justificado con un real decreto aprobado el 19 de febrero y que, para muchos, pasó inadvertido.
La Seguridad Social, sobre todo por el pago de las pensiones, gasta más de lo que ingresa todos los meses desde hace años
La Seguridad Social, sobre todo por el pago de las pensiones, gasta más de lo que ingresa todos los meses desde hace años. Para cuadrar las cuentas el déficit se cubría con un préstamo que el Estado concedía a la Seguridad Social, que lo tenía que reflejar en sus cuentas como una deuda, que ya ronda los 120.000 millones de euros y que es difícil que llegue a devolverla algún día. Para evitar que ese debe se engorde, el Gobierno decidió inventar una fórmula consistente en entregar una serie de cantidades todos los meses a la Seguridad Social y considerarlas, desde el punto de vista de la contabilidad pública, como «transferencias», es decir, aportaciones de dinero sin nada a cambio que no computan en el déficit público. El real decreto del 19 de febrero estableció que esas entregas se considerarían ingresos de la Seguridad Social. Pueden denominarse como se desee, pero no son más que regalos de la Administración, a costa de los impuestos de todos los españoles.
Cuentas maquilladas
La Seguridad Social, en los cuatro primeros meses del año –son los últimos datos disponibles– tuvo unos ingresos de 81.701 millones de euros y unos gastos de 78.479 millones, lo que arroja un saldo positivo de 3.222 millones, que es del que presume el Gobierno. Nadie lo dice, pero lo que aparece nítido en los informes de la IGAE es que en los ingresos se contabilizan 11.729 millones de «transferencias» –de regalo– del Estado, ya que los ingresos corrientes, por cotizaciones, suman 69.541 millones, a los que habría que añadir 521 millones de otros conceptos. Es decir, los ingresos reales de la Seguridad Social en el periodo enero-abril fueron 69.972 millones, es decir, 11.729 millones menos que los ingresos corrientes. El resultado real es un déficit de 8.507 millones y cualquier otra interpretación, por mucho real decreto que haya por medio, es una manipulación tan burda que repele a la inteligencia.
La deuda de la Seguridad Social con el Estado ronda ya los 120.000 millones de euros y es difícil que llegue a devolverla algún día
Eso no significa que sea ilegítima, pero es tramposa, porque impide la constatación de que las cotizaciones sociales son insuficientes para cubrir las prestaciones –pensiones sobre todo– de la Seguridad Social y que no hay nada en el horizonte que permita pensar que va a ser diferente en el futuro. Todo lo contrario, la jubilación de las generaciones del «baby boom», unido a que los nuevos cotizantes lo hacen, en su gran mayoría, con salarios incluso inferiores a las pensiones, auguran un futuro muy negro –casi imposible– para un mínimo equilibrio del sistema de la Seguridad Social y su viabilidad.
Por supuesto resulta ridículo, como dice el informe de la IGAE, comparar el teórico déficit de la Seguridad Social de 61 millones de euros en el periodo enero-abril de 2024, con el ficticio superávit de 3.222 millones del mismo periodo de 2025. Todo ello sin olvidar que en esos meses de 2024 ya se contabilizaron como ingresos 8.118 millones en transferencias. Todavía más ridículo es concluir que los ingresos han aumentado un 10,7% en los cuatro primeros meses de este año, mientras que los gastos solo lo han hecho un 6,3%. Todo es contabilidad creativa elevada a su máximo exponente.
En definitiva, el déficit de la Seguridad Social existe y sigue al alza mes tras mes, agrandando el agujero de las pensiones, pero el Gobierno lo esconde una y otra vez con trampas contables y trucos legislativos.
PUENTE LLAMA «HIPÓCRITA» A PAGE Y LE LANZA LOS ESCÁNDALOS DE CORRUPCIÓN DE LA ERA DE FELIPE GONZÁLEZ
Artículo de Alberto, Ruiz publicado en La Razón el pasado día 6
El Comité Federal del PSOE ha vibrado este sábado por los encontronazos entre distintos miembros de la organización. En particular, por las declaraciones públicas que Emiliano García-Page, presidente de Castilla-La Mancha y uno de los barones más díscolos con Sánchez hizo esta mañana, dando a su secretario general dos opciones: o someterse a una moción de confianza o convocar elecciones anticipadas.
A Page ya le han respondido ministros como Pilar Alegría o Ángel Víctor Torres. Pero el que más duro ha sido en sus términos ha sido el Ministro de Transportes, Óscar Puente, que le ha ‘tirado’ a Page incluso los escándalos de corrupción de la era de Felipe González, como el caso Roldán o el de los GAL.
Insultos
En su intervención, Puente ha llegado a tildar a Page de «hipócrita», lo que ha irritado al verso suelto socialista. A lo largo de la tarde, otros ministros como Alegría o Torres han reivindicado que el partido tiene sus órganos internos para tratar esa diferencia de opiniones o que la gran mayoría en la organización todavía respalda a Pedro Sánchez.
Cabe recordar que Puente ha reprochado también a Page sus palabras de días anteriores. Esta semana, el barón aseguró que «algunos no saben ni siquiera si van a cumplir el fin de semana en el mismo cargo o van a seguir en política», «o si van a estar libres de poder andar por la calle o van a tener que verse en una cárcel».
Artículo en: https://www.msn.com/es-es/noticias/espana/puente-llama-hip%C3%B3crita-a-page-y-le-lanza-los-esc%C3%A1ndalos-de-corrupci%C3%B3n-de-la-era-de-felipe-gonz%C3%A1lez/ar-AA1I24UP?ocid=msedgntp&pc=HCTS&cvid=8438cea66a48477bb8adfb1ad7dd0f75&ei=129
UN CONGRESO DE FEIJÓO A LA MEDIDA DE ABASCAL PERO SALVADO POR SÁNCHEZ
Artículo de Federico Jiménez Losantos publicado en Libertad Digital el pasado día 6
La gran justificación de la existencia del PP es Sánchez, y el déspota no falló. Alberto Núñez Feijóo ha hecho un congreso a su medida, con algo de romería de partido, enorme empanada ideológica y, al entrar a matar, un metisaca, apenas un pinchazo hondo, insuficiente para la exigente plaza de Madrid. Se anunció como congreso de ideas para el rearme ideológico del PP, un contrato con los españoles dirigido a los votantes de las próximas elecciones generales. Anuncio pronto desmentido por los encargados de la ponencia política, ninguno de los cuales se ha jugado nunca nada por una idea, ni ha escrito un libro, ni siquiera de los que a uno le escriben. Alguien lo resumió así: Juanma Moreno ponía las ideas y Ayuso las sillas, pero todo quedó a expensas del dedazo del presidente, que es infalible por definición. Si hasta Sánchez es infalible en el PSOE, ¿cómo no serlo Feijoo en el PP?
Un vertiginoso ataque de continuidad
Hace ya meses corrió la especie de la sustitución de Cuca Gamarra por Miguel Tellado en la secretaría general del partido, gesto que no halló resistencia apreciable, así como el ascenso de Ester Muñoz en el siempre apetecido escaparate parlamentario. Pero esto fue antes del informe de la UCO sobre Santos Cerdán, ahora en la cárcel, y la cascada de revelaciones sobre la frenética actividad delictiva de los más próximos a Sánchez. Como se veía venir una legislatura bronca, con el déspota aferrado a la poltrona, no parecía mal elegida la pareja, aunque la mejor oradora fuera Cayetana. Pero como Tellado es muy cayetanista, se suponía que iba a repartir juego. La incógnita era la de la renovación del PP, anunciada a bombo y platillo, y se despejó al empezar el congreso, aunque no en los términos que se creía.
La continuidad era vertiginosa. Seguía el portavoz del partido, Borja Semper, también Bendodo, también Alicia García en el Senado, y por tanto Arenas, y Noelia Núñez bajaba la media de edad y mantenía el reto digital, sea eso lo que sea. La eterna Carmen Fúnez cambiaba de silla, no de poder, y para vigilar a Juan Bravo, como en 1996 Aznar colocó a Montoro para vigilar a Rato, Feijóo rescataba a uno de los Nadal, un sorayista de garrafón al que nadie acusará de liberal sin faltar gravemente a la verdad. O sea, un secante de Juan Bravo. ¿Y qué había de nuevo? Alma Ezcurra, que hace los textos centristas de la Fundación XXI, la de confianza de Feijóo. Su tarea no era fácil: frenar el liberalismo y mantener el sueño del pacto con Junts y el PNV, para llegar al poder cuanto antes, sin tener que pasar por las urnas.
O sea, que el congreso de la renovación sólo reverdecía el fracasado consuelo tras las elecciones generales del 2023: confiar en que Puigdemont rompiera con Sánchez. González Pons, gran plusmarca del error, dijo que Junts, el del golpe de Estado de 2017, era «impecablemente democrático». Pero, vista la resistencia a la enmienda de Alejandro Fernández, lo que se dilucidaba era mantener o no la ensoñación del pacto con el separatismo. Al final, no se condenó el pacto, pero tampoco se proclamó deseable. Triunfo del catenaccio, tan detestable en el fútbol como en la política, traducido en la proclamación centrista de la derecha, que nadie sabe lo que significa, salvo los maricomplejines de la Derecha, y que, como dogma acolchado y blandito, Feijóo, antes del congreso, proclamó sacratísimo e inapelable.
El protagonismo de Rajoy, un regalo para Vox
Sin embargo, fue llamativo en congreso tan controlado el enorme protagonismo de Aznar, y, sobre todo, el de Rajoy, un regalo para Vox. Al cabo, Abascal era del partido de Aznar, pero Rajoy era la viva imagen de la cobardía ideológica, la torpeza política y la tolerancia con la corrupción. La tentación del voto útil contra Sánchez, que es la gran baza del PP, se aventó como un mal sueño viendo a Rajoy lamiéndose las heridas de la moción de Ábalos y Sánchez que lo echó del Gobierno. Ni pidió perdón por el golpe de Cataluña, ni por el bolso de Soraya que ocupó su escaño ni por haber roto el partido echando a los liberales y a los conservadores. La debilidad de Feijóo por Rajoy sólo se explica por una idea caciquil del partido y de la política, que es lo que ha apartado del PP a una parte del voto de derechas.
Como remate, se invitó a Casado, para apuñalar a alguien como en su día a Ayuso, y la presidenta de Madrid, que estaba en los USA cuando se le invitó, lo sintió como lo que era, una puñalada y si llega a aparecer por Ifema el ahora comisionista de armas, el PP de Madrid no hubiera acudido y el partido se habría roto por el eje. Fue una prueba de irresponsabilidad mayúscula de la nueva dirección, preferir la unidad de la empresa al valor de la renovación. El daño es estructural: Feijóo aparecía como el PP de los complejos y las traiciones, al que tres millones de españoles no vuelven a votar, porque no se deja. En realidad, el PP ni lo ha intentado. Habló de recuperar los diez millones de votos, pero está más cómodo en el centro, como si fuera equiparable la distancia que le separa de Abascal con la que le aleja radicalmente de Sánchez, Pumpido, Sumar, Bildu, Junts y demás.
Al final, las primarias, el voto por militante o por delegado, desaparecieron del Congreso, como los pactos con el nacionalismo, gracias a una redacción algodonosa e imprecisa. Nadie quería reñir y quedar ante el partido como el malo de la familia, así que todos fingieron aceptarlo todo, para que pudiera votarse por aclamación, Se matizó la sensación de oxidada continuidad al cooptar Feijóo a Cayetana, que, después de Ayuso, fue la más aplaudida. No iba a serlo Cuca, o Bendodo, o Semper, o Fúnez, o los del Verano Azul Pactada o impuesta la continuidad, sin concesión alguna al debate interno, el congreso se tornó eucarístico, con Feijóo oficiando como sumo sacerdote del culto verdadero, aunque inconfesable, de la política, que es el del Poder. En la votación, sacó el 99, 45% de los votos. Más les vale a esos decimales que no se entere Tellado de quiénes rechazaron la comunión con el líder.
La aportación decisiva de Sánchez al Congreso del PP
El Congreso habría quedado como otra oportunidad perdida por el PP para renovarse, una victoria aplastante de los chanquetes de Génova 13, de la burocracia sobre las ideas y valores que son la razón de ser del PP. Un fervorín de puertas para adentro, donde todos caben si se portan bien, hasta Mazón, que no ha podido portarse peor y al que Feijóo abraza en público, para humillarse a sí mismo y a sus votantes. Mazón es la omertá de partido.
Pero la gran justificación de la existencia del PP es Sánchez, y el déspota no falló. Mientras el sábado los congresistas se hacían selfis, el Comité Federal del PSOE les obsequiaba con la dimisión por denuncias de abusos sexuales del cuarto mosquepedro, Salazar, puesto por Sánchez para vigilar a la sucesora de Santos Cerdán, una ignota consejera de Ximo Puig, que, para variar, también tiene cuentas pendientes con la Justicia, por su participación en las andanzas financieras de la Trama del recluso Cerdán.
La víspera, para reparar el daño que se supone causan en las mujeres las costumbres prostibularias del PSOE, Sánchez se dejó besuquear y aplaudir por unas cuantas militantes. Imagen paupérrima, a juego con el propósito moral que animaba el encuentro. Y que sin duda merecía lo que pasó apenas publicado el nombre del agraciado con la pedrea del partido: un medio cercano a Podemos aireó la existencia de denuncias de empleadas del partido contra los abusos y acosos de su jefe, el tal Salazar. A puerta cerrada, se discutió acremente si el amigo del Amo debía dimitir o no valía la pena buscar a otro que, quién sabe, podría ser igual. O de otra, que podía ser como Armengol u Oltra, responsables de abusos a menores tuteladas. Al final, se le hizo dimitir, pese a no haber sentencia condenatoria, aceptando de hecho que el sexo de pago o por fuerza es normal en el PSOE sanchista. Total, que si el fervorín partidista, la unanimidad aguachirlada y la eterna renovación de la continuidad no arrojaban un saldo del congreso favorable, aparte el alarde de disciplina que se supone premia el votante, ahí estaba el recuerdo de la necesidad de echar a Sánchez como sea. Y Sánchez no falló. Qué sería de la oposición sin este Gobierno. Pero es la nuestra, la que hay. La yunta es mala de solemnidad, pero con estos bueyes hay que arar.