“La moda de «lo católico»”, de Juan Manuel de Prada; “Marruecos coloca al PP en su diana: `Está multiplicando las provocaciones y las maniobras parlamentarias´”, de Francisco Carrión; “Mentira, obsesión y ecolalia presidencial”, de Irene Camacho; y “Togas de quita y pon y periodistas de chasco en chasco”, de Federico Jiménez Losantos

(“Las orugas del PSOE”,viñeta de Tomás Serrano en El Español el pasado día 19)
LA MODA DE «LO CATÓLICO»
Artículo de Juan Manuel de Prada publicado en ABC el pasado día 18
Como enseñaba Chesterton, la Iglesia siempre está pasada de moda porque es sensata.
Han sido muchos los cronistas que, en las últimas semanas, a rebufo del lanzamiento del nuevo disco de la cantante Rosalía, o del estreno de la película triunfadora en el festival de San Sebastián, han divagado sobre una suerte de «regreso a la espiritualidad» y hasta de «despertar católico»; y no han faltado quienes –más osados aún– vinculan este presunto despertar con la «rebeldía» de una nueva generación que ha descubierto que proclamarse católico es el «nuevo punk». Todo este zurriburri conceptual, tan delator de la frivolidad bajuna de nuestros currinches, ha sido sin embargo muy celebrado y glosado desde ámbitos próximos al catolicismo ‘pompier’, siempre tan propensos al pensamiento ilusorio o desiderativo.
Los domingos, la película de Aluda Ruiz de Azúa ganadora de la Concha de Oro, trata sobre una adolescente que anuncia a su familia su deseo de entrar en un convento de clausura. Resulta, desde luego, llamativo que la vocación religiosa de la muchacha no sea tratada de forma ensañadamente burlona (como por lo común ocurre en películas españolas recientes) y que la Iglesia no sea caricaturizada burdamente como una institución pérfida; pero la película no pretende indagar en la vocación religiosa, ni en la naturaleza de la fe, sino más bien en las debilidades, inseguridades, miserias y problemas de incomunicación de una familia que reacciona ante la noticia de las formas más variadas. En cuanto al disco de Rosalía, se ha presentado con una portada en la que la célebre cantante aparece con una toca blanca, como de novicia (aunque también con una rara prenda que envuelve y casi oprime su cuerpo, al modo de una mortaja o camisa de fuerza); y en el vídeo de alguna de sus canciones aparecen símbolos propios de la iconografía cristiana (algunos, por cierto, con un uso muy poco devoto, como los crucifijos que adornan los zapatos de la cantante) que, más que un «despertar católico», nos han recordado la utilización de la estética religiosa con fines comerciales que la cantante Madonna llevó hasta el paroxismo en su disco ‘Like a Prayer’, donde diversas canciones –empezando por la que daba título al álbum– estaban llenas de irreverencias.
No parece, sin embargo, que esa sea la intención de Rosalía, quien en alguna entrevista se ha referido a sus inquietudes religiosas, que parecen sinceras aunque embarulladas. Pero, en cualquier caso, la utilización de imaginería católica no creemos que pueda interpretarse, como han hecho algunos cronistas apresurados, como una señal de que ‘lo católico’ está de moda. Artistas españoles que han utilizado la imaginería católica de forma superficial o meramente esteticista los ha habido siempre a porrillo, también los que la han utilizado de forma jocosa o incluso blasfema (pensemos en Almodóvar o Buñuel). Aunque, siendo sinceros, mucho más temible sería que, en efecto, ‘lo católico’ estuviese de moda, pues –como nos enseña Wilde– «la moda es una forma de fealdad tan intolerable que tenemos que alterarla cada seis meses». Una ‘moda católica’ tiene que tratarse necesariamente de una falsificación de la fe católica, que adopta fachadas esteticistas o emotivistas que no sean otra cosa sino la instauración de una espiritualidad pastichera; o sea, el triunfo más refinado y astuto del nihilismo que se ha adueñado de la cultura occidental.
Ocurre, sin embargo, que entre los jóvenes crece el rechazo hacia el vacío religioso sobre el que se fundan las caducas sociedades occidentales (que es la causa última de su decadencia cada vez más indisimulable). Cuando extirpamos la inquietud religiosa de nuestro horizonte vital todo parece en un principio una fiesta, pues es como si de repente se hubiesen abolido las «limitaciones a nuestra libertad»; pero pasado un tiempo descubrimos que aquellas ‘limitaciones’ hacían nuestra vida plenamente humana, y que allá donde se instaura el vacío religioso se retuercen las serpientes de la angustia: crece el consumo de ansiolíticos, se dispara el número de suicidios, se desbaratan y agostan las familias, se pervierte la afectividad, etcétera. Las generaciones más jóvenes son hijas de ese desahucio provocado por el vacío religioso que se instauró en España hace décadas, con la golosina de abolir las «limitaciones a nuestra libertad»; y ahora brota en ellas un espontáneo movimiento reactivo que a veces se queda en mera provocación o aspaviento de rebeldía frente a las bazofias ideológicas que les han inoculado en vena, un aspaviento pinturero en el que pueden alternarse los toros (sobre todo si los torea Morante), las castañuelas y la Virgen, a imitación de aquel título delirante de Ernesto Giménez Caballero. Pero también hay jóvenes que experimentan el vacío religioso impuesto por el ethos ambiental como una amputación insoportable que tratan de remediar acudiendo a la religión de sus ancestros (la religión que sus padres convirtieron en una ruina abandonada). Y para encauzar esta insatisfacción de nuestros jóvenes hacia los rediles sistémicos se están cocinando diversas imposturas religiosas de tipo puramente emotivista que presentan ‘lo católico’ como una ‘moda’ a la que pueden apuntarse, como quien se apunta a los batidos de proteína o a los pantalones de talle bajo.
Pero, como nos enseñaba Chesterton, la Iglesia siempre está pasada de moda porque es sensata; siempre parece estar atrasada, cuando en realidad está adelantada a su tiempo. La Iglesia es la única realidad que libra al hombre de la degradante esclavitud de ser un hijo de su época; cuando ‘lo católico’ se convierte en una ‘moda’ o en un ‘nuevo punk’ es, simplemente, porque se trata de una falsificación, aunque sea una falsificación bendecida por el catolicismo ‘pompier’. O precisamente por ello mismo.
MARRUECOS COLOCA AL PP EN SU DIANA: “ESTÁ MULTIPLICANDO LAS PROVOCACIONES Y LAS MANIOBRAS PARLAMENTARIAS”
Artículo de Francisco Carrión publicado en El Independiente el pasado día 18
Marruecos vuelve a situar al Partido Popular en el centro de su diana en una semana marcada por una batería de iniciativas parlamentarias que, según interpreta el reino alauí, buscan «erosionar» la política exterior del Gobierno de Pedro Sánchez y exhibir la soledad de su histórico giro en el contencioso del Sáhara Occidental, de cuya ocupación ilegal por parte de Marruecos se acaba de cumplir medio siglo.
El portavoz de esta ira del régimen alauí hacia Génova 13 parte del diario digital Le360, propiedad de Mohamed Mounir Majidi, secretario personal del rey Mohamed VI. Con inusitada virulencia, el digital marroquí denuncia lo que considera “provocaciones”, “maniobras parlamentarias” y un “reflejo colonial herido” de los populares. “El Partido Popular, principal formación de la oposición en el país vecino del norte, lanzó una ofensiva diplomática, mediática y política contra Marruecos. Esta secuencia no es improvisada ni anodina. Reúne una iniciativa parlamentaria dirigida contra la posición oficial del Estado español, un discurso jurídico-humanitario instrumentalizado, una puesta en escena política en Melilla, una hostilidad comercial hacia los productos marroquíes y un recurso al delicado tema de la soberanía sobre Ceuta y Melilla”, señala el rotativo.
Campaña contra el PP
Y agrega: “El PP no defiende a España. Se empeña en luchar contra una realidad que ya le ha superado”. El detonante inmediato ha sido la doble ofensiva parlamentaria que el PP protagoniza esta semana en la Cámara Baja. Ayer lunes la Comisión de Cooperación al Desarrollo aprobó una iniciativa popular que insta al Gobierno a “respetar el derecho internacional y las resoluciones de la ONU” en las actuaciones relativas a la ex provincia española ocupada por Marruecos y cumplir con los Presupuestos Generales del Estado y la partida extraordinaria de 7 millones de euros destinada a los refugiados saharauis en un momento de creciente carestía en los campamentos, con la malnutrición y el retraso del crecimiento infantil al alza. A la proposición se sumaron todos los partidos salvo PSOE, que terminó absteniéndose aunque avanzó que votaría en contra.
Este martes la Comisión de Exteriores vota una segunda Proposición No de Ley del PP que pide adoptar “medidas diplomáticas y políticas para restablecer las relaciones plenas con Argelia”, deterioradas desde que en 2022 Sánchez se alineara con la propuesta de autonomía marroquí para el Sáhara Occidental. La iniciativa insta al Ejecutivo “restablecer el diálogo político con Argelia y reforzar los contactos diplomáticos a todos los niveles”; “recuperar la posición histórica de neutralidad activa de España respecto a la cuestión del Sáhara Occidental”; “apoyar activamente los trabajos de la Misión de las Naciones Unidas para el Referéndum del Sáhara Occidental (MINURSO)”; e “impulsar la reactivación del Tratado de Amistad, Buena Vecindad y Cooperación con Argelia, fomentando la cooperación económica, energética y en materia de seguridad”.
El desplazamiento a Melilla se presentó como un acto de defensa de la ‘soberanía española’
Los lazos actuales con Argelia siguen siendo modestos. El ministro de Exteriores, el socialista José Manuel Albares, no ha viajado aún a Argel después de un intento que quedó frustrado tras tratar de imponer la agenda a su homólogo argelino. En octubre, en mitad de un incremento de las llegadas migratorias desde la costa argelina a Baleares, el titular de Interior Fernando Grande-Marlaska visitó a su homólogo en la capital argelina en un gesto de tímido deshielo. La iniciativa popular podría ser aprobada con el apoyo de los socios de coalición y legislatura del PSOE, dejando otra vez al descubierto la desconexión con los socialistas en su política en el Magreb. “Dada la relevancia de Argelia como proveedor energético y su papel en la estabilidad regional, España debe trabajar en la normalización de las relaciones bilaterales, restableciendo la confianza y garantizando mayor transparencia en la toma de decisiones diplomáticas y políticas. La política exterior española debe priorizar la recuperación y fortalecimiento de la relación con Argelia, promoviendo el diálogo y la cooperación en beneficio mutuo”, apunta el texto propuesto por los populares.
A ojos de Marruecos, la secuencia no es accidental. Se produce en plena conmemoración del cincuenta aniversario de la Marcha Verde, la ocupación ilegal del entonces Sáhara Español, y apenas dos semanas después de una resolución del Consejo de Seguridad de la ONU que prioriza el plan de autonomía marroquí, sin descartar otras propuestas, incidiendo en el derecho a la autodeterminación del pueblo saharaui y la necesidad de “un acuerdo mutuamente aceptable” sin condiciones previas. Rabat considera el gesto deñ PP como un intento de “contrarrestar la dinámica internacional favorable a Marruecos”.
La pieza de Le360 acusa de una “estrategia de confrontación” del PP que mezclaría “agitación soberanista en torno a Ceuta y Melilla”, “instrumentalización humanitaria” o presión económica, por su llamada a respetar las sentencias del Tribunal de Justicia de la UE que tumbaron los acuerdos agrícola y pesquero de la UE con Marruecos.
Melilla como escenario y advertencia
Uno de los gestos que más irritación ha producido en Rabat fue el desplazamiento de Feijóo a Melilla para celebrar allí una reunión del comité de dirección del partido el pasado 10 de noviembre. Desde la ciudad autónoma, Feijóo se comprometió a “europeizar” Melilla y asegurar la colaboración de Frontex con las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado en el control de las fronteras. “Melilla es frontera española y europea y su protección no es opcional ni negociable”, aseveró.
La protección de la soberanía y la integridad territorial fue uno de los cuatro compromisos que anuncó en su discurso, subrayando que “Melilla es y será España” y necesita una mayor presencia de las fuerzas de seguridad para proteger a la población y al territorio. Feijóo prometió reforzar la presencia en Melilla y en Ceuta de la Unión Europea y de las instituciones del Estado, equiparando ambas ciudades autónomas a las regiones ultraperiféricas con su reconocimiento como “territorios prioritarios” para que puedan gestionar los fondos de cohesión. “Esos fondos, bien invertidos con un plan estratégico a medio plazo y a largo plazo podrán conseguir que Melilla sea una hermosa ciudad europea”, ha dicho. “Melilla tendrá prioridad porque la ha tenido siempre con los gobiernos del PP, la ha tenido con Aznar y con Rajoy, y también la tendrá conmigo”, deslizó.
La soberbia marroquí es muy irritante. Y nuestra posición es la correcta: no hemos cambiado nada. Lo que pasa es que, como contrasta con el viraje de Sánchez, parece más dura
Unas declaraciones que la prensa oficialista marroquí considera “una provocación simbólica”. “El desplazamiento a Melilla se presentó como un acto de defensa de la ‘soberanía española’, con un discurso que insistía en que Ceuta y Melilla son ciudades españolas y europeas y que es necesario reforzar la presencia institucional y de seguridad en ellas. El mensaje no está dirigido a Marruecos, sino a la opinión pública interna. Se trata de sugerir que el actual ejecutivo no protege suficientemente estos enclaves y que Marruecos constituiría una amenaza subyacente”, esbozan desde el otro lado del Estrecho.
El Sáhara vuelve al centro del ring
El PP es consciente de esta ira cada vez mayor del establishment marroquí, el que visualiza el majzén -el círculo del rey y el que gobierna “de facto” el país- a través de sus órganos de comunicación. Le360 dedicó ayer su caricatura del día a Feijóo transfigurado en un maltrecho Quijote a lomos de un burro que defeca a las puerta de la fortaleza marroquí. “El PP español: ilusiones pasadas como estrategia contra Marruecos”, lleva por título el dibujo. En privado, fuentes del PP consultadas reconocen la irritación en Rabat: “Están muy picados. La soberbia marroquí es muy irritante. Y nuestra posición es la correcta: no hemos cambiado nada. Lo que pasa es que, como contrasta con el viraje de Sánchez, parece más dura”, deslizan.
La propuesta no de ley que el PP defenderá en la Comisión de Exteriores retoma dos líneas rojas para Rabat: el retorno a la “neutralidad activa” y la reactivación del Tratado de Amistad con Argelia, suspendido en 2022 tras el giro de Sánchez hacia la autonomía marroquí. A eso se suma el otro texto ya aprobado que reclama que España “defienda en el seno de la UE” el respeto a las sentencias del TJUE que anulan acuerdos agrícolas y pesqueros entre Bruselas y Rabat por incluir al Sáhara Occidental y que va en sintonía con las declaraciones de eurodiputados como Carmen Crespo o presidentes autonómico como el murciano Fernando López Miras y las mociones aprobadas por el PP en ayuntamientos de Murcia y Andalucía en contra de reeditar un acuerdo pesquero y agrícola al que se oponen las principales organizaciones agrícolas españolas.
Rabat, de momento, ha optado por no elevar el tono más allá del artículo. La consigna —según fuentes del partido Istiqlal, que hace meses pidió por carta a Feijóo que rectificara— es dejar que el PP “se aísle diplomáticamente”. En Rabat consideran que el PP no conseguirá revertir la posición oficial de España a pesar de que su giro exhiba una y otra vez la soledad parlamentaria del PSOE. Su alineamiento con el régimen marroquí ni siquiera es entendido por sus propios socios de legislatura. Ayer en la Comisión de Exteriores Toni Valero, de Sumar, censuró el volantazo del PSOE y reconoció que “dificulta” la salida al conflicto del Sáhara, del que España sigue siendo potencia administradora de ‘iure’. “Hace falta más compromiso. No se puede aceptar la reforma de los acuerdos agrario y pesquero de la UE con Marruecos sin respetar al Frente Polisario ni se puede aceptar el plan de autonomía de Marruecos”.
MENTIRA, OBSESIÓN Y ECOLALIA PRESIDENCIAL
Artículo de Irene Camacho publicado en Vozpópuli el pasado día 17
Reconozco que no tenía la menor idea de lo que es la ecolalia, pero resulta ser una afección que aqueja a personas capaces de repetir continuamente las mismas expresiones, bien porque las tienen dentro rondando constantemente la cabeza, bien porque se las escuchan a otros. Según la RAE, es una “perturbación del lenguaje que consiste en repetir el enfermo involuntariamente una palabra o frase que acaba de pronunciar él mismo u otra persona en su presencia”. Denota un trastorno compulsivo, casi obsesivo, y entre su tipología existe la llamada ecolalia diferida, que se produce cuando la persona repite palabras o frases después de un período de tiempo, que puede ser minutos, horas, o incluso días más tarde. Lo cierto es que llevo tiempo preguntándome qué puede llevar al presidente del Gobierno a repetir sistemáticamente, día sí y día no, que agotará la legislatura, que habrá elecciones generales en 2027, no antes, y que será el candidato. En los últimos días lo ha hecho varias veces. En Europa, en la entrevista que publicó ‘El País’ en la que Sánchez aprovechó para su dosis semanal de ‘lawfare’ contra el Tribunal Supremo, y también el miércoles, en el Congreso. ¿Por qué esa insistencia martilleante?
Como mero ejercicio de entretenimiento consulté a una de esas inteligencias artificiales que ahora se regalan como antes los periódicos regalaban vajillas. Y responde esto cuando se le pregunta si alguien que repite muchas veces una misma expresión demuestra seguridad en sí mismo: “Una persona segura de sí misma se muestra capaz y no duda de sus habilidades, pero la repetición constante puede ser un síntoma de ansiedad o de una necesidad de control, especialmente si se acompaña de un pensamiento rumiante y repetitivo”. Puede valer para el caso.
Me pregunto el porqué de esa obsesión enfermiza de reiterar que no habrá elecciones cuando su voz carece ya de valor creíble y cuando cada una de sus palabras es una estafa premeditada y alevosa. Demasiadas veces ha demostrado decir lo contrario de lo que piensa y hacer lo contrario de lo que dice. Sánchez nunca midió los tiempos en términos políticos sino personales. Pero eso no es nuevo. El ejemplo de la amnistía es paradigmático.
Primera premisa. Año 2022. Sánchez, Calvo, Illa, Campo… todos afirman taxativamente que la amnistía es inviable, inconstitucional e ilegal. Segunda premisa. 2023. Hacen falta siete votos de Junts para gobernar. Tercera premisa. Hay que crear el relato de que la amnistía puede ser legal, y la autoamnistía también, ¿por qué no? Cuarta premisa. 2024. Basta con un vuelco opinativo y una ley aprobada en el Parlamento y ya entonces todo es legal. Quinta premisa. 2025. Euforia orgásmica en el Gobierno porque el abogado general de la UE sostenga que es legal hoy lo mismo que para el PSOE y para cualquiera era ilegal ayer. Primera conclusión. O Sánchez mentía antes o miente ahora. En cualquiera de los dos casos nuestra democracia se asienta sobre la voluntad de un mentiroso. Segunda conclusión. Con amigos como Europa, para qué necesita enemigos la democracia española. Y tercera conclusión. Alguien toma por idiota a alguien. Basta un simple ejercicio de ecolalia compulsiva, basta un Parlamento que se traiciona a sí mismo con idéntica obsesión enfermiza, y basta una Europa incapaz de defender la democracia de agresiones autoinfligidas para que lo azul sea rojo y lo rojo sea azul sin más razón que la voluntad personal de un resiliente obsesivo frente a la lógica que él mismo había impuesto. El Tribunal europeo decidirá al respecto porque no todo está aún sentenciado, pero la coartada para que Europa zurre la badana de nuestra democracia, como hizo con la euroorden, con lo etarras o con la doctrina Parot, ya está escrita.
Hacer pronósticos homogéneos, regulares y concluyentes con un ciclotímico de libro como Sánchez es inviable. No responde a ninguno de los cánones clásicos de la política. Es imprevisible, inmanejable. Ha convertido en un guiñapo a Puigdemont, que parece no haberse dado cuenta aún de que es ya un objeto inservible. Sánchez seguirá con él o sin él porque ya es irrelevante. Si acaso, podrá aspirar a ir de número dos de Sílvia Orriols por Palafrugell o así. Que Junts llame cínico a Sánchez es un oxímoron. Sánchez manejará su destino y punto. Pero nadie se convierte en un modernito de camiseta negra y chupa que “bebe mucho” de las propuestas musicales de Radio 3, ni en un ‘tiktokero’ de pro, ni en un crítico musical, ni en un populista literario si no pensase realmente en convocar elecciones y en dar un vuelco a su devaluada imagen. Y sobre todo, si no supiese que está hundido en las encuestas y necesita remontar, o que el voto joven se hace ‘facha’, o que pasará a la historia, ¡toma nota Maxim!, como el presidente que no aprobó ni un solo presupuesto en toda una legislatura. Y que así no aguanta.
Repetir y repetir que no convocará elecciones hasta 2027 puede ser verdad o mentira. Ni él mismo lo debe saber. Solo espera un claro en la tormenta si es que surge… y si es que le conviene. Pero nadie necesita repetir constantemente una misma idea si en el fondo no le plantea una mínima duda. No necesita incidir tanto en lo obvio. Y si las elecciones son en 2027, si Moncloa va a soportar este suplicio hasta 2027, y si hay legislatura sin Parlamento vivo hasta 2027, ¿para qué ratificar lo evidente cada dos días? El punto de compulsión en la mentira ya ha llegado a afectarle personalmente. Sánchez ha fraguado su poder sobre la base mentir a todos, incluso a los que le rodean. La novedad es que ahora encubre su inseguridad mintiéndose a sí mismo. De ahí esta absurda ecolalia para sugestionarse y autoconvencerse de que debe aguantar hasta 2027 como si fuese un reto personal, un ridículo juego de rol o una apuesta de domingo.
Esto ya no va de política. Va de desentrañar hasta qué punto se ha propuesto desguazar la democracia y de entender que cuando mantiene una cosa (elecciones en 2027) es porque realmente ya está en cálculos de otra (adelantarlas en su minuto de audacia). Sirva un dato objetivo. Desde 2018, en que alcanzó la Moncloa, ni una sola vez ha completado la legislatura, y en su psique los precedentes cuentan. Y otro dato objetivo: la ecolalia tiene poca cura. Artículo en: https://www.msn.com/es-es/noticias/espana/mentira-obsesi%C3%B3n-y-ecolalia-presidencial/ar-AA1Qzmii?ocid=msedgntp&pc=HCTS&cvid=691ad34819e94e1ea4c0c966e742abfe&ei=36
TOGAS DE QUITA Y PON Y PERIODISTAS DE CHASCO EN CHASCO
Artículo de Federico Jiménez Losantos publicado en Libertad Digital el pasado día 16
Hasta el final de la legislatura nos espera un Gobierno convertido en régimen, con juicios paralelos televisados y el equipo de opinión sincronizada tronando a todas horas.
La imagen del fiscal general del Estado quitándose la toga para sentarse en el banquillo, burlándose así de la igualdad de los españoles ante la Ley y del propio Tribunal Supremo, que permitió ese baile de disfraces, ha quedado como la síntesis del golpe de Estado de Sánchez, en lo que a la Justicia se refiere. Lo ha sido por su indudable impacto estético y por su aparente novedad ética, ya que nadie, se nos ha dicho y repetido, se había vestido de abogado antes de declarar como imputado. ¿Nadie, nunca?
El precedente de Felipe González
Ha pasado mucho tiempo y la gente, sobre todo en el periodismo, se olvida de casi todo; y si perjudica al PSOE, más. Felipe González también se puso la toga al declarar por los crímenes del GAL. El juicio fue a puerta cerrada, pero la astucia del fotógrafo de El Mundo desveló cómo alguien con el título de abogado, pero sin más experiencia que unos meses como laboralista, dejó claro a los jueces que él no era un ciudadano o justiciable cualquiera. La puesta en escena intimidatoria fue idéntica e idéntico el fin.
Lo distinto es que, esta vez, el juicio no ha sido a puerta cerrada, y que la principal acusación ha sido la del Colegio de Abogados de Madrid. Nada que ver, pues, con la malhadada sesión que evocábamos de Mister X. Aquí, el togado Ortiz se enfrentaba a la denuncia del Colegio de las Togas, amén del rechazo de todas las asociaciones judiciales, también las fiscales, que le pidieron que dimitiera antes de dar un espectáculo más propio de una dictadura bananera que de un régimen democrático de la Unión Europea.
Le dio exactamente igual, Ortiz montó el número y dejó la imagen de la fiscalía, de la Abogacía del Estado y la propia administración de Justicia muy por debajo del betún que, entre desechos, puebla las alcantarillas. En rigor, lo que ha quedado como desecho inservible es el Estado de Derecho. Y no solamente por mantenerse en el cargo y portarse como un macarra, al estilo de su jefe, en sus declaraciones, sino porque el argumento al que han reducido la defensa ha sido puramente político y contrario a la legalidad: si el Supremo condena a Ortiz cometerá una injusticia clamorosa, porque es inocente, tal y como declaró el presidente del Gobierno al diario El País, «y mucho más tras lo que hemos oído y visto en el juicio», añadió, jupiterino.
Haga lo que haga el Supremo, mal
De este modo, si el Supremo declara culpable a Ortiz cometerá una atroz injusticia, y si lo declara inocente o suaviza la sentencia con una salsa corporativista como la unánime condena por sedición y no rebelión a los golpistas catalanes, condenarán a los instructores y todo el sistema judicial. Es decir, que el Gobierno no se ha preparado la defensa ante una previsible condena del máximo representante del Ministerio Público, sino que, antes de la sentencia, ya ha pasado al ataque contra los jueces, que o prevarican ahora o prevarican como siempre. En ese descaro conceptual, típicamente golpista, encaja perfectamente el gesto del quitaipón de la toga. Aun pudo mejorarlo si, tras pasar por el estrado y el banquillo, se va tras la mesa del tribunal, coge a Martínez Arrieta por el cuello de la toga, lo alza, lo echa, se sienta en su sillón y proclama: «Desde ahora, aquí hace justicia el pueblo».
Y eso es lo que nos espera desde ahora hasta el final de la legislatura: un Gobierno convertido en régimen, con juicios paralelos televisados, con el equipo de opinión sincronizada tronando a todas las horas del día y de la noche, con los hechos reducidos a materia simplemente opinable y con una ciudadanía fatalmente partida en dos. Vamos a una situación política en la que todo dependerá de las necesidades del Déspota, y para atenderlas, se habilitará esa realidad paralela, dentro o fuera de los tribunales, donde los jueces serán sustituidos por garzones y Tezanos publicará las sentencias.
Hasta Jabois respalda a los periodistas de saldo
Otro elemento grotesco del juicio a García Ortiz, pero con mucha más trascendencia, ha sido el de acopiar a unos cuantos periodistas de los medios cercanos al Gobierno para tratar de desmentir que el fiscal general hubiera filtrado o dado orden de filtrar la noticia de los impuestos del novio de Ayuso, y así tapar, ese mismo día, la imputación de Begoña Gómez. Lo declarado por la segunda, insultada en términos de un machismo de sauna por García Ortiz, se quiso desmentir con el testimonio de esos periodistas, que juraron que tenían esa noticia mucho antes de salir, pero no la habían publicado ni podían decir quién se la dio, aunque demostrara la inocencia del FGE «para no revelar sus fuentes» y «por un problema de conciencia».
Yo creí que lo de esos periodistas, ninguno brillante alguno con una cosecha de expulsiones de diversos medios, era sólo una prueba más de la desesperación de la defensa de García Ortiz, hasta que oí, y después vi, porque quise verlo para creerlo, a Manuel Jabois, sí, Jabois, en el programa de Aimar Bretos, haciendo suya semejante piltrafa argumental y añadiendo que los que nos reíamos del argumento, de esa cofradía de la conciencia, desconocíamos lo que realmente pasa en el mundo periodístico, en el que muchas veces, en el periodismo de investigación, hay exclusivas para cuya publicación sólo falta el permiso de la fuente, y la fuente, por lo que sea, se retrasa, llega alguien y se adelanta. La explicación natural era que habían mentido para ayudar al Gobierno. Y va el letrista del Himno de la Décima, y se pregunta retóricamente «pero, ¿cómo se van a jugar su credibilidad profesional unos periodistas con tantos años de experiencia, para ayudar a un fiscal general del Estado que hoy está y mañana no está?». Y se quedó tan fresco, tan ancho, y, duele decirlo, tan total y absolutamente ridículo.
Malos tiempos para la épica blanca
Si alguien que, en la idolatría madridista, tenemos por bueno, hace suyas ideas tan estúpidas, es que la leva de opinadores está completa, y en los meses venideros vamos a tropezar no sólo con los alardes de los zotes previsibles, sino con los chascos de los que nunca pensamos que cederían al partidismo o al gremialismo vil. Si Jabois insiste en el yerro, olvidando que se juzga la revelación de secretos por alguien que debía guardarlos, no si era verdad lo revelado, por eso mismo secreto, merece que la toga que se quitó García Ortiz se la envíe dedicada, con un escudo del Frente Atlético.