Cajón de Sastre

Rufino Soriano Tena

Doce gruesas.

(«Casi sin de política hablar (Vaya hipérbato o hipérbaton) / esta “chiri” se podrá acabar«. Ripioteca propia).

Con lo feliz que era antes mi señoría, no involucrándose en política y escribiendo auténticas chirigotas, o séase, tonterías, tales como aquello de “hay tres tipos de personas: los que saben contar y los que no”; o estotro de “si un pajarito te dice algo, debes estar loco, porque los pájaros no hablan”. Y también, por ejemplo, que “las canas ya no se respetan: se tiñen”. Y esotro de: “algunos políticos son como las echadoras de cartas: mienten por oficio”. ¿Y qué me dicen vuesarcedes de que “el mejor amigo del perro es otro perro” y de un montón de frases, también lapidarias, todas ellas a propósito de la pasta, tales como “el dinero no da la felicidad, pero aplaca los nervios”; o “no da la felicidad, pero hace falta”; o “ayuda a comprar cosas que la proporcionan”(la felicidad); o “el dinero no lo es todo; a veces ni siquiera es suficiente”; o “no lo es todo; que también existen los cheques”?

Tan dichoso era uno, decía, que “in illo tempore” podíase medir la calidad de los escritos por el número de chorradas que se decían en cada doce líneas (tantas chorradas por docena). Y cuando las chirigotas eran largas y ocupaban doce veces doce líneas, entonces la medida se hacía por el número de chorradas por gruesa, porque una gruesa, incultos, malintencionados, cutres de dos al cuarto; una gruesa no era una señora gorda, sino doce veces doce. Es decir, era un sistema de numeración en base «docenal» en lugar de serlo en base decimal. Mas paren ahí sus mentes y no me digan que si diez veces diez son cien, y diez veces cien son mil, teniendo en cuenta que doce veces doce es una gruesa, doce gruesas, ¿qué son? Pues como mi onmiscia señoría paradójicamente lo ignora, habreme de unir a los ignaros y proclamar que sí, que se tratará de doce adiposas damas, cuya «masa corporal» excede del valor 30, entendiendo por «masa corporal» el cociente de dividir el peso en kilogramos de la doña en cuestión, entre el cuadrado de la estatura de la moza, medida en metros. Todas aquellas criaturas para las que ese cociente rebase el valor de 30 habranse de considerar no ya rellenitas, sino descaradamente obesas. Y ya se sabe que la española (igual que la catalana, la vasca y la gallega, si no son independentistas) cuando besa es obesa de verdad, y a ninguna le interesa besar por frivolité. Las damas, en estos pagos, son más proclives a la liberté, equalité, fraternité y a quién sabe qué. Que ya lo escribió Lope de Ve:

Un soneto me manda hacer Violante; /en mi vida me he visto en tal aprieto, /catorce versos dicen que es soneto, /burla burlando van los tres delante.

Yo pensé que no hallara consonante /y estoy a la mitad de otro cuarteto; /mas si me veo en el primer terceto, /no hay cosa en los cuartetos que me espante.

Por el primer terceto voy entrando, /y aún parece que entré con pié derecho, /pues fin con este verso le voy dando.

Ya estoy en el segundo, y aún sospecho /que estoy los trece versos acabando: /contad si son catorce, y está hecho.

Y hecha está también mi chirigota, /sin apenas de política una gota. ¿O no?

20-12-2007.

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Autor

Rufino Soriano Tena

Licenciado en Ciencias Químicas por la Universidad de Granada y Licenciado en Administración y Dirección de Empresas por la Universidad Comillas (ICADE) de Madrid

Rufino Soriano Tena

Licenciado en Ciencias Químicas por la Universidad de Granada y Licenciado en Administración y Dirección de Empresas por la Universidad Comillas (ICADE) de Madrid

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