Entre los proyectos que tiene in mente mi señoría para el recién estrenado año están, cómo no, escribirle una carta a los Reyes Magos, aprender inglés y perder peso. (He escrito peso, no PSOE).
En cuanto a lo de aprender inglés y perder peso, dudo mucho que vaya a conseguirlos, porque para lograr algo lo primero que hay que hacer es intentarlo, pero además intentarlo no de boquilla sino de hecho. Y claro, como uno opta por lo primero…. Por ejemplo, ¿qué pasa con el idioma inglés? Pues que la frase “english spoken”, aunque quiera decir “se habla inglés”, el que suscribe, después de intentar aprender la dichosa lengua en cuestión durante setenta años (sí, porque debí empezar a los diez) , todavía sigue traduciendo lo de “english spoken” por “de inglés, poco”. Y no es eso, sino lo otro. Es decir, que mi señoría no ha logrado “progresar adecuadamente”, se ha quedado a no sé cuántos pueblos de saber inglés y ha tenido que optar por el «spanglish».
Por lo que se refiere al proyecto de pérdida de peso, dado que ésta depende no sólo de las sustancias o viandas que se ingieren sino de su “quantum”, como ese “quantum” suele ser de ni se sabe, tampoco hay forma de que la masa muscular (peso en kgrs./ estatura, en m., al cuadrado) disminuya sensiblemente, con lo que las probabilidades de éxito en esto también son más que dudosas.
Con respecto a la carta a los Reyes Magos, este ilustre autor les va a pedir cinco cosas, cinco: salud, dinero y amor, por supuesto. Y las otras dos: una, que las chirigotas o cuchufletas con que les vengo torturando sean más cortas, livianas y con humor más intenso; y dos, que se establezca el Carnet, con puntos, para los políticos, a ver si en éstos se obtienen mejores frutos que en los conductores de vehículos, porque… Algo, sí, pero tan poco…. ¿O no?
2-1-2008.
