Así escribió mi señoría el pasado día 3 de los corrientes:
«¿No comprenden que el humo, aunque sea en cortinas, tiene cierta toxicidad y el pueblo español puede correr grave riesgo de cascar o fenecer? ¿Y cómo –si fenece- iba a poder celebrar el trigésimo aniversario de la Constitución? Imposible. Ese presunto humo tiene que ser inexistente. ¿O no?
Y el día 5 de los corrientes mes y año, con motivo de las declaraciones del prócer político socialista, don Pedro Castro, el de “¿Por qué hay tanto tonto de los cojones que todavía vota a la derecha?”, la prensa también dijo bla, bla, bla,…
Y unos días antes, don José Blanco difundió todo lo que le pareció acerca del regreso de doña Esperanza Aguirre de la India.
Y lo de los cuadros de la Consejería de Agricultura de mi tierra extremeña.
Y lo del coste del segundo despacho del señor alcalde de Zaragoza, don Juan Alberto Belloch, con un desfase de 30 millones de euros, «uséase«, “pesetificnado” la cuantía, un desequilibrio al alza de 4 mil millones 991 mil 580 pesetas, es decir, un desajuste de “casi” cinco mil millones de pelas, que a mi señoría se le antoja que no es moco de pavo o secreción nasal de «ave del orden de la Galliformes, oriunda de América, donde en estado salvaje llega a tener un metro de alto, trece decímetros desde la punta del pico hasta el extremo de la cola, dos metros de envergadura y 20 kg de peso. Tiene plumaje de color pardo verdoso con reflejos cobrizos y manchas blanquecinas en los extremos de las alas y de la cola, cabeza y cuello cubiertos de carúnculas rojas, así como la membrana eréctil que lleva encima del pico, tarsos negruzcos muy fuertes, dedos largos, y en el pecho un mechón de cerdas de tres a cuatro centímetros de longitud. La hembra, pese a la Ley de Igualdad, es algo menor, pero semejante al macho en todo lo demás. En domesticidad, el ave ha disminuido de tamaño y ha cambiado el color del plumaje. Hay variedades negras, rubias y blancas»(el DRAE dixit). “Uséase”, que no es moco de pavo, dicho sea con todo respeto.
Y …todo lo demás
Por eso, mi señoría se pregunta: ¿Y por qué toda esta «confusao» no puede ser, en efecto, una inmensa columna de humo para que no se advierta, no se vea o no se «endiquele» que estamos al borde de la ruina? A veces, este ilustrísimo autor , con vuesarcedes, así se lo teme. ¿O no?
6-12-2008.
