(o “Habrá que irse a hacer puñetas”).
Jamás se había imaginado mi señoría que en el mundo mundial fuera o fuese a surgir un competidor literario de la categoría del todavía Presidente del Gobierno de España, señor Rodríguez. Y es que hay que ver la calidad de esa prosa poética de la que ha hecho gala en su postrer parrafada del magnífico discurso con que obsequió a los asistentes al plenario de la Cumbre climática de Copenhague… Insuperable, ¡vamos! ¿Quién lo iba a decir? Todos sabíamos que a buen gobernante; a líder de multitudes; a cumplidor de promesas electorales; a amante de la verdad y enemigo de la mentira; a persona sonriente y de buen talante tanto por detrás como por delante; a mago de la economía igual de noche que de día; a…, en fin, hombre de Estado, con la cabeza mejor amueblada que nuestra ya larga historia democrática ha conocido por los siglos de los siglos; a todo lo dicho y a una piqueta más, no hay quien le gane, y eso lo saben bien no sólo vuesarcedes sino los taxistas que protestaban ayer contra la Ley Omnibus (nada que ver con Bush, el almericano –sí, con l porque ese magnate si que no cree mi señoría que mereciera o mereciese otra cosa que el olvido y la maledicencia, y almericano está mal dicho, como todos los socialistas de este país y algunos que siguen votando a la derecha, ¡pobrecillos!, habrán advertido, o sea… Caramba, aunque seamos pocos, ¡coño!); esa Ley Omnibus, decía mi señoría, cuyo Art. 21 parece ser que perjudica u ocasiona daño material a los profesionales de la deambulación ciudadana por cuenta ajena y, no obstante, empeñado se han los diputados, fíjense vuesarcedes, los diputados, de encaminarla ya hacia la Cámara Alta, “uséase”, al Senado.
Y continuando con el panegírico que uno venía haciendo del sonriente joven de Valladolid, señor Rodríguez, permítanme sus señorías que mi señoría le anime y le sugiera, con todo respeto, admiración y lo que haya que tener, a que, superando la propuesta de la UE de reducir hasta el 30 % las emanaciones de CO2 en el año de gracia de dos mil y veinte, él se lance a prometer que se reduzcan hasta el 45,3 % para que los europeos vayan aprendiendo de lo que somos capaces los españoles de España. Otrosí propondría mi señoría que la ayuda financiera con que a contribuir se dispone nuestro generoso pueblo, no se reduzca a los 375 millones de euros durante tres años, sino que esa partida se incremente, como el IVA, en un 20 %. Téngase en cuenta la nimiedad que supone una ayuda de 125 millones de euros anuales, es decir, 21 mil millones escasos de las antiguas pesetas, y con el 20 % ya faltaría muy poco para los 25 mil millones de las citadas antiguas pelas y, bueno, aunque sigue siendo una ridiculez, pero eslo de menor envergadura. Y los contribuyentes, encantados, como siempre, por supuesto.
No quiere concluir mi señoría la cuchufleta hodierna sin lamentar el hecho de haber detectado la existencia de un competidor de la talla cualitativa de nuestro Presidente en materia literaria poéticoprosística o prosáicopoética, ambas inclusive y con dos acentos ortográficos cada una, como verse puede. Y laméntolo porque a partir de ahora, cuando uno hable y presuma de frases como aquella de “¡Oh, quién fuera hipsipila que dejó la crisálida!”, vuesarcedes pueden hasta reírse de mi señoría , porque claro, comparando lo de salvar la tierra y que la tierra es del viento y eso, de nuestro Presidente, pues… es que no hay color. Ganará él siempre jamás. Y uno, como poeta, a hacer puñetas. Menuda jugarreta. ¿O no?
19-12-2009.
