Cajón de Sastre

Rufino Soriano Tena

En torno a una planta solanácea.

(o «¡Vaya bayo, cómo se saltó la valla sin espachurrar la baya!»).

Hoy, sin ir más lejos, mi señoría ha introducido, por no decir que ha metido -que parece como más ordinario-, en un artículo de Libertad digital, titulado “Gabriel Albiac derrotado y “La Gaceta” a la gresca con “La razón”, el siguiente interesantísimo Comentario:

Creo que ofreciendo pan con tomate en los desayunos de los Hoteles de 4 ó más estrellas, los problemas de Cataluña y de España en general se van a ir resolviendo lenta pero eficazmente. Disminuirá nuestro déficit, el paro, que puede pasar de 4,5 millones a 4.499.999, etc. Y la «agenda social» del Gobierno, cuyo presidente es todavía, y no sabemos hasta cuándo, el señor Rodríguez rebosará bienestar para el pueblo. ¡Cómo no…! (Fin de la ´cosa´, o sea, del Comentario).

Pero es que aquí no finaliza la reflexión acerca de la hostelería, del pan y del tomate. De éste último se ha escrito que el Solanum lycopersicum, la tomatera, es una planta de la familia de las solanáceas (Solanaceae) –gran familia, por cierto, y de noble abolengo– originaria de América y cultivada en todo el mundo por su fruto –por él los conoceréis– comestible, llamado tomate (o jitomate en el sur y centro de México). Y que los mejicanos, ya saben vuesarcedes cómo son ellos por eso de haber nacido en Méjico lindo… Pero ahora no vamos a hablar de cómo son los mejicanos, sino de cómo es el tomate. Dicho fruto, que no fruta, es una baya muy coloreada, típicamente de tonos que van del amarillento al rojo, debido a la presencia de los pigmentos licopeno y caroteno. Posee un sabor ligeramente ácido, mide de 1 a 2 cm de diámetro en las especies silvestres, y es mucho más grande en las variedades cultivadas, según dice Wikipedia, la enciclopedia libre. Y, en efecto, es una baya, pero ¿qué es una baya? ¡Ah!, ahí está la cosa y el intríngulis de la cuestión, porque una baya no tiene nada que ver con una “valla”, que cualquiera que no sea imbécil sabe lo que es; una baya es un fruto carnoso con semillas rodeadas de pulpa; p. ej., el tomate y la uva. Y tampoco tiene nada que ver con un bayo (1.adj. Dicho especialmente de un caballo y de su pelo: De color blanco amarillento. U. t. c. s. El DRAE dixit). La diferencia de género, claro, señora o señorita Aído.

Bueno, al tomate, que es lo que interesa por el momento. Se produce y consume en todo el mundo mundial tanto fresco como procesado de diferentes modos, ya sea como salsa, puré, jugo, deshidratado o enlatado. Pero también consúmese impregnando rebanadas de pan, ¡qué ricas!, como acontece en Cataluña, zona ésta que todavía, y no sabemos hasta cuándo, sigue perteneciendo a España, y en la que, si mi señoría no está mal informado -que puede ser, dado su conocido ´acarajotamiento´ senil– se les exige a los Hoteles, para clasificarlos con 4 ó más estrellas que, sobre todo entre las viandas ´desayunales´ ofrezcan las rebanadas citadas ´ut supra´ -¡qué ricas!– porque si no, de otorgarles las “for stars”, que decimos en Puerto Hurraco (Spain, Extremadura, Badajoz, La Serena) los que venimos intentando aprender inglés desde hace casi sesenta años; de otorgarles las “for stars”, ni “forgoten do peluco”, es decir, “ni hablar del peluquín”. Y de la hostelería y el pan hablaremos en otro momento, porque también se pueden decir muchas tonterías. Vuesarcedes y mi señoría creemos que está claro el asunto. ¿O no?

21-11-2010.

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Autor

Rufino Soriano Tena

Licenciado en Ciencias Químicas por la Universidad de Granada y Licenciado en Administración y Dirección de Empresas por la Universidad Comillas (ICADE) de Madrid

Rufino Soriano Tena

Licenciado en Ciencias Químicas por la Universidad de Granada y Licenciado en Administración y Dirección de Empresas por la Universidad Comillas (ICADE) de Madrid

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