La última majadería de la ministra «miembra» se llama «fistro»

La última majadería de la ministra "miembra" se llama "fistro"


(PD).- Nuevo capítulo en el descalabrado estreno de la ministra de Igualdad. Esta vez, Bibiana Aído, para justificar su utilización de la palabra «miembra» en su comparecencia en el Congreso de los Diputados, y su sugerencia de que ese vocablo sea incluido en el Diccionario, se ha apoyado en el empleo de otros términos ingeniosos.

En una entrevista concedida ayer al programa «La Ventana» de la Cadena Ser, Aído puso como ejemplo que «hay determinados anglicismos» y vocablos como «guay» o «fistro» que «no tuvieron tanta dificultad en ser incorporados al Diccionario» de la Real Academia Española (RAE) como la palabra «miembra».

Pero es que si bien «guay» ha sido un término recogido por la RAE, ni «fistro» -ni «finstro», si es que esta fuese su grafía-, expresión que se hizo famosa por los chistes del humorista Chiquito de la Calzada, aparecen en el Diccionario.

Quizá venga a ser otro «lapsus», como el que la condujo a utilizar «miembras» y ella misma ha reconocido a lo largo de toda la semana.

Quienes no han tenido ningún lapsus, ni olvido, han sido los taquígrafos del Congreso de los Diputados, que en su transcripción de la comparecencia de la ministra Aído no incluyeron la palabra «miembras». La obviaron, probablemente porque no está registrada por la RAE.

Y ella, que no parece ni muy culta ni muy prudente, sigue a los suyo. Ahora dice que las críticas que le han llovido -también por parte de académicos- al emplear el término «miembras» responden más a ciertos velos de machismo: «hay que tener en cuenta que, de los 43 miembros de la Academia, solamente hay tres mujeres».

Escribe Ignacio Camacho en ABC que que lo de las miembras (hasta el corrector del Office Word protesta) es lluvia sobre mojado:

«Cuando se redactaba la reforma del Estatuto de Andalucía, en la pasada legislatura, el Parlamento autonómico evacuó formalmente una consulta a la Real Academia de la Lengua sobre el uso del llamado doble plural, del que estaba trufado el texto: andaluces y andaluces, ciudadanos y ciudadanas y tal.
La Academia tomó el asunto en serio y respondió lo que procede: que el idioma es un sistema económico en el que el masculino vale como término neutro.
Y más o menos vinieron a decir lo mismo que ante las ya célebres «miembras» de la miniministra Aído (mini por la liviandad de su Ministerio): que se dejaran de chorradas.
Pues bien, la entonces presidenta de la Cámara, ahora flamante novelista del feminismo doctrinario, y otras ilustres damas del socialismo andaluz pusieron el grito en el cielo, acusaron de machistas y rancios a los académicos y de paso protestaron por el escaso número de mujeres que hay entre ellos (y ellas, of course). Sobra decir que el Estatuto fue enviado al Congreso atiborrado de redundancias de género».

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