En Corea del Sur, Rajoy es rey de España
A usted puede parecerle sencillo. Basta con divisar África en un mapamundi y elevar la mirada hasta chocar con el lugar donde la tierra africana parece que se besa con Europa. Eso es España.
Sin embargo, fuera de España, no todo se ve tan claro. Dice el tópico que un elevado número de norteamericanos sitúan a nuestro país en América Latina, y no hay datos que demuestren que se trate solo de un tópico.
Informes recientes reflejan que el 95 % de los chinos no sabe nada o casi nada sobre España, y no descarto que el 5 % restante viva en nuestro país. Europa es Francia, Reino Unido, Alemania e Italia. Y en menor medida, España.
Lo dicen los chinos. Pero tampoco es que los iberoamericanos mejoren esas estadísticas sobre el conocimiento de los españoles.
A pesar de la cercanía histórica y del idioma, una inmensa mayoría de ellos confiesa su total desconocimiento sobre la cultura española.
El rey Zapatero
Las cumbres de Naciones Unidas son el germen perfecto para sacar a pasear la ignorancia geográfica o cultural que los presidentes de unos países tienen sobre otros.
En los últimos años, España se ha convertido en fuente habitual de confusiones y controversias, en paralelo al crecimiento de su irrelevancia en política internacional.
Nada lo ilustra mejor que lo ocurrido el pasado 21 de junio, cuando Rajoy fue presentado insignemente por el presidente del plenario como «el primer ministro de Islas Salomón».
Como el presidente español suele tener cara de pasmo, nadie notó expresión extraña alguna en su mirada.
La prensa internacional subrayó con sorpresa que Rajoy subió a la tribuna de oradores como si no hubiera ocurrido nada, sin hacer mención alguna al abultado error.
Más inquietante aún resultó el silencio del primer ministro de Islas Salomón, Gordon Darcy Lilo, al que de pronto se le adjudicó una tasa de desempleo del 24 %. Tras la intervención de Mariano Rajoy, el presidente del plenario pidió disculpas por el gazapo.
Aunque no sabemos cuántos de los presentes se dieron cuenta del error. Llueve sobre mojado.
El rey don Juan Carlos es uno de los españoles más conocidos en el mundo, por motivos evidentes. Sin embargo, eso no le deja al margen de la epidemia de desconocimiento global sobre nuestro país.
Ocurrió en la capital de Kazajistán en 2011. José Luis Rodríguez Zapatero asistía a uno de esos actos institucionales tan bonitos en un parque de la ciudad, consistente en la plantación de un árbol para conmemorar su visita al país.
Junto al árbol se descubría una placa con unas letras en cirílico, ante la sonrisa de oreja a oreja de Zapatero, de inmensa felicidad.
«Un árbol, tío, me plantan un árbol en Kazajistán», rumiaba interiormente.
Entonces la traductora interrumpió su momento de éxtasis botánico, alzando la voz en español, señalando a la placa:
«Al rey de España, José Luis Rodríguez Zapatero».
Y Zapatero continuó sonriendo, impertérrito. No así sus colaboradores, que carraspearon disimuladamente, alzando los ojos al cielo.
En Madrid hay Starbucks
Los cambios de Gobierno en España desconciertan enormemente a la comunidad internacional. Eso explica lo ocurrido el pasado mes de marzo durante la Cumbre sobre Seguridad Nuclear celebrada en Corea del Sur.
Los encargados de los retratos de los diferentes mandatarios obraron un doble milagro, o una doble maldición, según se mire.
Primero, devolver a Zapatero la presidencia del Gobierno de España, al menos por un día. Y segundo, coronar a Mariano Rajoy como rey de España.
No solo figuraba así en el mosaico de fotografías de gobernantes y monarcas de todo el mundo, sino que uno de los organizadores coreanos insistió y defendió ambos gazapos frente a las cámaras de televisión.
Con tantas emociones, casi pasó desapercibido el hecho de que en los carteles de bienvenida figurara el nombre de «José Zapatero» en lugar de «Mariano Rajoy».
Supongo que los surcoreanos no esperaban la presencia del ‘rey de España’ en una Cumbre sobre Seguridad Nuclear.
Uno de los logros de los Gobiernos de José María Aznar en política internacional fue conseguir que una creciente parte del mundo fuera capaz de situar a España en el mapa, al menos temporalmente.
Se pueden discutir los métodos y las decisiones tomadas, pero parece claro que logró parte de su objetivo.
Nunca hemos sabido si detrás de su empeño se escondía también la intención de evitar que su colega norteamericano volviera a referirse a él como José María ‘Ansar‘, como hizo en su primera visita a España.
Como sea, desde entonces, el presidente Bush no ha hecho más que ampliar su conocimiento sobre España y los españoles, animando a muchos otros mandatarios a seguir su misma senda.
Sin embargo, no se puede decir lo mismo de su hermano Jeb Bush, gobernador de Florida. En febrero de 2003, en la primera comparencia pública de su visita oficial a España, logró que a Aznar se le erizaran los extremos del bigote, al referirse a él como «presidente de la República de España».
«Quiero terminar agradeciendo al presidente de la República de España su amistad con Estados Unidos», solemnizó Jeb Bush.
Y a punto estuvo de terminar ahí mismo con esa bonita amistad, de nuevo reconducida gracias a la buena sintonía entre el entonces presidente de los Estados Unidos y José María Aznar.
Por más que a los españoles nos parezca fácilmente identificable, el himno de España es una fuente inagotable de problemas en el extranjero.
Solo en el ámbito deportivo se conocen más de una decena de errores de bulto, que a punto han estado de desembocar en trance diplomático, cuando no directamente en conflicto armado.
Uno de los supuestos gazapos más conocidos -hay quien duda de que fuera de un error- tiene como protagonista al ciclista Alberto Contador, que en 2007, en el podio en los Campos Elíseos de París, fue honrado por sus méritos con el himno nacional.
Pero con el himno nacional de Dinamarca. Algo similar le ocurrió al piloto mallorquín Jorge Lorenzo, cuya victoria en 2010 en Laguna Seca debió de sorprender a la organización, que no tenía a mano el himno de España, y lo solventó haciendo sonar el de Italia.
Y lo mismo ocurrió en 1999 a nuestra selección de balonmano, que, erguidos y con la mirada al frente, tuvieron que mantener el tipo mientras en vez de su himno sonaba el de Marruecos. El de Marruecos. Nada más y nada menos.
Las visitas de estrellas internacionales a España siempre dejan alguna joya para la prensa, cuando se proponen alardear de sus conocimientos sobre nuestra cultura.
Es el caso de Miley Cyrus, que en su última visita a España esperaba encontrarse un país tercermundista, con el barniz extravagante de los toros y el flamenco. De ahí su inmensa sorpresa y alivio, al descubrir que en Madrid había un Starbucks.
Estas fueron sus palabras textuales en Twitter:
«He encontrado un Starbucks en España, wooo».
Reparen en el «wooo» porque no es un asunto menor viniendo de quien viene.
ETA no es un obstáculo
En su defensa, hay que reconocer que más tarde intentó arreglarlo afirmando que se estaba planteando venirse a vivir a España porque los chicos son muy guapos. Bien. Buena salida.
Aunque no sé lo que pensarán sus trescientos novios norteamericanos sobre esta cuestión.
De todos modos, no debería sorprendernos el desconocimiento sobre España, cuando hay estudiantes españoles en Cataluña, Galicia y el País Vasco que tienen menos nociones sobre nuestro país que los niños portugueses.
Eso hay que agradecérselo al esfuerzo educativo en estas comunidades donde se enseña, por ejemplo, a los alumnos de 3º de ESO de Lengua Catalana, que «los marcianos hablan español y las marcianas no tienen pecho», reproduciendo una extraña crónica del diario Avui.
Otro texto de la misma asignatura, pero destinado esta vez a los alumnos de 3º de Primaria, señala en un mapamundi el origen de todos los idiomas que se hablan en Cataluña.
Según esta lección, el español procede de países como Colombia y Ecuador, sin mencionar ni una palabra sobre España.
El texto sitúa al idioma español en Cataluña al mismo nivel que el árabe de los inmigrantes marroquíes o el urdú de los paquistaníes.
Por otra parte, hace más de una década que un informe de la Delegación del Gobierno en el País Vasco sobre los libros de texto aprobados por el Gobierno Vasco denunció que se enseñaba a los escolares que el País Vasco está también formado por Navarra y tres provincias francesas, y que vive diferenciado y separado de España.
Esos mismos textos escolares aseguran que el País Vasco es una nación sin Estado en la cual no hay plena libertad política.
De todos modos, poco puede esperarse de unos libros académicos que, para enseñar euskera a los niños de 9 y 10 años, proponían en 2001 la traducción de frases como: «ETA no es un obstáculo para presentar Euskal Herria fuera» o «Explota la violencia de la Policía».
De ahí a situar España en las islas Salomón, hacer sonar el himno de Dinamarca ante la selección española y coronar a Arzalluz rey del País Vasco hay solo un pequeño paso.
Al lado de algunos niños catalanes, gallegos y vascos, Miley Cyrus, Jeb Bush y los surcoreanos de la Cumbre de Seguridad Nuclear podrían obtener sin esfuerzo el doctorado en conocimiento de la realidad española.
Cuando la culpa es del PSOE
- – Durante los Gobiernos de Zapatero la imagen de España se desplomó en popularidad en los países más importantes del mundo, subiendo en cambio en lugares como Cuba, Venezuela o Bolivia.
- – El desfile militar del 12 de octubre de 2003 marcó un antes y un después en la imagen de España en los Estados Unidos, cuando Zapatero, aún líder de la oposición, decidió no levantarse al paso de la bandera norteamericana. Un gesto que marcó para siempre su carrera, y la política exterior española durante sus Gobiernos.
- – Al exministro de Exteriores Miguel Ángel Moratinos se le atribuye parte del mérito en la devaluación de la imagen de España. Uno de los ejemplos del retroceso del poder de influencia español llegó en 2011, cuando España no logró ni un solo cargo entre los puestos clave de la dirección del Servicio Europeo de Acción Exterior.
La fracasada negociación, vendida por cierto como un éxito, corrió a cargo del propio Moratinos.
NOTA.- leer artículo original en ‘La Gaceta’
