En la actualidad, todavía continúa la búsqueda del tesoro expoliado a los Aliados por el general Tomoyuki Yamashita, más conocido como el Tigre de Malasia

¿Dónde está el enorme tesoro que el general Yamashita robó a los Aliados en la II Guerra Mundial?

¿Dónde está el enorme tesoro que el general Yamashita robó a los Aliados en la II Guerra Mundial?
General Yamashita RS

Otro gran misterio de la historia. Desde que Japón y Estados Unidos firmaran el tratado que puso fin a la Segunda Guerra Mundial, cada cierto tiempo hace su aparición en las noticias un titular que nos recuerda que, 75 años después, todavía existe un misterio capaz de desconcertar a los historiadores.

El último fue en 2017: «Creen saber el paradero del legendario tesoro de Yamashita».

Por desgracia, en los meses siguientes no logró descubrirse el lugar en el que descansaba la que, a día de hoy, es una de las fortunas más grandes que han desaparecido sin dejar rastro. La misma que Tomoyuki Yamashita, más conocido como el Tigre de Malasia por los nipones, saqueó en todo el sudeste asiático durante el conflicto.

Kilos y kilos de oro en forma de lingotes extraídos de regiones como la antigua colonia española de Manila, según recoge el autor original de este artículo Manuel P. Villatoro en ABC y comparte Manuel Trujillo para Periodista Digital.

El misterio sigue sin resolverse, aunque son muchos los cazatesoros que se han aventurado a desvelar su paradero azuzados por las ansias de nadar en montañas de riquezas japonesas. Desde arqueólogos aficionados, hasta partidas organizadas por el mismo gobierno de Filipinas. La tarea parece imposible, pues las riquezas podrían hallarse en cualquiera de las más de 7.100 islas de la región.

Marines de los Estados Unidos levantan la bandera americana en la cima del monte Suribachi de la isla de Iwo Jima el 23 de febrero de 1945.

 El tigre malayo
Entender la historia de este tesoro perdido requiere, en primer lugar, analizar la figura de Tomoyuki Yamashita, el que fuera uno de los mejores tácticos y estrategas del ejército nipón durante la Segunda Guerra Mundial. De ruda tez y fuerte complexión, vino al mundo en 1885 y, a los doce años, fue inscrito en una escuela militar famosa por haber entrenado a decenas de samuráis.

Así lo afirma el periodista e historiador Jesús Hernández (autor del blog «¡Es la guerra!») en su obra «Enigmas y misterios de la Segunda Guerra Mundial». Su carrera fue fulgurante y no tardó en convertirse en oficial. Si ya destacaba en el noble arte de combatir y dirigir hombres, una visita a Alemania terminó de curtir sus sentidos.

Destacado entre sus superiores, Yamashita fue designado para entrenar al ejército Imperial que combatiría en la Segunda Guerra Mundial y para dirigir, una vez comenzado el conflicto, la invasión de Singapur (en Malasia). Aquella fue su prueba definitiva. La ciudad se había convertido en el enclave más destacado del ejército británico en el sureste asiático y, como tal, estaba rodeado por una contundente flota y unas defensas que impedían su conquista desde el mar.

Pero nuestro protagonista no pensaba llegar hasta ella por mar… En un alarde de maestría militar solo a la altura de unos pocos privilegiados, avanzó con sus hombres a través de la inexpugnable jungla de la región (algo que los «british» consideraban imposible) y asaltó la urbe desde la puerta trasera.

General Douglas MacArthur.

A cambio de 10.000 hombres, el oficial nipón acabó (o apresó) a 138.000 ingleses y consiguió rendir Singapur.

Así informó de ello el diario ABC en España:

«A las ocho horas de esta mañana, las primeras unidades japonesas, en formación de marcha, han entrado en la ciudad de Singapur. […] El pabellón del Sol Naciente ondea ya sobre el palacio del gobernador británico y en numerosos edificios oficiales».

Todo parecía indicar que Yamashita sería ascendido y que sus conocimientos serían utilizados en beneficio del Emperador, pero no. Una serie de enfrentamientos internos con el general Tojo le condenaron a dirigir las divisiones de la lejana Manchuria. Triste castigo para él.

Yamashita solo pudo regresar a la primera línea cuando Tojo cayó en desgracia. Y, para entonces, la situación era peliaguda para los nipones

. Al ya nombrado como Tigre de Malasia (o Rommel de la Jungla) le tocó defender Manila de los estadounidenses en 1944. Es decir, enfrentarse a la pérdida inevitable de la vieja colonia española ante un ejército (el de las barras y las estrellas) mejor equipado, con más apoyo y en pleno auge. Cuando vio que combatir era absurdo ordenó abrir las puertas al enemigo.

En este punto existen dos versiones. Algunos historiadores afirman que permitió a sus hombres aniquilar a la población local. Sin embargo, la mayoría (entre los que se destaca el mismo Hernández) son partidarios de que intentó evitar la matanza masiva de civiles, pero fue desobedecido por sus subordinados.

Oficiales japoneses haciéndose el harakiri tras ser derrotados por EEUU y enterarse de la rendición del emperador.

Poco importó la realidad. Tras entregarse fue juzgado y condenado a muerte en 1946 por los crímenes perpetrados en Manila.

El mismo general Douglas MacArthur, «jefe supremo Aliado en el Pacífico» (como explicaba el diario ABC en aquellos años), confirmó su sentencia de muerte con un sencillo, pero firme mensaje:

«Apruebo las conclusiones y ordeno que […] se cumpla la sentencia contra el acusado, quien debe ser despojado de su uniforme, condecoraciones y otros atributos que denoten su profesión militar. Por muy repugnante que esto sea, resulta pálido ante las siniestras y dilatadas acusaciones que su conducta lanzó contra la profesión del noble ejercicio de las armas. Un soldado, sea amigo o enemigo, tiene encomendada la protección de los desarmados y los débiles».

Realidades…
A partir de este punto la realidad se mezcla con la leyenda. Hernández analiza de forma pormenorizada ambas. En sus palabras, es cierto que -como sucedió en Europa con los nazis- los japoneses robaron y saquearon todas las regiones por las que pasaba su ejército con el objetivo de conseguir fondos para el Emperador.

El historiador confirma que ni siquiera los lugares sagrados se libraron de la codicia de las tropas niponas: «Incluso los templos budistas fueron saqueados. El botín se había acrecentado durante su estancia en las Filipinas; que fue ampliamente saqueada por la codicia nipona, sin tan siquiera respetar las iglesias de culto católico ni las posesiones de ciudadanos particulares».

El 2 de septiembre de 1.945, Japón se rinde y termina la II Guerra Mundial.

En efecto; para entonces, Filipinas se había convertido ya en el centro de la rapiña de los japoneses. Tiene cierta lógica, si se observa con perspectiva, pues Manila llevaba varias décadas bajo dominio estadounidense y se había convertido en una ciudad acaudalada, cosmopolita y rica antes de la llegada de las tropas japonesas. Hasta los bancos locales vieron confiscados (por así decirlo) sus fondos.

«Fueron los bancos occidentales que tenían delegación en Filipinas los que más atrajeron el interés de los japoneses, al igual que el tesoro filipino, que pasó a manos del Yokohama Specie Bank, cuyo principal accionista era el propio Hirohito».

A su vez, fue en esta región donde se empezaron a guardar las grandes cantidades de oro expoliado en Asia.

«Durante la guerra se había establecido en Singapur un punto de recogida de todo tipo de bienes saqueados en las zonas controladas por el Ejército nipón. Desde Manchuria a las Indias Holandesas, pasando por Corea y China, los japoneses se apoderaron de todas las riquezas que pudieron encontrar. En Singapur existía un cuerpo de administrativos y contables encargados de inventariar y cuantificar el producto del saqueo japonés. Desde ahí, todo se enviaba a Filipinas, en donde era almacenado y custodiado».

Tampoco se libraron del saqueo general de materias primas y riquezas (desde toneladas de oro hasta obras de arte) Birmania, Malasia, Vietnam, Laos, Tailandia o Indonesia.

¿Qué se hizo con esta ingente cantidad de botín? Una parte se utilizó para sufragar la lucha contra los Aliados. «Los bancos suizos, portugueses, argentinos o chilenos se encargarían del lavado de estos fondos, permitiendo así a los japoneses realizar sus compras de armas o materias primas en el exterior», completa el autor. Otra, sin embargo, se llevó hasta la misma Japón a partir de 1942 (cuando los Aliados iniciaron su avance a través del Pacífico) para ser escondida, según el mito, en una serie de túneles subterráneos excavados con este fin.

Los japoneses se rinden a los marines.

…y mitos
Ahora toca la fantasía. El punto común de todos los mitos (creído a pies juntillas por los cazadores de tesoros) es que Yamashita fue uno de los generales que más dinero atesoró durante la Segunda Guerra Mundial. Al parecer, se habría hecho con él durante su estancia en Manila y su enfrentamiento contra los estadounidenses.

¿Qué fue, entonces, de todas aquellas riquezas? Existen varias tesis. La primera, extendida hasta la saciedad, afirma que el general fue torturado por oficiales del ejército de los Estados Unidos con un único objetivo: que les dijese dónde diantres se hallaban los lingotes. Esta teoría se divide (por si fuera poco) en otras dos: la que afirma que se llevó el secreto a la tumba y la que explica que desveló su paradero (lo que implicaría que el ejército norteamericano se habría quedado con él).

Una segunda teoría afirma que el tesoro se perdió en mitad del Pacífico. A partir del año 1943, los nipones habrían comenzado a trasladar, de Filipinas hasta Japón, el oro escondido en las bodegas de grandes buques hospital. ¿La razón? Simple: que los aviones y navíos Aliados no hiciesen fuego sobre ellos. No obstante, habría podido irse a pique durante algún ataque fortuito

La tercera tesis sobre el paradero del tesoro llegó en 1986. Ese año, como bien publicaron medios internacionales como el «The Washington Post», el cazatesoros Rogelio Roxas presentó una demanda ante el Departamento de Justicia contra el entonces depuesto presidente filipino Ferdinand Marcos y su mujer, Imelda. En ella, les acusaba de haberle robado una estatua de buda llena de gemas que él mismo había desenterrado de unas montañas cercanas a la última residencia de Yamashita. Un objeto valorado en 6,5 millones de dólares.

Rendición incondicional de Japón.

En sus palabras, la pieza era parte del tesoro de Yamashita y se había hecho con ella en 1971, cuando sumaba 27 años, gracias a un mapa que había obtenido de antiguos soldados japoneses y que le había llevado hasta un túnel lleno de riquezas. Así lo explicó el «The Washington Post» en un artículo publicado en 1986:

«Roxas afirmó que el único objeto que pudo llevarse ante de que el túnel se derrumbase fuese un buda dorado con una cabeza extraerle. Tres meses después, según dijo Roxas, unos “agentes del gobierno” con una orden de registro firmada por el tío de Marcos, el juez Pio Marcos, entraron en su casa a las 2 am. y cogieron la estatua porque podía ser un tesoro nacional. Roxas fue a los tribunales 15 días después para luchar por el ídolo pero, después de ver el objeto, dijo que alguien lo había sustituido por un Buda hecho de latón con la cabeza fija. En mayo, explicó a unos investigadores filipinos que Marcos y su familia estaban involucrados arguyendo que la madre de Marcos […] había tratado de comprarle el Buda días antes. […] Si no fuera el jefe del Estado, Marcos dijo que le habría abofeteado por calumniar a su anciana madre».

Lo que es innegable es que, desde que terminó la Segunda Guerra Mundial, decenas de cazatesoros han tratado de descubrir el paradero del tesoro.

Después de Roxas, en el año 2002, varias personas fallecieron cuando se derrumbó un túnel que excavaban en la isla de Cebú, uno de las que podría albergar las riquezas. Otro tanto pasó con el propio gobierno, que ha organizado varias partidas de búsqueda a lo largo de las décadas. El último intento fue en 2017, cuando se llevaron a cabo varias perforaciones en el Centro de Convenciones de Baguio, a 250 kilómetros de Manila.

ABC describió así la tentativa:

«Bajo la dirección del profesor universitario jubilado de 66 años Eliseo Cabusao, un grupo de 24 abogados, docentes, taxistas y tenderos locales ha colocado una máquina perforadora junto al Centro de Convenciones al creer que sus cimientos descansan sobre miles de millones de dólares en forma de lingotes de oro. “Confiamos en encontrarlos”, asegura a Efe Cabusao, que tras veinte años investigando libros, documentos históricos y testimonios decidió en 2014 emprender la búsqueda del oro escondido por las tropas del general Tomoyuki Yamashita (1885-1946), conocido como el “tigre de Malasia” por sus éxitos militares en el sudeste asiático».

No volvió a saberse más de su intentona; y ya son muchas las que han fallado…

 

Autor

Manuel Trujillo

Periodista apasionado por todo lo que le rodea es, informativamente, un todoterreno

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