Francisco Franco saldrá finalmente del Valle de los Caídos

Así debe estar el cadáver de Franco 44 años después

Así debe estar el cadáver de Franco 44 años después
Así debe estar el cadáver de Franco 44 años después RS

Eso si sigue allí, porque algunos creen que lo mismo ya no está. Fuentes del Ejecutivo aseguran que la exhumación será el lunes 21 de octubre, o sea, dentro de una semana. La pregunta que se hacen muchos es cómo se encontraran los restos del dictador, según recoge el autor original de este artículo Martín Alegre en informalia y comparte Francisco Lorenson para Periodista Digital.

La losa de 1.500 kilos será levantada con una grúa, se extraerá el ataúd y en presencia de un forense y de los familiares, entre otras personas, el cuerpo será trasladado. Unos biombos protegerán la intimidad del momento.

«Tengo la confianza de que hicimos un buen trabajo y que el cuerpo de Franco esté bien, más allá de estar deshidratado y momificado», dice el embalsamador de Franco, el doctor Antonio Piga, uno de los cuatro hombres que trató el cadáver del dictador.  «Creo que Franco está muy bien conservado, pero muy seco. Las facciones han disminuido de volumen y en vez de pesar 65 kilos va a pesar menos de 30». El médico forense da la razón a quien cree que lo que se hallará en la tumba será la momia del dictador: «Va a ser como una momia que conserva todos los órganos internos íntegros porque no extrajimos ningún órgano».

El embalsamador de Franco ha revelado que el Gobierno no se ha puesto en contacto con él para pedirle asesoramiento: «Saben perfectamente que Franco está bien conservado y conmigo no han contado para nada», dijo en laSexta este domingo.

Quedan días, tal vez horas para que los restos de Franco sean exhumados, y hay quien se ha preguntado por el estado del cadáver. El forense considera que solo «la deshidratación» lo habría afectado, teniendo en cuenta que Francisco Franco lleva 44 años enterrado en el Valle de los Caídos, en la madrileña sierra del Guadarrama.

El forense Antonio Piga es la única persona que aún vive de las cuatro que participaron en el embalsamamiento de Franco. «No sé si llegarán a abrir el ataúd (para moverle de lugar), porque la tapa interna metálica tiene una mirilla para ver el interior», desvela el médico que en 1975 tenía 36 años y ahora, tras años retirado, tiene 80 cumplidos. Franco está dentro de una doble caja metálica y de madera, con su uniforme y sus medallas.

En cuanto al estado de conservación, el especialista cree que «la humedad exterior es el peor enemigo, pero diría que el cuerpo de Francisco Franco está en un ambiente seco», explica. La normativa española contempla que los cuerpos sean embalsamados cuando tienen que ser trasladados o cuando el cadáver va a ser enterrado, en el propio territorio, más de 48 horas después de la defunción. «En el caso de Franco, ya estaba previsto que se expondría en una capilla ardiente», asegura el forense ya jubilado.

Antonio Piga pertenece a una saga de médicos eminentes que hoy en día sigue teniendo grandes facultativos entre los descendientes. Él y su padre, catedrático de medicina legal, e hijo de uno de los médicos de Alfonso XIII, aceptaron el encargo e iniciaron los preparativos. «En el Instituto Anatómico Forense teníamos todo el equipo necesario. Pero el proceso no iba a ser allí, sino en el hospital de La Paz, donde trabajaba el Marqués de Villaverde (yerno del dictador). Por eso tuvimos que obtener todos los líquidos y, sobre todo, una bomba de inyección», afirma.

Franco en realidad murió el 19 de noviembre
A las 23:30 del 19 de noviembre de 1975, el doctor Piga recibió una llamada del responsable del equipo médico que atendía a Franco. «Antonio, hay que estar preparados», le dijo Vicente Pozuelo. Apenas media hora después, antes de la medianoche del 19 de noviembre de 1975, el dictador había fallecido.  «Nos enviaron un coche oficial para desplazarnos hasta el Hospital de La Paz, donde Franco hacía días que estaba ingresado», recuerda el forense. El operativo había comenzado un mes antes.

El abuelo de Antonio Piga, fue Antonio Piga Pascual, uno de los médicos de Alfonso XIII, que cuenta con una calle en Madrid (Calle Doctor Piga). Piga fue el que se ocupó el 13 de julio de 1936 el cadáver de Calvo Sotelo cuando fue asesinado a los 43 años. En la imagen, Piga fumándose un puro ante el cuerpo del que había sido ministro de Hacienda durante la dictadura de Primo de Rivera.

Piga recuerda que Franco fue sometido a varias intervenciones, una de ellas de urgencia, en el propio Palacio de El Pardo. «Estaba muy grave porque el infarto era muy amplio. Aunque hubiera sobrevivido, su discapacidad hubiese sido enorme porque el corazón ya no tenía fuerza», señala el médico.

Aquel 19 de noviembre de 1975 llegó el coche oficial con un militar al volante. «Salimos para el hospital repartidos en los dos coches», explica Antonio. Al llegar a La Paz, la entrada principal estaba llena de gente. «Yo no quería salir en los periódicos del día siguiente, así que dimos la vuelta al edificio y entramos por detrás, por un sitio de carga y descarga, sin llamar la atención», recuerda.

«Subimos hasta una de las habitaciones de la sección de rehabilitación y entramos. Había una camilla con el cuerpo de Franco, desnudo y cubierto con una sábana. No sabemos exactamente cuándo falleció, pero no era algo que acabara de pasar. La versión oficial siempre ha sostenido que murió el 20-N. Piga padre e hijo, y los también doctores Modesto Martínez-Piñeiro y Haro Espín se pusieron manos a la obra. «El cuerpo estaba mal. Había sido sometido a varias intervenciones y además venía de una enfermedad larga y dura. Modestamente, creo que le dejamos con un aspecto mejor del que tenía», apunta el facultativo. Optaron por un proceso de embalsamamiento tradicional, que consiste en sustituir todos los líquidos por parafina, extraer las vísceras, vaciar el cráneo, taponar los orificios, inyectar conservantes. «Empezamos a las 00:30 horas y acabamos alrededor de las 5 de la madrugada», señala el doctor. «Utilizamos hasta cinco litros de una solución de formaldehído, alcohol y agua para conservar el cuerpo. El líquido se va extendiendo lentamente y va endureciendo y momificando los tejidos. Se seca la piel, los músculos y las sustancias blandas. Y también cuidamos un poco el aspecto estético exterior», recuerda.

Una vez acabada la parte principal del embalsamamiento, se fueron junto al cadáver hasta el Palacio de El Pardo, donde se celebró una misa íntima con Carmen Polo, la viuda, además de otros familiares. «Teníamos que acabar de poner el maquillaje. Era importante para que lo pudiera captar la televisión. Pero teníamos que saber qué luz había en ese otro espacio», asegura.

«Días después nos llamaron porque le salió una gota de condensación en la cara», apunta Antonio Piga. «Los líquidos con los que trabajamos eran volátiles y como los focos de la capilla ardiente daban mucho calor, se estaban evaporando», afirma.

Tras los días en que fue velado en el Palacio real, lo pusieron dentro de una caja de zinc que, a su vez, iba en otra de madera. «Querían que estuviéramos presentes para darles algún consejo para evitar hongos y otras cosas así», afirma el médico.

Autor

Francisco Lorenson

Polifacético e innovador reportero, lleva años trabajando en el sector y aprendiendo de algunas de las personas más inteligentes del negocio.

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