Otra.
Y van ya más 10 en que les hemos pillado.
Si el verano español es famoso por algo, es por esas jornadas en las que el asfalto parece derretirse y los abanicos se convierten en objeto de culto.
Sin embargo, este año, la ola de calor no solo ha sido motivo de conversaciones en terrazas y medios, sino también protagonista de un debate político candente.
La Agencia Estatal de Meteorología (AEMET) ha irrumpido en escena para desmontar algunos mitos y excusas: España ha sufrido cuatro olas de calor más largas que la de 2025, contradiciendo la idea de que este episodio es sin precedentes.
A día de hoy, 20 de agosto de 2025, los datos meteorológicos son rotundos: aunque la ola actual ha dejado registros extremos en varias provincias –con máximas que superaron los 44°C en Alicante y 45,1°C en Murcia–, el récord absoluto sigue perteneciendo a 2015, cuando se encadenaron 26 días consecutivos bajo temperaturas abrasadoras.
Este dato desmonta la narrativa política que intenta justificar determinadas acciones o políticas climáticas con la supuesta excepcionalidad del verano actual.
Olas de calor: ¿más largas, más intensas o más frecuentes?
El análisis histórico revela una tendencia preocupante: las olas de calor se han duplicado en frecuencia y duración en los últimos 25 años. Entre 1975 y 1999 se contabilizaron 44 olas; desde el año 2000 ya suman 90 episodios, según AEMET. Pero lo verdaderamente revelador es el número total de días bajo calor extremo: 474 jornadas entre 2000 y 2024, frente a las 212 del periodo anterior.
Una tabla rápida para comparar:
| Año | Duración máxima (días) | Provincias afectadas | Temperatura máxima registrada |
|---|---|---|---|
| 2015 | 26 | 30 | 45,2°C (Córdoba) |
| 2022 | 18 | – | >44°C (Murcia) |
| 2003 | 16 | – | – |
| 2025 | Hasta ahora, tercera más larga | – | 45,1°C (Murcia) |
Las olas de calor no solo son más largas y frecuentes; también afectan a más regiones cada año. En palabras del portavoz José Ángel Núñez: «El número de días muestra un aumento claro y estadísticamente significativo». El cambio climático antropogénico –es decir, causado por las actividades humanas– está detrás del fenómeno. La temperatura media en España ha aumentado 1,7°C desde los años sesenta, siendo mayor el incremento durante el verano.
Medio ambiente y salud: consecuencias directas
El impacto ambiental es evidente: los incendios forestales han arrasado más hectáreas este verano que cualquier otro desde 2006. La calidad del aire empeora, los ecosistemas se resienten y el estrés hídrico amenaza cultivos y abastecimiento urbano.
Pero el calor extremo también afecta a la salud pública. El Ministerio de Sanidad advierte sobre el exceso de mortalidad asociado a episodios prolongados –tres o más días consecutivos– con temperaturas anormalmente altas. Los grupos vulnerables (mayores, niños pequeños, personas con enfermedades crónicas) son especialmente sensibles. Las noches tropicales –aquellas en las que no baja de 20°C– dificultan el descanso e incrementan riesgos cardiovasculares.
Algunos efectos sobre la salud documentados:
- Incremento del número de urgencias hospitalarias por deshidratación y golpes de calor.
- Agravamiento de patologías respiratorias.
- Mayor incidencia de enfermedades transmitidas por vectores (mosquitos), cuyo ciclo vital se acelera con las altas temperaturas.
Curiosidades científicas para soportar el bochorno
Para no perder la sonrisa entre tanto dato abrasador, conviene repasar algunas curiosidades científicas que deja el estudio del clima:
- En Córdoba ‘aeropuerto’, durante la ola histórica de 2015, se llegó a registrar 45,2°C, temperatura suficiente para cocer un huevo… si uno tuviera paciencia y buen ánimo.
- El número máximo de provincias afectadas simultáneamente fue 30 en julio de aquel año.
- Aunque las olas actuales parecen interminables, hubo un breve «respiro» en julio del mismo año… ¡solo dos días! El resto del mes fue un auténtico horno peninsular.
- La tendencia global indica que para 2050 podríamos tener hasta 40 días adicionales al año bajo condiciones extremas. Eso sí: los fabricantes de ventiladores ya están frotándose las manos.
- No todas las regiones sufren igual: Galicia, Asturias y Cantabria suelen ser los oasis frescos cuando el resto del país arde.
El Falcon como símbolo… ¿y contradicción?
Mientras los datos científicos apuntan a la urgencia climática, no deja de resultar irónico –y motivo recurrente en la prensa– que los líderes políticos sigan acumulando kilómetros en Falcon y helicópteros mientras llaman a pactos climáticos. La distancia entre discurso y acción es tan palpable como la diferencia entre sombra y sol al mediodía.
Por cierto, ¿sabías que los aviones oficiales emiten toneladas de CO₂ por cada trayecto? Quizás algún día podamos comparar olas de calor con “olas” políticas… aunque para eso aún falta mucha ciencia social.
Y así, entre récords térmicos y anécdotas políticas, España sigue buscando fórmulas para adaptarse al futuro climático. De momento, mejor tener siempre cerca una botella de agua… o una buena historia científica para animar la sobremesa.
