Imaginemos un nuevo Titanic en el que su capitán decide navegar hacia un iceberg para que el pasaje se divierta viéndolo, y que tras chocar con él y empezar a hundirse culpa a los viajeros de haber contratado ese crucero porque les prometía muchas fiestas y grandes espectáculos.
Con las bombas de achique ya hundidas, el capitán, optimista patológico, le exige a todos que evacuen con sus zapatos el agua que entra a toneladas.
Esto es lo que ha pasado con la España de Rodríguez Zapatero y su crucero de verbenas, que empezaron con aquella frase ante unos invitados indiscretos poco después de llegar al poder: “Nos sale el dinero por las ventanas”.
Por eso anunciaba que había superado a Italia, que iba a por Francia y que pronto dejaría atrás la Alemania de la fracasada Angela Merkel.
Fiesta tras fiesta, pero provocando divisiones: dándole la casi independencia de España a la Generalidad catalana, llamándole imperativamente matrimonio, y no de otra manera, a la unión homosexual, reviviendo odios con la ley de Memoria Histórica, creando un ministerio para la flamenca Bibí Aído, haciendo a la astróloga Leira Pajín jefa del PSOE, enviando condones y pagando webs de sexo en Gambia, o en los sindicatos, o a cosas así, qué más da: Alegría, Alegría.
Mientras, a toda máquina hacia el iceberg para seguir con la fiesta.
Ahora que todos se hunden, viene el guerrismo, la oficialidad que no se atrevió a decirle al capitán que su singladura era una locura, y propone un gobierno de coalición entre los mandos y los tripulantes de la tímida oposición del PP.
Menos mal que desde otro barco el capitán Obama le ofreció la salvación al master del nuevo Titanic: la oración rememorando el Deuteronomio en el National Prayer Breakfast, y cantar el «Nearer, My God, To Thee», Más cerca, oh Dios de Tí, el himno que tocaba la orquesta del trasatántico el 14 de abril de 1912 mientras se hundía.
