a pregunta podría llevarnos al creacionismo, tan odiado por el evolucionismo puro y por la corrección política: ¿Y si Dios fuera un alienígena, un ser de otro planeta, un Alien, que quizás tripulaba el “carro de fuego” que se llevó a Elías hacia el cielo, como narra la Biblia desde hace tres mil años en los libros de Los Reyes?
Preguntas así llevan el estreno de este verano, Prometheus, de Ridley Scott, el director de Alien (1979), ser parásito de satánica inteligencia que eclosionó del pecho de un gigante humanoide muerto, y que mataba a los tripulantes de la nave espacial Nostromo camino de la Tierra, donde seguramente destruiría toda vida humana.
Tres años después Scott creó Blade Runner: para los replicantes que luchaban por alargar su existencia Dios era la Tyrrell Corporation, que los fabricaba con fecha de caducidad.
El director de algunas de las mejores películas de los últimos 35 años parece creer en algo superior como creador de la vida.
Hace poco le decía al New York Times que era matemáticamente imposible…
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