Nadie definió mejor al fundador de WikiLeaks, Julián Assange, que el Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa al afirmar este fin de semana que este hacker es “un oscuro ladronzuelo de la intimidad ajena”.
El supuesto progresismo aplaudió que Assange publicara los documentos secretos robados por un soldado estadounidense a su Gobierno, pero esos cientos de miles de legajos tenían poco valor.
Todo lo brutal o denunciable, todos los Watergate estadounidenses, en la guerra y en la paz, ya se conocían a través de las filtraciones habituales, aunque los medios informativos que le pagaron a Assange en 2010 su producto trataron de demostrar que era un hito informativo, un antes y un después del robo.
Ahora, nadie recuerda que informaran de algo relevante. Sobre España, todo sabido: cotilleos diplomáticos sobre la insolvencia de Zapatero..
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