Como español y sólo en representación propia quiero pedirle perdón, señora Merkel, por los gritos que oyó contra usted y Alemania en Santiago de Compostela durante su visita de dos días a Mariano Rajoy.
Esa gente, que tampoco era mucha, no es agradecida y para ella hay un refrán que no alaba, precisamente, su buen origen.
Porque usted, señora Merkel, es hoy la última de una saga de cancilleres alemanes a los que España les debe desde 1986, cuando ingresó en la entonces Comunidad Económica Europea, gran parte de su crecimiento y de su sistema de previsión y bienestar social.
Hoy la CEE es la Unión Europea (UE), que paso a paso se encamina hacia una confederación de naciones prósperas y pacíficas…
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