El gran mantra de los apaciguadores ante la insumisión de las autoridades catalanas a la Constitución que impide convoquen un referéndum separatista es que gran parte de la población de esa Comunidad desea votar, y que no hacerle concesiones creará más independentistas.
Hace una década los catalanes que querían separarse de España rondaban el diez por ciento, hace dos años no eran ni el treinta por ciento, y ahora, al parecer, superan ya el cincuenta, lo que hace pensar en una aceleración de sentimientos poco o nada meditada, producto de una campaña de propaganda tóxica.
Las generaciones sí pueden cambiar de pensamiento en temas fundamentales de la organización de un Estado, y la ruptura de una nación democrática sólo debería tolerarse después de que dos generaciones diferentes, a unos 25-30 años de distancia, eligieran la opción separatista.
Destruir un Estado multicentenario y con una democracia estable no puede obedecer…
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