La Generalidad catalana tiene edificios que aspiran a ser embajadas en Nueva York, Berlín, Londres, Buenos Aires, París y Bruselas, además de 27 agencias comerciales por todos los continentes.
Sus funcionarios trabajan estos días con ahínco para pedirle a los gobiernos de donde se albergan que apoyen ante el Estado español sus demandas de independencia.
Bastante tienen con sus problemas localistas y tribales todos los países, al margen del deber de respetar el Derecho Internacional, como para inmiscuirse en asuntos de una de las naciones más antiguas del mundo.
Pero continúan la campaña pese al ridículo sufrido con las cartas de Artur Mas del 1 de enero a todos los dirigentes europeos solicitándoles su ayuda para su empeño separatista…
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