Mire mi navaja de siete estallos y dígame que no tengo razón los días que siguen a la Navidad al ponerme frenético con las fotografías de los nuevos ricos de la lotería y las imágenes de sus saltitos en la televisión.
Mataría a los que compran décimos en Doña Manolita y en administraciones donde siempre toca, porque lo que se llevan ellos me lo quitan a mí.
Míreme: soy un desgraciado que nunca tuvo un reintegro y que en treinta años he invertido en loterías una media de 600 euros anuales. Toda la vida trabajando para esto.
Yo soy honrado, pero tengo que atracar a alguien, perdone usted. A ver qué cenan hoy mis hijos después…
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