Acaba de producirse en EE.UU. una noticia de apariencia intrascendente que explica la relación entre el fervor islámico de creyentes supuestamente integrados en una sociedad libre y su exigencia de que se ejecute a los apóstatas.
Son respetables miembros de una comunidad, pero su mensaje oculto es el brutal purismo inicial, el salafismo origen de los fanatismos que llevan casi naturalmente al yihadismo.
A veces se elige gente así como servidora del Estado: es el caso de Fouad al-Bayly, imán del Centro Islámico de Johnstown, Pennsylvania, que acaba de ser nombrado capellán de prisiones con sueldo público del Departamento de Justicia estadounidense.
Se supone que debería ser un activista de los derechos humanos, pero pese a su apacible apariencia, es un fanático peligroso…
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