Ante las crecientes acusaciones generales del feminismo radical contra los hombres de machismo, acoso, maltrato y feminicidio es necesario refutar el pseudoprogresismo que lo alimenta y a los poderosos medios que lo apoyan y que crea un histerismo pernicioso para la relación entre los dos sexos.
El cronista estuvo a las órdenes de mujeres, fue compañero de otras y jefe de algunas. Ninguna lo acusará de acoso sexual o de machismo, por lo que está legitimado a rechazar esas acusaciones genéricas, junto a la mayoría de los hombres.
Los acosadores y sexistas enfermizos, que siempre existieron, son una ínfima minoría que el feminismo radical, una ley zapaterista, la corrección política y los medios, hacen pasar por mayoría…
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