300 el x 50 el x 30 el: título raro, obra grande

Llegan desde Amberes ecos del Arca de Noé con la compañía FC Bergman

300 el x 50 el x 30 el: título raro, obra grande
300 el x 50 el x 30 el - FOP - Teatros del Canal

300 el x 50 el x 30 el son las medidas bíblicas del Arca de Noé, ‘codos’ mesopotámicos que equivalen a 135 metros de largo, por 22.5 de ancho y 13.5 de alto. Es el extraño título de un espectáculo extraordinario que el Festival de Otoño a Primavera de la Comunidad de Madrid ha traído desde Amberes. Teatro sin palabras, fusión de escenario con filmación, una comunidad desconcertante y excéntrica de humanos espiados en su intimidad, con sus manías y secretos, con sus vicios y virtudes, con su perversa y bendita humanidad.

La compañía FC Bergman formada en 2008 por seis actores/creadores/artistas es una de las varias que tienen sede en el teatro municipal de la capital flamenca, el Toneelhuis, un centro de producción dramática que irradia creatividad a todo el continente hospedando esta y otras cinco iniciativas a cuál más novedosa. En 2011 crearon con tan sólo un mes de plazo este espectáculo único para el Kleppers Festival (kleppers significa cotilla o chismoso’), y desde entonces ha impactado en Avignon y Hamburgo, Montpellier y Viena, Atenas y otras varias ciudades europeas.

La historia de partida es la de una aldea amenazada por una innudación, en la que presenciamos el vivir inquieto de sus habitantes, su deambular individual y sus afanes colectivos al mismo tiempo que su vida íntima en el interior de las seis casas que habitan. Estamos hablando de veinte actores, de veinte trayectorias entremezclándose.  Una población entera rodeada por un oscuro bosque de pinos envueltos por la niebla ha sido construida sobre el escenario. La luz imprime un resplandor íntimo a la escena, parece sentirse el olor de las hojas caídas que cubren el suelo y es como el mundo real, más real incluso.

Lo que ocurre en la plazuela del villorrio se complementa con lo que ocurre tras los tabiques de madera de las cabañas. Un equipo de vídeo sobre raíles circulares rodea una y otra vez el escenario, permitiendo que el público pueda ser testigo de lo que ocurre dentro de las casas proyectado en tres pantallas. Teatro y cine se complementan en una síntesis que funde ambos lenguajes en un poderoso conjunto visual quizás nunca antes visto en un escenario, a pesar del uso y abuso del vídeo en directo sobre las tablas escénicas en los últimos años.

Vemos en la primera cabaña de la izquierda a un anciano enfermo que se arranca la sonda, abandona el lecho y armado de un martillo se marcha al bosque; vemos en la siguiente a un matrimonio y sus dos hijos en una cena demencial en la que sólo engulle y engulle la señora de la casa; en la casa siguiente una madre autoritaria supervisa los ejercicios de piano de su hija adolescente; enfrente, la casa del fondo es habitada por una pareja desinhibida a la que sorprendemos mientras la mujer intenta desesperadamente defecar y el hombre a su lado se masturba lentamente; a continuación la cámara nos muestra el interior de la siguiente cabaña donde unos hombres beben y fuman jugando a los dardos; y finalmente en la más proxíma de la derecha, un joven extraño coloca petardos en una maqueta que aparenta ser esta misma aldea. Todas son situaciones extremas: divertidas y exageradas, pero también repulsivas. Encierran la verdad tras los visillos, tras las paredes, de una sociedad que reconocemos similar a la nuestra, aparentemente más excéntrica, más perversa, más morbosa. Y en primer plano, en medio de las seis cabañas un taciturno pescador fuma y fuma cabizbajo, mientras al fondo el bosque se agita amenazante.

Las historias del interior de las seis cabañas se entrecruzan a medida que nos las muestra la cámara, se van haciendo más y más surrealistas, demenciales, grotescas, y sus moradores comienzan a salir al exterior atraidos por ruidos extraños, por temores impalpables, mientras el joven solitario quiere huir y la aprendiz de pianista pretende acompañarlo, mientras la cena adquiere tintes de pesadilla, el juego de dardos da paso a peligrosos ejercicios de puntería con pistola, la mujer sentada en el retrete consigue finalmente expulsar dos caracolas marinas, el hijo de la comilona se mete en la cabaña del anciano huido y mata sádica y doblemente a la paloma que tenía en una jaula, y naufraga en la violencia y la desolación el romance de la chica que hacia escalas en el piano y el chico solitario, y este destruya a hachazos la barca de su salvación. Al ritmo obsesivo e hipnótico de espirituales negros, la acción colectiva desemboca en una danza tribal, en una catarsis frenética, en un éxtasis rítmico al que se une todo el equipo artístico y técnico desatando el entusiasmo del público antes de que todo se desplome en un brusco final.

La mezcla de humor negro, trucos casi de magia, escenas desconcertantes, visiones desagradables y golpes de efecto, multiplicada por la doble atención necesaria hacia la cara y la cruz de lo que está pasando, mantiene al espectador fascinado durante setenta intensos minutos. Escenografía, iluminación, sonido, vídeo y vestuario crean un original espacio -onírico e hiperrealista al mismo tiempo- que recuerda a René Magritte (1898-1967), el pintor surrealista belga conocido por sus ingeniosas y provocativas imágenes, sus provocaciones a la percepción homologada, su carga conceptual basada en la ambigüedad y los contrastes.

Puede decirse que es una producción absolutamente deslumbrante, un despliegue de imaginación unido a una capacidad técnica difíciles de encontrar hoy día. Ciertamente, la forma se come al fondo, y puede prescindirse de todo intento de explicación a través de la palabra, porque quizás el guión original ha sido sepultado en una avalancha de ocurrencias y recursos que convierten, como comprendió Marshal McLuhan (1911-1980) hablando de comunicación, al medio en el mensaje. Un mensaje complejo, sombrío, post religioso y sin embargo ansioso de trascender, buscando algo en lo que creer de nuevo. Esperando el diluvio universal, esperando a Godot, esperando, esperando algo.

VALORACIÓN DEL ESPECTÁCULO (del 1 al 10)
Interés: 10
Argumento: 7
Interpretación: 9
Escenografía: 9
Imagen y sonido: 9
Producción: 10

F.O.P.
Teatros del Canal – Sala Roja
300 el x 50 el x 30 el
Días 11 y 12 de noviembre de 2016
Estreno en España
Duración aprox: 1 hora y 10 minutos (sin intermedio)

Producción – FC Bergman
Creación e interpretación – Stef Aerts, Joé Agemans, Bart Hollanders, Matteo Simoni, Thomas Verstraeten y Marie Vinck
Intérpretes invitados –  Wim Verachtert, Paul Kuijer, Gert Portael, Herwig Ilegems, Shana Van Looveren, Celine Verbeeck, Marijke Pinoy, Gert Winckelmans, Ramona Verkerk, Arne Focketeyn, Flor Decleir, Matthieu Sys, Luc Agemans y Cas van Neef

Vestuario: Judith Van Herck
Cámara de vídeo: Thomas Verstraeten
Director de producción: Celine van der Poel
Director de producción técnica: Ken Hioco
Técnicos de escenografía: Niels Antonissen, Kobi Gruyaert y Fik Dries
Iluminación: Henk Vandecaveye
Sonido y vídeo: Paul Van Caudenberg
Escenografía: FC Bergman
Productor ejecutivo: Toneelhuis

    Encuentros de FC Bergman con el público
    Viernes 11 y sábado 12 de noviembre de 2016, tras finalizar cada función

    Encuentro de FC Bergman con profesionales, estudiantes y aficionados
    Sábado 12 de noviembre, de 16.30 a 18.30 horas, en la Sala de Prensa de Canal

Autor

José Catalán Deus

Editor de Guía Cultural de Periodista Digital, donde publica habitualmente sus críticas de arte, ópera, danza y teatro.

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