Visita póstuma de Giacometti al Prado

Sus inconfundibles bronces filiformes dialogan con los grandes maestros en este bicentenario

Visita póstuma de Giacometti al Prado
Giacometti en el Museo del Prado

Quién sabe lo que impidió a Alberto Giacometti (1901-1966), uno de los artistas más conocidos del siglo XX, visitar en vida el Museo del Prado, que en el marco de su bicentenario y pensando en a cuál artista contemporáneo recurrir para sumarlo a la conmemoración, ha elegido a este, uno que concebía el arte como un único y simultáneo lugar de confluencia del tiempo pasado y presente. 
 
Carmen Giménez, la comisaria de esta muestra de dieciocho esculturas y dos pinturas, concibe la exposición como un paseo póstumo en el que las obras del artista transitan por el corazón del Prado. El recorrido comienza en la sala de Las meninas de Velázquez, continúa frente a Carlos V en la batalla de Mühlberg de Tiziano, discurre junto a la obra del Greco y contrasta con los cuerpos colosales representados por Zurbarán en su serie de Hércules.
 
En los doscientos años transcurridos desde la apertura del Museo del Prado ha sido creciente lugar de peregrinaje de los artistas de vanguardia. De Courbet a Bacon, pasando por Manet, Degas, Whistler o Picasso, su visita al Museo marcó un antes y un después en su trayectoria artística. Ha habido, no obstante, destacadas ausencias, y quizás ninguna tan notoria como la de Giacometti, a quien está dedicada esta singular exposición. Aunque nunca visitó el museo, el artista suizo conoció en 1939 la exposición Chefs-d’œuvre du Musée du Prado celebrada en Ginebra, donde habían sido trasladadas gran parte de sus colecciones durante la Guerra Civil Española.  En esa exposición se encontraban representados varios de sus pintores predilectos, Durero, Rafael, Tintoretto, El Greco, Goya o Velázquez.
 
Es fundamentalmente a partir de 1945 -impresionado para siempre por la segunda guerra mundial- y hasta su muerte en 1966, el período representado en la exposición, cuando su práctica se centra en la representación de la figura humana, en una búsqueda obsesiva de una realidad que trascendiera la mera apariencia. 
 
La exposición Las 20 obras expuestas -18 esculturas y 2 óleos- proceden de colecciones de la Fondation Beyeler, Riehen/Basilea, Alberto Giacometti-Stiftung Zurich, Kunstmuseum Basilea, Louisiana Museum of Modern Art, Humlebaek, Dinamarca, Alicia Koplowitz, coleccionista y miembro del Real Patronato del Museo Nacional del Prado, la Fondation Marguerite et Aimé Maeght de Saint-Paul-de-Vence, la Hamburger Kunsthalle, Hamburgo, y el Museum of Fine Arts de Houston. Las esculturas todas son bronces menos el latón de ‘Mujer de pié, 1948-49’ en la Sala 9B, la más filiforme de todas.
 
Frente a Las meninas de Velázquez, en el centro de la sala circular en la que se cuelgan algunas de sus mejores obras, se ha situado el conjunto de figuras que conforma ‘La Piazza’ – Mujer alta III, Mujer alta IV, Cabeza grande y Hombre que camina- ideado inicialmente en 1958 como un proyecto de escultura monumental en Nueva York que no llegó a materializarse. Prolongan, aún más si cabe, el juego de espejos propuesto por el pintor barroco. 
 
Junto al Carlos V en la batalla de Mühlberg de Tiziano se sitúa ‘El carro’: una mujer, encaramada sobre dos ruedas gigantes, suspendida en equilibrio entre el movimiento y la quietud, el avance y la retirada; y enfrente, sus dos únicas pinturas de la muestra -‘Cabeza de hombre I (Diego)’, obra en la que capta en 1964 a su hermano Diego (bautizado así en honor a Velázquez) y ‘Isaku Yanaihara, 1961’.

Próximas al Lavatorio de Tintoretto, ‘Siete Mujeres de Venecia’, pertenecientes a la serie de esculturas presentadas en la Bienal de Venecia de 1956 y una de sus obras cumbre, dirigen su mirada hacia las salas de la obra del Greco, donde ‘Mujer de pie’ manifiesta unos evidentes paralelismos formales en su verticalidad y alargamiento con la obra del pintor cretense.

Y bajo los cuerpos colosales representados por Zurbarán en su serie de Hércules, ‘La pierna’, de dos metros  de altura, encuentra acomodo perfecto rodeada de titanes.

Uno de sus ‘El hombre que camina’ -el 4/6 de la serie- preside el conjunto en la rotonda central de la primera planta. Para que su figura filiforme no se perdiera en la majestuosidad del contexto se le ha colocado detrás un panel blanco, a juego con las peanas del resto de las esculturas expuestas, algo que quizás introduce cierto desequilibrio en el conjunto. Tal vez hubiera sido mejor que la desamparada silueta prosiguiera sin protección alguna su silenciosa andadura. En 2010 un ejemplar de la serie llegó a ser la obra más cara jamás subastada de la Historia, con un precio de 75 millones de euros, superando a Picasso. Actualmente el ‘giacometti‘ más caro es ‘Hombre que apunta con el dedo’, 113 millones de euros.

Miguel Falomir, director del Museo del Prado, está especialmente contento de que las obras sean todas de primera fundición y en vida del artista, dada la cantidad incalculable de piezas que se ha ido fundiendo después. En agosto de 2009 se localizó en Maguncia, en el centro de Alemania y cerca de Fráncfort, un almacén con cerca de un millar de copias falsas de esculturas de bronce de Giacometti. La Audiencia de Stuttgart condenó en 2011  a un tratante alemán de arte a siete años y cuatro meses de cárcel por esta estafa multimillonaria, complementando otra condena anterior de casi tres años de cárcel. Según estableció el tribunal, el marchante y sus socios vendieron falsificaciones del pintor y escultor suizo desde 2003 por valor de nueve millones de euros. Dos de los acusados son los propietarios de una casa de subastas en Wiesbaden, que distribuyó varias de las obras. Otro de los acusados era el encargado de buscar compradores fuera y dentro de Alemania afirmando ser aristócrata y amigo del hermano de Giacometti, Diego. Los estafadores aseguraban que procedían de un fondo de la herencia familiar. Las obras falsificadas disponían de supuestos certificados de autenticidad. Entre 2008 y 2009 intentaron vender 300 esculturas de bronce y 100 piezas de escayola a una galería de Nueva York por un valor de 50 millones de euros. Pero cuando ofrecieron por 1,3 millones de euros 17 esculturas a unos supuestos compradores, resultaron ser investigadores de la policía encubiertos y acabó el negocio.

En 2015 se juzgó al autor real de las esculturas, el imitador que había creado un millar de falsificaciones a cambio de unos 400.000 euros, invirtiendo no más de cien euros en los materiales empleados. Tras salir de su escondite en Tailandia fue condenado a cinco años de cárcel. La misma Fundación Giacometti, que atesora gran parte del legado del artista -unas 400 esculturas, un centenar de pinturas, más de 3.000 dibujos y su archivo documental- reconoce que son muchos los Giacometti falsos que hay en el mercado.

En junio de 2018 el Solomon R. Guggenheim Museum de Nueva York celebró una gran retrospectiva suya, y hasta este pasado febrero el Museo Guggenheim Bilbao con la Tate Modern han desplegado otra tan ambiciosa o más, con 200 esculturas, pinturas y dibujos procedentes de la citada Fundación Giacometti (París).

Las piezas que han venido al Prado tienen un total valor de mercado de 221 millones de euros. Medio siglo después de su muerte, Giacometti es objeto de culto de las masas ilustradas y fondo de inversión global de los especuladores en arte. Se le rinde absoluta pleitesía, aunque por nuestra parte no compartamos tan excesiva veneración. Hace un año, la Fundación Mapfre ofreció la exposición ‘Derain, Balthus, Giacometti. Una amistad entre artistas’ (ver nuestra reseña de entonces), ocasión en la que recordábamos que el artista suizo se había convertido en símbolo de la soledad y el aislamiento del ser humano en el siglo XX, que sus típicas esculturas de una delgadez extrema son muy reconocibles y admiradas como un retorno original al arte figurativo, y que Sartre lo definió como «el artista existencialista perfecto, a mitad de camino entre el ser y la nada». Pero es que además, en 2013 esta misma Fundación nos había ofrecido ‘Giacometti. Terrenos de juego’ (ver nuestra reseña de entonces). En ella decíamos: ‘(El hombre que camina) Puede interpretarse como esencia de la vida misma, de nuestra rutinaria excepcionalidad. También puede entenderse como metáfora de la búsqueda permanente, como retrato de esas gentes especiales del siglo XX que emprendieron la gran aventura espiritual, intelectual y vital en la que, a pesar de que ya se vislumbran los nuevos horizontes, generacionalmente aún estamos inmersos’.

Aproximación a la exposición (del 1 al 10)
Interés: 7
Despliegue: 8
Comisariado: 6
Catálogo: aún sin publicar
Folleto explicativo: 9

Museo del Prado
“Giacometti en el Museo del Prado”
2 de abril – 7 de julio 2019
Comisariado – Carmen Jiménez
Con la colaboración de la Comunidad de Madrid y la Fondation Beyeler y el apoyo de la Embajada de Suiza y el Grupo Mirabaud.

Actividades complementarias 
-CLAVES El Museo ofrece charlas sobre la exposición para facilitar al público la visita autónoma a la misma, proporcionándole las claves esenciales para apreciar y comprender mejor las obras que forman parte de la muestra.
Abril, mayo y junio Jueves a las 11.00 y 17.00 h
Auditorio. Acceso libre para los visitantes del Museo.
-CONFERENCIA Con motivo de la exposición el Área de Educación incluirá en su ciclo habitual varias conferencias relacionadas con la muestra.
3 de abril a las 18.30 h Otro aspecto en la vida de Giacometti: su país de origen, Suiza Marco Giacometti. Centro Giacometti.

Autor

José Catalán Deus

Editor de Guía Cultural de Periodista Digital, donde publica habitualmente sus críticas de arte, ópera, danza y teatro.

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