Sebastián Silva explora con «La Nana» la falta de emociones

Sebastián Silva explora con "La Nana" la falta de emociones
. Agencia EFE

El realizador chileno Sebastián Silva ha buscado con su segundo filme, «La Nana», explorar las emociones y los efectos de la falta de ellas en los seres humanos a través de la historia de una empleada doméstica que llega hoy a los cines españoles.

En una entrevista con Efe, Silva se muestra encantado con el inesperado éxito que ha logrado su película, la historia de Raquel, una nana que tras 20 años con la misma familia se muestra «resentida y amargada».

Ha triunfado en el Festival de cine de Sundance (EEUU), en el Iberoamericano de Huelva, el de La Habana, el de Lima o el de Miami; ha estado nominado a los Globos de Oro, y su protagonista, Catalina Saavedra, no ha parado de recibir galardones por su excelente interpretación.

De bajo presupuesto y rodada en la casa de su familia sobre la base de sus recuerdos de infancia, esta historia tiene mucho de autobiográfico pero es su carácter universal lo que ha permitido que sea entendida y apreciada en todo el mundo, según Silva.

Sebastian Silva (Santiago de Chile, 1979), un inquieto ilustrador, músico y cineasta, ha construido una historia a partir de sus vivencias de infancia y adolescencia, en la misma casa en la que se desarrolla el filme y con una nana muy similar a la Raquel de la gran pantalla.

«Tuve una nana que se comportaba de forma muy similar a Raquel, con una actitud amarga y resentida». Y, al igual que en la película, recibió la llegada de otra empleada de forma muy negativa, pero esta nueva persona (Lucy en el filme), «le hizo cambiar su actitud hacia sí misma y hacia la vida».

De ahí que sea una película «sobre la condición humana», que habla de las «emociones y la falta de amor», más que «del lado antropológico y sociológico de las empleadas domesticas».

Una historia de cómo vive «un ser humano falto de amor y cómo eso se manifiesta. El hecho de que le suceda a una empleada vistiendo uniforme es anecdótico, el tema es bastante universal».

Y que tuvo un éxito inmediato que sorprendió al director y que superó ampliamente las expectativas del realizador sencillamente porque no tenía ninguna.

«Con mi primera película -‘La vida me mata’ (2007)- aprendí que lo mejor era no tener ninguna expectativa porque los resultados, las reacciones, son tan azarosos que es mejor esperar la sorpresa».

Especialmente con este proyecto, que a un día de comenzar el rodaje se quedó sin productor. Pero Silva logró interesar en la historia a Gregorio González, «que se arriesgó, se endeudó y resultó bien porque la película finalmente se logró pagar a sí misma y un poco más».

Una apuesta que salió bien por el brillante trabajo del director pero, sobre todo, por una actuación soberbia de Catalina Saavedra, que se hace tanto querer como odiar en los diferentes momentos de la historia.

Saavedra ya participó en la ópera prima de Silva, que se dio cuenta de que es una «actriz excepcional», por lo que le prometió que escribiría algo para ella.

Y escribió «La nana», «pensando en Catalina», sabiendo cuáles eran sus límites y lo que podía o no hacer.

Pero si Saavedra está perfecta en su papel, no lo está menos Mariana Loyola, que da vida a Lucy, la mujer que hace reaccionar a Raquel.

«En un principio buscábamos una persona más obesa, pero nos encontramos con Mariana Loyola en un bar y vimos que era la persona perfecta». El problema: que no quería engordar los 25 kilos que en aquel momento requería el papel.

Pero, «tenía el carisma perfecto para Lucy y eso era mas importante que el físico, así que cambiamos el guión para adaptarlo a ella».

Dos actrices que ofrecen toda una gama de matices en unas interpretaciones que aportan la veracidad y fuerza necesaria a un relato que trata un tema que siempre ha interesado al director, el de las nanas.

«Ya hice anteriormente otras piezas artísticas relacionadas con esto y (la historia) estaba en mi cabeza desde hacía tiempo».

Un proyecto muy personal, muy familiar y muy fácil de realizar para Silva, que considera que trata «emociones tan íntimas y honestas que hubiera sido raro que saliera mal».

Cuatro meses para escribir el guión, apenas quince días de rodaje y ya más de un año de éxito por todas partes con la espinita de no haber sido la candidata de Chile para los Óscar.

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