Impresiones y fotografías

Impresiones y fotografías

Creíamos estar ya hartos de exposiciones de pintura impresionista francesa pero quedaba un resquicio: exhibir los cuadros junto a fotografías de parecida temática, analizar la pirueta iniciada por la pintura ante la aparición de una competencia que parecía hacerla ya innecesaria. Es lo que propone el Museo Thyssen. Si la selección de obras pictóricas es original e interesante, la de fotografías es magnífica. Y las comparaciones entre ambas, a menudo deslumbrantes. Un viaje cautivador a la segunda mitad del siglo XIX siguiendo a Baudelaire para ‘extraer lo eterno de lo transitorio’.

Pues sí, el Thyssen presenta este otoño ‘Los impresionistas y la fotografía’, queriendo profundizar en la repercusión que la invención de la fotografía tuvo en el desarrollo de las artes plásticas de esa época y plantear una reflexión crítica sobre las afinidades y mutuas influencias entre pintura y fotografía. Comisariada por Paloma Alarcó, jefe de conservación de Pintura Moderna, la muestra presenta 66 óleos y obras sobre papel y más de 100 fotografías. Desde los primeros daguerrotipos de finales de la década de 1830 y, sobre todo, tras el descubrimiento en años posteriores de las técnicas de impresión fotográfica en papel, la relación entre fotografía y pintura fue muy estrecha. El ojo artificial de la cámara estimuló en Éduard Manet, Edgar Degas y en los jóvenes impresionistas -Camille Pissarro, Paul Cézanne, Alfred Sisley, Claude Monet, Marie Bracquemond, PierreAuguste Renoir, Berthe Morisot y Gustave Caillebotte-, un nuevo modo de mirar el mundo.

Tal y como nos cuentanlos organizadores lade la muestra, durante las décadas de desarrollo del impresionismo, la fotografía logró paulatinamente dejar de estar asociada a una mera reproducción mecánica de la realidad y fue ganando credibilidad artística. Al impresionismo le valió no solo como fuente iconográfica sino también como inspiración técnica, tanto en la observación científica de la luz o en la representación de un espacio asimétrico y truncado como en la exploración de la espontaneidad y la ambigüedad visual. Asimismo, por influencia de la nueva factura impresionista, algunos fotógrafos, sobre todo los pictorialistas de finales de siglo, comenzaron a preocuparse por la materialidad de sus imágenes y a buscar fórmulas para hacer sus fotografías menos precisas y más pictóricas.

Los impresionistas tenían muy presente la naturaleza cambiante de la realidad, que a cada instante se modifica y se desvanece. Con su capacidad única de suspender el tiempo y mantenerlo vigente de manera indefinida, la fotografía se mostró para ellos como una victoria simbólica sobre la temporalidad y propició una revolucionaria transformación de su representación pictórica. La reducción de las escenas a un intervalo muy breve de tiempo les había obligado hasta entonces a mirar y pintar con mucha rapidez, dando menos importancia a la reflexión que al efecto. También la luz, elemento fundamental para los impresionistas, les emparejó con la fotografía, mientras que su libertad absoluta en el uso del color les diferenciaba de ella. Así, los nueve capítulos temáticos en los que se articula la exposición permiten apreciar la confluencia de intereses de pintores y fotógrafos.

Hacia mediados del siglo XIX, el paisaje era ya el género dominante en la pintura francesa y uno de los motivos preferidos de los fotógrafos artistas; los pintores aprendieron de los fotógrafos que era imposible representar el bosque en su inmensidad y había que hacerlo de forma fragmentada. También el mar fue una fuente inagotable de inspiración y experimentación, y los reflejos espectrales de los árboles en las tranquilas aguas fluviales de las obras fotográficas de Olympe Aguado o de Camille Silvy guardan una estrecha relación con las pinturas de Claude Monet o Alfred Sisley, interesados en la representación cambiante del agua y en el estudio de los reflejos de los árboles en la superficie. Las diversiones en el campo o las escenas al aire libre fueron durante un tiempo uno de los temas preferidos por los impresionistas, y la pincelada suelta y rápida que buscaba reproducir la experiencia de estar al aire libre influirá, a finales de siglo, en la estética de los fotógrafos denominados pictorialistas, que querían demostrar que la fotografía no era un mero reflejo de la realidad, sino una realidad nueva, y lo lograron modificando la profundidad de campo para obtener un efecto desenfocado, o abandonando los procesos fotográficos más avanzados en favor de fórmulas manuales con el objeto de acercarse al dibujo o a la pintura.

En los años centrales del siglo, varios fotógrafos fueron contratados por el gobierno francés para tomar fotografías de los monumentos históricos de Francia. Estas imágenes despertarían años después el interés de los impresionistas por los edificios góticos. Los nuevos escenarios urbanos de París de grandes avenidas y amplios bulevares, creados durante el Segundo Imperio por el barón Haussmann, derivaron en nuevos modos de ver y vivir la ciudad y se convirtieron en los motivos favoritos de pintores y fotógrafos. Y con la rápida comercialización de la fotografía, el retrato pictórico tomó una nueva dirección. Al triunfo del daguerrotipo, que inmovilizaba a sus personajes debido al dilatado tiempo de exposición, le siguió la moda de las cartes‐de‐visite, patentadas por Disdéri en 1854, que permitían sacar ocho retratos fotográficos en diferentes posturas desde un único negativo. El retratista más célebre de mediados del siglo XIX fue sin discusión Félix Nadar, que inmortalizó con su cámara a toda la intelectualidad y la bohemia del momento con una gran introspección psicológica y un nuevo realismo y simplicidad. Tanto Manet como Cézanne o Degas se valieron de fotografías de sus modelos en determinados momentos de la ejecución de sus retratos.

Diversos ejemplos del desarrollo del desnudo fotográfico se presentan junto a una selección de desnudos de los impresionistas, en especial de Degas, el más fotográfico de los pintores del grupo. Además de capital de las artes, París se convierte durante la segunda mitad del siglo XIX en la capital de la circulación de imágenes. Desde la aparición de la fotografía, las reproducciones de obras de arte afloraron masivamente por todas partes y los artistas descubrieron el poder documental que tenían para su propia obra.

En fin, comparaciones y concidencias, semejanzas y diferencias entre cuadros y fotos, estimulan y sorprenden, casi apasionan, en un recorrido destinado a convertirse en cita ineludible de los aficionados a las exposiciones artísticas. La fotografía habló de tú a tú a la pintura desde el primer momento. Sus ventajas compensaron sus deficiencias y la hicieron más adecuada a su uso masivo. Pero en la competencia entre ambas no hay vencedora, se puede deducir de esta acertada muestra.

Aproximación a la exposición (del 1 al 10)
Interés: 8
Despliegue: 9
Comisariado: 8
Catálogo: n/v
Folleto explicativo: 8

Museo Nacional Thyssen-Bornemisza
LOS IMPRESIONISTAS Y LA FOTOGRAFÍA
Del 15 de octubre de 2019 al 26 de enero de 2020
Comisaria: Paloma Alarcó
Con el apoyo de JTI y la colaboración de la Comunidad de Madrid.
Colaborador tecnológico: Samsung The Frame

Paseo del Prado, 8. 28014, Madrid.
Salas de exposiciones temporales, planta baja. Horario: De martes a viernes y domingos, de 10 a 19 horas; sábados, de 10 a 21 horas. Tarifas: Entrada única: Colección permanente y exposiciones temporales: ‐ Entrada general: 13 € ‐Entrada reducida: 9 € para mayores de 65 años, pensionistas y estudiantes previa acreditación. ‐ Entrada grupos (a partir de 7): 11 € por persona ‐–Entrada gratuita: menores de 18 años, ciudadanos en situación legal de desempleo, personas con discapacidad, familias numerosas, personal docente en activo y titulares del Carné Joven y Carné Joven Europeo. Venta anticipada de entradas en taquillas, en la web del Museo y en el 91 791 13 70 Más información: www.museothyssen.org Audio‐guía, disponible en varios idiomas

Autor

José Catalán Deus

Editor de Guía Cultural de Periodista Digital, donde publica habitualmente sus críticas de arte, ópera, danza y teatro.

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