¡Vaya manojo de rosas!

¡Vaya manojo de rosas!

 

A los buenos aficionados les sale una lista de cincuenta si les preguntan cuál es la mejor zarzuela. Cuando se tiene la suerte de presenciar una buena puesta en escena en este género que ha sufrido tanto de mediocres y pobretonas producciones, uno cree estar ante la mejor de todas. Y es lo que nos pasó anoche en el 30º aniversario del estreno de esta versión escénica de Emilio Sagi.

Estábamos ante la producción más emblemática y popular del Teatro de la Zarzuela. En su estreno, en septiembre de 1990, fue muy bien recibida y así ha seguido estas tres décadas. Varias generaciones de cantantes, artistas, técnicos y público han participado o disfrutado del que es ahora el título más conocido de Pablo Sorozábal. Su director de escena, Emilio Sagi, realizó probablemente el mejor trabajo de su carrera y en todos estos años ha llevado la producción a otros doce escenarios del país —Valencia, Málaga, Oviedo, Bilbao, Santander, Barcelona, Sevilla, Jerez de la Frontera, San Sebastián, Valladolid, Santiago de Compostela, Pamplona—, así como a Roma y París.

Este sainete lírico en dos actos en seis cuadros, estrenado en noviembre de 1934, consagró definitivamente a Pablo Sorozábal Mariezcurrena como uno de los más destacados autores de obras sinfónicas y del género lírico (zarzuela y óperas chicas) del siglo XX; en él supo reflejar el ambiente del Madrid de la época, conjugando sabiamente los ritmos tradicionales del sainete, como el pasodoble, la mazurca o el chotis, con otros como el fox trot o la farruca, en una partitura inspiradísima, con trece números musicales a cuál más ingenioso que se alternan con los diálogos teatrales probablemente más graciosos del género, una auténtica obra maestra de los libretistas Francisco Ramos de Castro y Anselmo Cuadrado Carreño.

Con tan firmes y vibrantes mimbres se han cometido no pocas tropelías cicateras pero después del montaje de Emilio Sagi ya no será posible volver atrás. Es lo que le ha pasado a la ópera, que a fuerza de buenos montajes ha ido depurándose hasta llegar a la excelencia actual. Es lo que le debe pasar al teatro musical español, a la ópera llamada zarzuela, para brillar a la altura de la opereta centroeuropea, de la opéra comique francesa o del bel canto. Cada uno con sus méritos y los de la zarzuela no son pocos.

La escenografía de Gerardo Trotti deslumbra desde que se alza el telón todavía hoy, después de treinta años. No habíamos visto nunca una escena madrileña, un trozo de sus calles, casas, comercios y habitantes tan vivo y real como este. Ayudada por el vestuario de Pepa Ojanguren y la iluminación de Eduardo Bravo en el centro de un excelente trabajo técnico, aquí llueve, llega la noche, pasa el día, vienen y van los parroquianos, hay tenderos, camareros y mecánicos, vecinos en los balcones, bicis por la calle, es un trozo auténtico de vida, parecido a lo que todavía uno ve todos los días. En este contexto, las coreografías de Goyo Montero repuestas por Nuria Castejón resultan despliegues de buen gusto y todo invita a escuchar música auténticamente popular, de un pasado que revive con sus notas, un documento simplemente genial.

La dirección musical de Guillermo García Calvo es acertada y extrae del reducido cuerpo de orquesta el acompañamiento preciso a las voces del reparto. Dice que esta es una obra llena de poesía, de melodías y armonías sencillas capaces de expresar las emociones diversas. Destaca la inspiración musical, la chispa del libreto y lo perfectamente retratados que están los personajes: ‘Se aprecia un cariño especial de los autores por sus personajes. Eso se transmite al público desde el primer compás y hace que la obra sea entrañable y cercana’. Y efectivamente así resulta.

‘El sainete debe ser como un reflejo sentimental y gracioso de la vida popular’ decían los autores allá por 1934. Sorozábal no aspiraba a más que ‘hacer una música, sencilla, espontánea, garbosa, que tuviera salero y sentimiento, con sabor popular’. Todo ello hubiera fallado sin un reparto tan apropiado como el que se nos presentó, el primero de los dos que se alternan en las doce funciones programadas. La Ascensión de Ruth Iniesta nos convenció: es una soprano lírica de hoy, no de gorgoritos para entendernos los tontos; el Joaquín de Carlos Álvarez fue una descomunal afirmación del barítono que hace treinta años lo cantó en su estreno y ahora lo repite en un momento de madurez extraordinario, con un retumbar bajo subyugante; junto a ellos Vicenç Esteve hace el otro vértice del triángulo, ese ‘Ricardo’ que ha nacido un poco desmejorado ya en la partitura pero que al final alcanza proporciones épicas en su discernir racional. Magnífica la pareja secundaria, el ‘Capó’ de David Pérez Bayona y la ‘Clarita’ de Silvia Parejo -simpáticos a la par que comedidos, sobresalientes actoralmente-, sin poder objetar el menor reparo a las demás voces en sus intervenciones, así como a los actores -con un Ángel Ruiz desternillante en su camarero ‘Espasa’- y al cuerpo de baile. U director de escena tiene además de la escena otra asignatura difícil, la de conseguir que los cantantes sean actores y actrices convincentes, y en el haber de Sagi este resultado es tan importante como el envoltorio escénico.

Todo salió bien en este reestreno tan especial y tan acertado. Las ovaciones del público celebraron todos los números importantes y en la romanza ‘Madrileña bonita’ del ‘obrero/señorito ‘Joaquín’ se presenció una de las más largas que hemos conocido en este teatro. El final fue apoteósico con los espectadores entregados. Esta ‘La del manojo de rosas’ -obsérvese que es un populachero ‘manojo’  y no un exquisito ‘ramo’- es inolvidable.

Aproximación al espectáculo (valoración del 1 al 10)
Interés: 10
Dirección musical: 8
Dirección artística: 9
Voces: 8
Orquesta: 8
Escenografía: 9
Producción: 9

Teatro de la Zarzuela
La del manojo de rosas
Días 10, 11, 12, 13, 14, 15, 17, 18, 19, 20, 21 y 22 de noviembre de 2020
Música – Pablo Sorozábal
Libreto – Francisco Ramos de Castro y Anselmo Cuadrado Carreño,
Estrenado en el Teatro Fuencarral de Madrid, el 13 de noviembre de 1934
Versión escénica de Emilio Sagi

Equipo artístico
Dirección musical Guillermo García Calvo
Dirección de escena Emilio Sagi
Escenografía Gerardo Trotti
Vestuario Pepa Ojanguren †
Iluminación Eduardo Bravo
Coreografía Goyo Montero †
Reposición coreográfica Nuria Castejón

Reparto

ASCENSIÓN Ruth Iniesta (10, 12, 14, 18, 20 y 22)
Raquel Lojendio (11, 13, 15, 17, 19 y 21)
JOAQUÍN Carlos Álvarez (10, 12, 14, 18, 20 y 22)
Gabriel Bermúdez (11, 13, 15, 17, 19 y 21)
RICARDO Vicenç Esteve
CAPÓ David Pérez Bayona (10, 12, 14, 18, 20 y 22)
Joselu López (11, 13, 15, 17, 19 y 21)
CLARITA Sylvia Parejo (10, 12, 14, 18, 20 y 22)
Nuria Pérez (11, 13, 15, 17, 19 y 21)
ESPASA Ángel Ruiz
DOÑA MARIANA Milagros Martín
DON DANIEL Enrique Baquerizo
DON PEDRO César Sánchez
UN INGLÉS Eduardo Carranza
UN CAMARERO Joseba Pinela
PARROQUIANO 1º Daniel Huerta*
PARROQUIANO 2º Alberto Ríos*
EL DEL MANTECAO Francisco José Pardo*
OBREROS Rodrigo Álvarez*
Alberto Camón*
Román Fernández-Cañadas*
Francisco José Rivero*
*Miembro del Coro Titular del Teatro de la Zarzuela

Orquesta de la Comunidad de Madrid
(Titular del Teatro de la Zarzuela)
Coro Titular del Teatro de la Zarzuela
Director Antonio Fauró

Duración aproximada
120 minutos (sin pausa)
Inicio 20:00 h (Domingos 18:00.

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Autor

José Catalán Deus

Editor de Guía Cultural de Periodista Digital, donde publica habitualmente sus críticas de arte, ópera, danza y teatro.

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