El príncipe constante y el Calderón dogmático

El príncipe constante y el Calderón dogmático

La programación de una obra de la gran lumbrera calderoniana siempre es un acontecimiento o debería serlo. No es fácil ponerle en escena cuatro siglos después. Esta producción lo consigue de forma notable y nos ofrece dos horas de lances legendarios y reflexión aguda en un texto esplendoroso, el mejor idioma español que pueda escucharse.

Nada diremos que no haya sido mil veces dicho de Pedro Calderón de la Barca y Barreda González de Henao Ruiz de Blasco y Riaño, nacido en Madrid el viernes 17 de enero de 1600. La culminación del barroco, la continuación o superación de Lope de Vega, la plenitud del siglo de oro de las letras hispanas. Y además, estamos ante una de sus mayores obras, comparable a ‘La vida es sueño’. Una obra que ha recogido grandes elogios de diversas tradiciones teatrales europeas como la alemana, la polaca o la rusa. Una obra que llevó a Goethe a decir en 1804, en una carta a Schiller, que si toda la poesía del mundo desapareciera, sería posible reconstruirla sobre la base de ‘El príncipe constante’.

Una tragicomedia en tres actos y en verso, fue escrita en 1629 por Calderón basado en un capítulo de la historia de Portugal, su conquista de Ceuta a los musulmanes dos siglos antes. Los hermanos del rey luso, Enrique y Fernando, quisieron repetir la hazaña en 1437 asaltando Tánger pero fueron derrotados y encarcelados. La obra se centra en la cautividad de Fernando desde 1437 a 1443 y en el intento por parte del rey musulmán de ofrecer su libertad a cambio de la devolución de Ceuta.

La obra parte de este ataque cristiano a Tánger, detectado por Muley Hasán, lugarteniente del rey moro. En la batalla, las tropas del infante Fernando lo hacen prisionero. Pero tras contarle sus sufrimientos amorosos a Fernando -su romance secreto con Fénix, la hija del monarca, se ha visto destruido por la decisión del padre de casarla con un aliado- el portugués se compadece del prisionero y lo libera. Mientras, los cristianos pierden la batalla al haber fallado el factor sorpresa, y es ahora Fernando el que cae prisionero. El rey moro pretende intercambiarlo por la ciudad de Ceuta pero Fernando se niega al trato porque supondría perder almas para la fe verdadera. Finalmente muere en cautiverio, presa de todo tipo de privaciones y miserias, poco antes de que el rey portugués acuda en persona a liberarlo. Será reverenciado como un mártir porque se condena conscientemente a la esclavitud, a la privación de privilegios y, finalmente, a la muerte en defensa férrea de la fe cristiana.

Se dice que es un drama sobre el libre albedrío dividido entre la ética terrenal y la salvación divina. Pero sobre todo presenta una visión pesimista de la existencia humana -frágil, sufriente, volátil, superflua- que nada vale frente a las glorias del cielo, y por la que hay que pasar de forma estoica, despreciando las glorias humanas y guiado por la fe, el honor y la conciencia. Dudas existenciales sobre la brevedad de la vida y las pompas mundanas que se remontan a las Coplas de Jorge Manrique a finales del siglo XV y llegan hasta los escritos del filósofo rumano Emil Cioran a finales del siglo XX.

Calderón era un ideólogo católico de primera magnitud y esta obra tiene por objeto convencernos de que lo importante, aunque no lo parezca, es que la fe cristiana nos lleva a la vida eterna y frente a ello nada vale aquí en la Tierra. Aunque aderezada por una peripecia bélica notable y unos amores imposibles, lo importante es que el infante Fernando se niega a ser canjeado por la suerte de una ciudad cristiana entregada a los infieles. Sus reflexiones son más y más prolijas conforme la obra avanza y en su última media hora la peripecia embarranca en el mensaje, y el dramón se hace más difícil de seguir. Pero eso no quita para que estemos ante un monumento teatral y filosófico, un clásico portentoso que desafía la superficialidad y las prisas y nos introduce en la dimensión perenne que el teatro contribuye a mantener aún viva.

En vez de optar por una escena barfroca, variopinta, exótica y pintoresca, Xavier Albertí ha optado por reducir el envoltorio al máximo, y la escenografía de Lluc Castells es lo más escueta posible, casi inexistente hasta que desciende una plataforma sobre la que erigir el solemne final. Su vestuario colabora a difuminar toda perspectiva realista y a convertir la pieza en un debate intemporal y por tanto actual de alguna manera. Nadie prácticamente cree hoy en el corpus cristiano ni puede aceptar que un poderoso sacrifique su vida por un ideal etéreo, pero ello no es óbice para sentirse tocado de manera tangencial por la densidad de la propuesta. Adornada con una iluminación efectiva y presentada con una dramaturgia simplificada pero verosimil, los momentos esenciales son subrayados por un cuarteto de cuerda sobre el escenario que se convierte en otro protagonista, interpretando unos excelentes apuntes musicales ‘shostakovichianos’ y de más acá.

Una vez más, la CNTC coloca en el reparto la fuerza de su propuesta. 18 intérpretes en escena no es cosa habitual en estos días. Y el que a su frente esté el director de la compañía lo hace todavía más atractivo. Lluís Homar incrementa su buena fama interpretativa en un Don Fernando contenido y convincente, sobrio y eficaz. Le da réplica Arturo Querejeta en su perfecto dominio de estos papeles clásicos, al que solo puede objetarse que hace de rey moro como hace de alcalde de zalamea. Beatriz Argüello destaca con seguridad desde los primeros momentos y ayuda a serenar un comienzo difícil, con cautivos y moras que cuesta colocar en su contexto. Rafa Castejón hace un discreto Don Enrique y nos ocuparíamos del resto del elenco si alguien hubiera tenido la gentileza de identificar los papeles de cada uno.

‘El príncipe constante’ es duro de pelar, necesita atención plena e indulgencia con formas y fondos alejados del mundanal ruido; no es un entremés ni un enredo cualquiera, no es amena ni divertida. Pero es un clásico indudable y excelente. Ponerlo en escena es un desafío y la CNTC lo resuelve con solvencia. Ya en la reciente ‘La comedia de las maravillas’, Homar se apoyaba en Xavier Albertí, que ahora con este calderón demuestra dominio de la dirección teatral tanto escénica como actoral. Ha respetado fondo y forma, y le ha dado a la pieza un tono y un ritmo adecuado al que colabora el siempre presente Vicente Fuentes como asesor en el decir los versos.

Estamos ante teatro ideológico, un argumento denso expuesto en diálogos deslumbrantes, un ‘marat-sade’ de la contrarreforma católica española: solo la fe en el dios verdadero importa, y si es necesario al precio de la misma vida. Sería la anécdota temporal y caduca. Más allá, la vida como espejismo y la muerte de destino: ‘Bien sé, al fin, que soy mortal / y que no hay hora segura, / y por eso dio una forma, / con una materia, en una / semejanza, la razón
al ataúd y a la cuna’ (Jornada tercera, Don Fernando, estrofa 485).

Calificación del espectáculo (del 1 al 10)
Interés, 8
Texto, 9
Versión, 8
Dirección, 8
Escenografía, 7
Interpretación, 8
Producción, 8

Teatro de la Comedia
Compañía Nacional de Teatro Clásico
El príncipe constante, de Pedro Calderón de la Barca
17 de febrero – 10 de abril de 2021

Reparto

Lluís Homar
Arturo Querejeta
Jose Juan Rodríguez
Beatriz Argüello
Rafa Castejón
Egoitz Sánchez
Jorge Varandela
Lara Grube
Jose Juan Sevilla
Álvaro de Juan
Marina Mulet
Iñigo Álvarez de Lara
José Cobertera
Jonás Alonso
Alfonso Nieves
Jorge Llamas
Isabel Juárez
Irene Celestino

Equipo artístico

Dirección, versión y música Xavier Albertí
Dramaturgista Albert Arribas
Escenografía y vestuario Lluc Castells
Iluminación Juan Gómez-Cornejo
Verso Vicente Fuentes

Ayudante de dirección Jorge Gonzalo
Ayudante de escenografía Mercè Luccheti
Ayudante de iluminación David Hortelano
Ayudante de vestuario Emi Ecay

Producción CNTC. Con la colaboración de: Teatro Soho CaixaBank de Málaga, Teatro Principal de Vitoria, Teatro Arriaga de Bilbao.

Encuentro con el público. 25 de febrero de 2021.

GIRA
-A Coruña
Teatro Rosalía de Castro
16 y 17 de abril de 2021
-Málaga
Teatro Soho CaixaBank
20 – 23 de mayo de 2021
-Bilbao
Teatro Arriaga
6 – 9 de mayo de 2021
-Vitoria
Teatro Principal
5 y 6 de junio de 2021

Compañía Nacional de Teatro Clásico
Teléfono: 91 532 79 27
Email: teatro.clasico@inaem.mcu.es
Web: http://teatroclasico.mcu.es

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Autor

José Catalán Deus

Editor de Guía Cultural de Periodista Digital, donde publica habitualmente sus críticas de arte, ópera, danza y teatro.

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