Mensajeros de la Paz y Tierra Sin Males presentan en Madrid el musical Quilombos

El grito desgarrado del pueblo negro de ayer y de hoy

Un manifiesto de Casaldáliga que denuncia las esclavitudes antiguas y modernas de los negros

El grito desgarrado del pueblo negro de ayer y de hoy
Misa de los Quilombos en Madrid

Llamadas de denuncia y concienciación en la boca de mujeres negras que claman por la libertad y un futuro digno para sus hijos

(José M. Vidal).- Tras asistir a la representación de la ‘Misa de la Tierra sin Males’, el obispo Helder Cámara (entonces ‘hereje’ y hoy en proceso de beatificación) le dijo a su autor, el prelado español y poeta Pedro Casaldáliga: «Tienes que hacer algo parecido desde la historia del pueblo negro». Y Don Pedro se puso manos a la obra y compuso la ‘Misa de los Quilombos’.

Ayer, en el teatro del colegio Valdeluz de los agustinos, tuvimos la oportunidad de presenciar la misa sin misa del musical de los Quilombos, patrocinado en Madrid por Mensajeros de la Paz y Tierra Sin Males, como clausura del homenaje a Pedro Casaldáliga por su 90 aniversario.

Un musical reivindicativo y liberador desde la no violencia activa, pero también bello y sugerente. Las letras son de Don Pedro y la música original, del famoso músico y compositor brasileño Milton Nascimento. En Madrid, asistimos a una adaptación del famoso musical, interpretado por el Equipo Quilombos y cantado por el Coro Karibú de inmigrantes negros de Madrid, la mayoría de ellos senegaleses, precisamente al día siguiente de la muerte del mantero Mbaye en el barrio de Lavapiés.

Con la dirección escénica de Mónica Domínguez, la adaptación española fue realizada por Eduardo Lallana, presidente de ‘Tierra Sin Males’ y por el teólogo Benjamín Forcano. La parte musical fue adaptada por Rafa Guillermo y Justin Tchatchoua, músico camerunés.

El salón de actos, con capacidad para 500 personas, está casi lleno. Antes de iniciar el espectáculo, Eduardo Lallana agradeció la presencia de la gente y de los patrocinadores (Mensajeros de la Paz, Tierra Sin Males, Religion Digital, Colegio Valdeluz y Parroquia de Santa María de la Esperanza) y recordó a Casaldáliga «gran poeta, luchador, profeta que se anticipó a la Iglesia del mañana y uno de los mártires vivos».

Por su parte, José María Concepción, un laico español, al que Casaldáliga llama «mi secretario mayor», presentó a grandes rasgos el musical, que «se estrenó en 1981, con la presencia de Helder Cámara y José María Pires» y, a los largo de los años, se interpretó en todo el mundo. Desde Aparecida, el principal santuario mariano de Brasil, a Santiago de Compostela.

Por último, intervino el Padre Jesús, párroco de Santa María de la Esperanza, para recordar y agradecer el servicio que sus hermanos agustinos están haciendo, desde hace muchos años, en Sao Felix do Araguaia, acompañando y conviviendo con Don Pedro. E invitó a la gente, puesta en pié , a guardar un minuto de silencio, en homenaje al mantero senegalés Mame Mbaye.

Quilombo significa ‘santuario de libertad’, que eran los que creaban los negros que huían de la esclavitud. Por eso, todo el musical es un manifiesto de paz y defensa de la libertad del pueblo negro. Denuncia la explotación a la que fueron sometidos millones de seres humanos negros durante cinco siglos, por los negociantes y colonizadores europeos que los cazaban como fieras en África y los llevaban a América Latina.

Como dice el propio Casaldáliga en la presentación de la misa:

«En el nombre de un dios supuestamente blanco y colonizador, que las naciones cristianas han adorado como si fuese el Dios y Padre de Nuestro Señor Jesucristo, millones de Negros vienen siendo sometidos, durante siglos, a la esclavitud, a la desesperación y a la muerte. En Brasil, en América, en la madre África, en el Mundo».

Una temática completamente actual, que permite abordar las nuevas formas de esclavitud que África está sufriendo por la neo-colonización: las multinacionales en complicidad con los gobiernos de Europa y el silencio de la comunidad internacional.

Esclavitud pasada y presente. Llantos de ayer y de hoy, escenificados y cantados, con elegancia y maestría. Llamadas de denuncia y concienciación en la boca de mujeres negras que claman por la libertad y un futuro digno para sus hijos. Los hijos de África que todavía hoy mueren de miseria: uno cada cinco minutos de malaria y otro cada cinco minutos de tuberculosis…y de hambre y de guerras. «¡Basta ya!», gritaba una madre negra desde el escenario, sacudiendo las conciencias de los presentes.

Porque la esclavitud, que se abolió teóricamente el 8 de mayo de 1888, sigue viva en el continente negro y la siguen llevando pegada a su piel los negros que arriesgan sus vidas para cruzar el Estrecho en frágiles pateras y toparse de bruces con las concertinas de Ceuta y Melilla. Sueños truncados en el cementerio del Mediterráneo o en las calles de Madrid.

Las piezas musicales se van sucediendo. Desde el ‘Estamos llegando’ y ‘En nombre de Dios’ al ‘Aleluya’, ‘Santo’, ‘Rito de la Paz’, ‘Comunión’, ‘Letanía’, ‘Alabanza a Moriama’ y la marcha final ‘De nostalgia y Esperanza’. Para concluir con la lectura de una «carta abierta de las madres del África negra».

Texto íntegro de la carta abierta

Todas tenemos origen humilde.
A muchas nos hubiera gustado sentarnos en los bancos de la escuela,
pero…no nos fue dado ese derecho.
En nuestros países hay lugar para los ricos y miseria para los pobres.
Se valora a los varones y se infravalora a la mujer.
Además las instituciones religiosas – piramidales y patriarcales – legitiman la autoridad de los varones sobre nosotras.
Muchas aún sufren la ablación y son entregadas muy jóvenes en matrimonio.
¿Saben los señores cuántos de nuestros niños no tienen escuela? 46 millones.
¿Saben lo que es que los niños duerman con hambre?
¿Saben lo que es ver morir a uno o varios hijos de hambre?
Cada minuto se muere un niño en África por malaria;
cada 5 minutos se muere un niño en África por tuberculosis;
a la mujer africana se la emplea como arma de guerra raptándola, violándola, asesinándola, humillándola y aniquilándola como ser humano.
Los niños nacidos de esta atrocidad, que es la esclavitud sexual en tiempos de guerra, son a su vez víctimas de violaciones cuando son niñas, y reclutados a la fuerza por bandas armadas cuando son niños.
Un círculo vicioso de sufrimiento y desolación que pone directamente en peligro el futuro, a causa de los miles de niños sin educación y traumatizados por los horrores de la guerra.
Con humildad, pero también con el coraje que tenemos, les decimos:
No nos cansaremos de luchar por nuestra África,… por nuestra libertad,
por nuestros hijos, por nuestra salud, por nuestros derechos.
Después de 500 años de esclavitud y opresión, de exclusión y de ignorancia,
de pobreza y miseria, llegó el tiempo de decir ¡¡¡basta!!!.
Llegó el tiempo de nuestra justicia, que para algunos puede no ser legal, pero no existe un jurista en el mundo que nos diga que no es legítima.
Rechazamos las armas y toda violencia.
No queremos enfrentamientos de culturas o religiones.
Pero… queremos vivir con dignidad.
Para eso venimos… y volveremos de nuevo, seis veces, doscientas veces,
porque los cuerpos pueden ser destruidos por la violación y el hambre,
pero nuestros sueños y nuestros derechos…
ni la más potente arma podrá destruirlos.
No sólo parimos hijos, parimos a los hombres del futuro.
Nuestros hijos serán educados en nuestra África libre, podrán estudiar.
Habrá médicos y hospitales, y tierra para trabajar y alimentarse.
Vivirán para entender las leyes, para mudarlas, para hacerlas de nuevo
a partir de las necesidades de nuestro pueblo.


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Autor

José Manuel Vidal

Periodista y teólogo, es conocido por su labor de información sobre la Iglesia Católica. Dirige Religión Digital.

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